Hay pocas cosas que se le resistan al multimillonario Michael Bloomberg, de 67 años, pero paradójicamente si consigue hoy su reelección para un tercer mandato en Nueva York habrá logrado también teñir de sombra su paso a la historia. En dos ocasiones los votantes neoyorquinos se han opuesto en referéndum a cambiar la legislación que impedía a sus alcaldes gobernar más de dos legislaturas. Hasta Rudy Giuliani oteó ese sueño cuando se dio cuenta de la popularidad que había ganado al convertirse en héroe del 11-S. Bloomberg lo acaricia al haber encontrado una laguna legal que permitió a los concejales cambiar la norma para satisfacer sus ambiciones.
Los 100 millones de dólares -67 millones de euros- que se ha gastado en batir su propio récord de 74 millones (50) en 2001 hará poca mella en su fortuna personal, estimada en 17.500 millones de dólares -11.850 millones de euros-. En aquella ocasión el fundador de la agencia de noticias financieras Bloomberg se hizo republicano para distanciarse del abultado pelotón de candidatos que se disputaban la nominación demócrata, pero incluso con el apoyo del Giuliani más popular que ha visto la ciudad ganó por los pelos.
Con el tiempo pudo demostrar su propia valía al convertirse en adalid del ecologismo y la vida sana. Quienes le vieron viajar en metro a la oficina, inspeccionar personalmente las alcantarillas sin tapa, prohibir el tabaco en todos los lugares públicos y arremeter contra las grandes cadenas de comida rápida le apoyaron sin vacilaciones en su reelección con un margen del 20%, el mayor que haya tenido un alcalde republicano en Nueva York. Era claro que el corazón de Bloomberg no pertenecía a la formación conservadora, y menos en la era Bush, así que pronto se hizo independiente. El año pasado incluso compadreó con Barack Obama, que se ha abstenido convenientemente de pedir el voto para su rival Bill Thompson, ex auditor de la ciudad, nativo de Brooklyn y miembro del Partido Demócrata, que le sigue doce puntos por debajo.
La paradoja de Atlanta
La de Nueva York no es la única alcaldía interesante que se juega hoy en las urnas. Atlanta puede elegir a su primer regidor blanco en 36 años. Paradójicamente esto se debe en parte al buen trabajo que han hecho los ediles afroamericanos que se han sucedido en la tarea de reflotar la ciudad, antaño depauperada y abatida por el crimen. Pero con los buenos tiempos ha vuelto la clase media blanca, que ahora apuesta mayoritariamente por la ex concejala Mary Norwood, que desde su barrio residencial aventaja con creces al pelotón de color que ha dividido el voto afroamericano.
En Pittsburg, Luke Ravenstahl, que un día fue el alcalde más joven de una gran ciudad estadounidense, también está llamado a revalidar su mandato sin haber cumplido aún los 30. En Houston Annise Paker podría convertirse en la primera regidora abiertamente lesbiana del país, mientras que en la desolada Detroit, antaño bastión de la floreciente industria automovilística, lo difícil será sacar el voto a la calle de quienes han perdido hasta la ilusión.