Navegar en el océano Índico se ha vuelto imposible. Ayer mismo, la flota vasca que faena en aquellas aguas volvió a recibir un buen susto cuando el pesquero 'Iria Flavia', perteneciente a la armadora Albacora de Bermeo, escapó de milagro de un nuevo intento de abordaje a manos de un grupo pirata. La embarcación, un buque auxiliar de tan sólo 23 metros de eslora -de porte similar al de una merlucera de bajura-, se encontraba a más de 1.200 millas de la costa de Somalia, a 2 grados latitud Sur y 67 grados y 50 minutos longitud Norte. La distancia que le separaba de lo que se ha considerado hasta ahora la 'zona peligrosa' tampoco sirvió de nada en esta ocasión.
«¡Que nos siguen! ¡Que nos están siguiendo!», fue la alerta que lanzó por radio, «atacado de los nervios», el capitán del macicero 'Iria Flavia', con pabellón de las islas Seychelles. Eran las ocho de la mañana y el bermeotarra Jesús Mari Bilbao había detectado una barca a motor que se les acercaba por la popa, a gran velocidad. Al principio, pensó que se trataba de pescadores locales, pero a medida que se aproximaban se disiparon todas sus dudas. Estaba claro: eran piratas y los tenían pegados a tan solo 3,5 millas de distancia.
«Milagrosamente, la barca en la que navegaban se detuvo y los fuimos dejando atrás. Pensamos que habrán tenido algún problema con el motor o, a lo mejor, se quedaron sin gasóleo. Ha sido un golpe de suerte», se felicitó el capitán del último pesquero vasco perseguido por los piratas. Hace poco más de un mes, otro atunero del grupo Albacora, -'Intertuna II'- también logró huir de un ataque similar.
«Nos comen vivos»
Tras conseguir eludir el ataque de los bandidos somalíes, el 'Iria Flavia' puso rumbo hacia el Este, hasta alcanzar las aguas más cercanas a las islas Chagos. «Los arrantzales se han desplazado hacia esa zona y han esperado a que se haga de noche para dirigirnos de nuevo a las Seychelles. Los piratas no tendrán radar, pero tienen muy buena vista para ver de día. Esperamos que el barco llegue esta mañana a Puerto Victoria, donde se refugiará hasta que podamos embarcar escoltas. La tripulación está muy nerviosa», explicó uno de los responsables de la empresa atunera Albacora.
En estos momentos, la firma atunera bermeana tiene amarrada en la dársena de Mahé a sus otras tres embarcaciones maciceras -'Explorer III', 'Ortube Berria' y 'Taraska'-. Estas naves logran alcanzar alrededor de diez nudos de velocidad. Nada comparado con los veinte nudos a los que puede correr un esquife pirata. «Si pueden atacar a un atunero, imagínate a nosotros, nos comen vivos. No podemos salir ahí fuera, estamos totalmente indefensos», manifestaba hace unos días el capitán del 'Txori Bat', Joseba Blanco. Esta embarcación es similar al 'Iria Flavia' y desde hace unos días también permanece amarrada en Puerto Victoria.
A bordo del buque auxiliar que escapó ayer de un más que probable abordaje trabajan diez hombres. El capitán, el oficial de puente y el maquinista son bermeanos. Los dos primeros, además, son cuñados. «Imagínate qué susto nos ha entrado en el cuerpo, con todo lo que está pasando ahora mismo por allí. Gracias a Dios no ha sido nada», se alegraron los familiares. El resto de los tripulantes proceden de diferentes países de África como Kenia, Senegal y la isla de Madagascar.
«Va para largo»
Entre tanto, los 36 marineros del 'Alakrana', de la empresa Echebastar Fleet de Bermeo, siguen atrapados frente a la costa de Somalia, a manos de los piratas. Hoy cumplirán 30 días de cautiverio. El capitán del atunero congelador, Iker Galbarritu, pudo ponerse ayer en contacto con su familia, a la que comunicó que toda la tripulación se encuentra «bien». Mientras, la consejera de Pesca del Gobierno vasco, Pilar Unzalu, insistía en que espera que el secuestro «se solvente rápidamente». Pero el presidente de la organización Interatún, Juan Vieites, advertía de que «va para largo». La resolución «no va a ser rápida» porque los bandidos «están demandando cada día una cosa nueva», apuntó.
En cambio, la conclusión de otro secuestro activo en aguas somalíes ya tiene un precio fijado. Los piratas pidieron en un vídeo difundido por la BBC «un pequeño monto» de siete millones de dólares por el rescate de la pareja británica capturada en su yate. «Si no nos hacen daño, nosotros no les haremos daño», sentenciaron los asaltantes.