Un mes ha tardado Ettore Messina en despejar el escaparate de artículos rancios para exponer su obra, la que viene aplicando desde sus comienzos por Italia y fructífera escala en Moscú. Ya es casualidad, también, que la mejor versión madridista del campeonato representara la obra en el escenario del BEC. Hasta entonces, el conjunto blanco se había comportado como suelen hacerlo los equipos del prestigioso técnico nacido en Catania: de menos a más, solventado con apuros encuentros de apariencia intrascedente en otoño para presentarse como candidatos a todo de primavera en adelante. Por primera vez en mucho tiempo -jugó la última 'Final Four' hace trece años-, el cuadro 'merengue' avisa que será competitivo al cien por cien. Hasta ahora vivía de la boquilla pequeña, del amago permanente.
El Madrid que apabulló al Bizkaia Bilbao Basket el sábado con un segundo cuarto formidable pulió la filosofía que pregona Messina. Él construye de atrás hacia adelante y la actividad defensiva de sus jugadores en Barakaldo recordó el giro constante de los modernos molinos eólicos: estrangulamiento de las líneas de pase, concentración máxima y solidaridad por decreto. El Real de Ettore juega adelante con los fundamentos de toda la vida, los que se enseñan a los críos, sólo que mediante una gran plantilla de profesionales: pasar y cortar, ocupar las esquinas, movimiento rápido del balón y unos cuantos hombres dotados de una inteligencia preclara para moverse con y sin la pelota. Léanse, por ejemplo, Prigioni y Garbajosa.
Conviene mencionar en estas líneas a Lavrinovic, un pívot de primer nivel europeo con capacidad para decidir por sí mismo pero, sobre todo, con el ánimo dispuesto a trabajar siempre por el grupo. Al margen de las chanzas que provocó esa pirueta circense que degeneró en mascarada de Halloween al no convertir una canasta tras robo completamente solo, el interior lituano dejó en el primer cuarto esos gestos que encantan a los compañeros. Como el trabajo de desplazar a su marcador hacia atrás con el fin de liberar un pasillo franco que aprovecha el colega de turno para dejar una bandejita al tablero.
Después de cinco jornadas, sólo el Real Madrid se conserva virgen de derrotas en la ACB. Un dato que tal vez asuste al propio Messina, partidario de recoger los intereses cuando expira la imposición a plazo fijo. Retornarán los triunfos apurados frente a equipos pequeños, el reparto de minutos dentro de una plantilla estelar y, lógicamente, algunas derrotas. Pero también regresará Felipe Reyes. Caerá mal a tanta gente como su compañero de club Guti, pero es un jugador de baloncesto de aquí a Lima y vuelta.