La competición ha terminado y el cese de hostilidades se impone en el PP de Madrid. La presidenta autonómica y el alcalde de la capital zanjan sus diferencias en cumplimiento estricto de la disciplina que les impuso el comité ejecutivo celebrado el pasado martes. Esperanza Aguirre perdió la batalla y se retiró de la pugna por el poder en Caja Madrid mientras que Alberto Ruiz Gallardón sufrió la suspensión de militancia de su hombre de confianza, el vicealcalde Manuel Cobo. Pero ninguno protestó ni denunció al otro.
Ambos guardaron ayer un significativo silencio, aunque Gallardón se sinceró con la Prensa y confesó que sus relaciones personales con Aguirre siguen siendo «igual que hace un año». O sea, malas.
Mientras los militantes de Madrid participaban en un acto de desagravio a Aguirre en un parque de la ciudad, el primer edil cerraba filas, una vez más, con su teniente de alcalde expulsado temporalmente del partido y hacía gala de obediencia ciega a la cúpula de su partido.
«Bien está lo que bien acaba», dijo Gallardón para resumir su satisfacción por el resultado final de las disputas fratricidas que le enfrentaron a la presidenta por el poder en Caja Madrid. Dio por hecho que existe un acuerdo, auspiciado por la dirección nacional del PP, con el que se han satisfecho las aspiraciones del ayuntamiento.
En paralelo y a la misma hora, el secretario general del Partido Popular y consejero de Presidencia, Francisco Granados, se expresaba en términos similares al asegurar que «el asunto está zanjado». Granados habló ante los periodistas al término de un acto organizado por su formación para conmemorar la caída del muro de Berlín y al que acudió la presidenta autonómica. Unos tres centenares de militantes la recibieron con gritos de «¡presidenta, presidenta!», «¡valiente!», «¡aguanta!» y «¡llegarás a ser presidenta de España!»
En su intervención, Esperanza Aguirre sólo se refirió a la «ignominia» de los regímenes comunistas y «la vergüenza» que supuso el muro que partía en dos la capital alemana. Y eso a pesar de que asistió al mitin subida a unos tacones considerablemente altos. Se suponía que la altura de los zapatos de Aguirre medía su voluntad de hablar sobre asuntos incómodos del PP. Pero si el miércoles no quiso pronunciarse sobre la situación de Manuel Cobo calzada con zapatos planos ayer tampoco lo hizo con tacones altos. «¡Tú puedes hablar hasta descalza!», le dijo uno de sus seguidores.
El muro
Pero ella sólo habló del muro. Mucho más elocuente resultó el silencio forzado de Gallardón, que fue interrogado hasta en diez ocasiones sobre cuestiones relacionadas con la bronca y a todas dio idéntica respuesta: «Hemos acordado que de los asuntos internos del PP hablaríamos en los órganos del PP y no ante los medios de comunicación. Ese acuerdo que adoptamos en el comité ejecutivo yo lo voy a cumplir».
La reiterada insistencia de los periodistas no consiguió sacarle de su mutismo, un gesto que responde -según dijo- al deseo de la dirección nacional de que las discusiones en el partido «no vuelvan a salir del debate interno». «Les pido que comprendan nuestro compromiso», reclamó.
Pero Gallardón no aflojó un ápice en su defensa de Cobo, del que dijo que cuenta con su «plena confianza», por lo que mantendrá sus cargos como teniente de alcalde y portavoz municipal, a pesar de que ha sido expulsado cautelarmente del partido. «Lo que juzga el comité de derechos y garantías no es su labor como vicealcalde o portavoz, sino su conducta como militante del PP», explicó para justificar su continuidad en las responsabilidades municipales.