La moda española traspasa fronteras, tanto físicas como espirituales. Antonio Miró se ha convertido en el primer gran diseñador del mundo en confecciona ropa específica para los muertos. La firma de servicios funerarios Mémora trasladó la idea al creador catalán. «Escuchó, estudió la oferta, le gustó y aceptó el reto», explicó el director general de la empresa, Eduard Vila.
¿El resultado? Dos diseños -un traje de pantalón para hombres y de falda, para mujeres- idénticos a los que se pueden ver por cualquier calle. La única diferencia es que tienen una proporción de algodón mucho mayor que la normal. «Esto se debe a que en caso de incineración, no se expulsen tantas dioxinas a la atmósfera», explica Vila. Su precio es de unos 150 euros y se pueden adquirir en diferentes tallas.
Pero el traje eterno no es la única creación de Miró para el último viaje. En un sector muy competitivo, Mémora ha encontrado en los ataúdes personalizados un nuevo 'nicho' de negocio. Así es como del lápiz de Miró han surgido dos modelos de féretros nada comunes.
Uno de ellos, el de color madera y atravesado por estrías, resulta de lo más sobrio debido a sus líneas tradicionales y su interior de terciopelo. El otro es azul claro y está libre de bisagras. Para algunos, las curvas le dan un aire futurista, espacial. Para otros, en cambio, evoca un sarcófago egipcio. El primero está realizado en madera de nogal americano, trabajada a mano, con acabados al agua. El segundo, en fibra. Los dos modelos son biodegradables.
Y es que las medidas ecológicas también se imponen en este negocio. Un ejemplo, los féretros están realizados con maderas de talas controladas y de zonas reforestadas. Además, el barniz clásico es sustituido por tintes al agua, no llevan herrajes metálicos y sus interiores son de algodón. En caso de incineración se recupera un tercio del material. Sin embargo, todavía hay un amplio sector de la población que prefiere algo más tradicional, con más ornamentación. Vidal señaló, como curiosidad, que entre las órdenes religiosas está teniendo «un gran éxito» un féretro similar al de Juan Pablo II.
El responsable de la primera funeraria del país explicó que de los 45.000 servicios que su empresa ha atendido en lo que va de año, unos 13.000 corresponden a incineraciones. Este elevado porcentaje explica la fabricación de urnas para las cenizas a base de gelatinas y áridos con nutrientes o sal, de forma que al ser depositadas bajo el terreno o en un medio acuático se desintegran en menos de 24 horas.