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El Rey Sol recibe en palacio

CULTURA

El Rey Sol recibe en palacio

Luis XIV reconquista Versalles con una evocación majestuosa de sus gustos y fastos

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Aunque parezca mentira, el palacio de Versalles no había consagrado hasta la fecha ninguna exposición a su creador, Luis XIV de Francia (1638-1715). La anomalía es reparada ahora con una evocación majestuosa de los gustos y fastos del monarca absoluto que transformó el pabellón de caza de su padre en deslumbrante corte del Rey Sol. Hasta el 27 de febrero próximo, más de 300 de piezas, entre esculturas, pinturas, grabados, tapices, muebles y documentos, sacan a relucir las dos facetas de 'Luis XIV: El hombre y el rey', título de la muestra.
Los organizadores han pretendido completar el retrato de un gran amante del arte cuyo gusto abarcaba campos tan variados como la arquitectura, la música, los jardines, la pintura, la escultura, las piedras preciosas, las marqueterías o los manuscritos ilustrados. Pero también glosan la polifacética imagen pública, labrada por el propio soberano y sus precursores consejeros de comunicación, como rey batallador al mando de sus tropas, rey cristiano defensor de la Iglesia o rey coleccionista y protector de las artes que durante sus 72 años de reinado (de 1643 a 1715) rivalizó en el afán de mecenazgo con otros monarcas europeos de su tiempo como Felipe IV de España (1605-1665) o Carlos I de Inglaterra (1600-1649).
Versalles, soñado como el palacio del Sol en las 'Metamorfosis' de Ovidio por el hombre que a los cinco años ya tenía el mundo a sus pies, abre las puertas de par en par al rey de reyes de la decapitada monarquía francesa tras un prolongado paréntesis de amnesia republicana. «Francia hace ascos a las figuras históricas. También puede ser que el personaje espante. Arrastra una reputación estereotipada de monarca absoluto, casi de dictador, al que no apetece homenajear. Nosotros nos hemos puesto la misión de aportar matices y complejidad a su imagen», explica Nicolas Milovanovic, uno de los comisarios de la exposición.
El busto de Bernini
Artistas consagrados de la época oficiaron para la mayor gloria y posteridad de Luis El Grande, incluido Bernini, escultor titular del Papa. Símbolo de la manifestación, su célebre busto en mármol, ejecutado en cinco meses durante su estancia de 1665 en París, refleja la imagen transfigurada de un heroismo idealizado por los cánones barrocos.
Junto a él preside la muestra el no menos famoso retrato pintado en 1702 por Hyacinthe Rigaud que ha inmortalizado universalmente la imagen del rey: de pie, con el manto real de flores de lis doradas y la espada de Carlomagno a un lado. Conservado en el museo del Louvre, el cuadro estaba inicialmente destinado a su nieto Felipe de Anjou, entonces designado rey de España. Pero le gustó tanto que decidió quedárselo en Versalles y exhibirlo en el salón de Apolo, su divinidad solar de referencia.
Otra pieza extraordinaria de la iconografía regia es el retrato en cera realizado hacia 1705 por Antoine Benoist, el único de los once moldes que elaboró en distintas etapas de la vida del egregio modelo que ha llegado hasta nuestros días. De un realismo sorprendente, muestra con exacto verismo la decrepitud física de un Rey Sol crepuscular de 65 años en el ocaso de la vida.
La huella de la viruela
Resultado de moldeados directos sobre la piel, es posible distinguir en las mejillas las huellas dejadas por una viruela de juventud y la barba incipiente de un descuidado afeitado. En la reciente restauración se ha confirmado el origen humano de los cabellos, que van a ser sometidos a un análisis del ADN para averiguar si son los del rey.
También es una rareza la armadura que en 1668 le regaló la república de Venecia con el propósito de obtener su ayuda en la lucha contra los turcos. El presente diplomático está adornado con episodios de la primera campaña militar dirigida por Luis XIV en persona que, desencadenada a raíz de la muerte de Felipe IV de España, le permitió conquistar los Países Bajos y poner una pica en Flandes (1667-1668).
La armadura da una idea de la corpulencia y la estatura de Luis El Grande: alrededor de 1,68 metros. Para probar su fiabilidad, previamente dispararon una bala por la espalda. Era de buena calidad pues el impacto del proyectil no perforó el metal.
Entre las curiosidades palaciegas se exhibe vestuario de ballet del siglo XVII para recordar que el soberano, además de apasionado melómano, fue hasta 1670 un bailarín de primer plano. Ya en 1653 aparecía en escena con un traje compuesto por rayos de oro, al año siguiente encarnaba a Apolo y en 1662 volvía a ser el astro rey, cetro en ristre en un globo de nubes. Estos papeles representativos de su poder resplandeciente no le impidieron trasvestirse en aldeana en una mascarada de 1665 o destacar dos años más tarde en un papel de español por su manera de tocar las castañuelas.
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Luis XIV cultivó su imagen de monarca victorioso, como en este retrato ecuestre. / E. C.
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nunca había acogido una muestra sobre Luis XIV. / E. C.
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