Pese a los intentos del PNV de minimizar el descontento que ha generado en parte de la militancia su decisión de respaldar la reforma de la ley del aborto e imponer además la disciplina de voto en un asunto en el que tradicionalmente se ha optado por la libertad de conciencia, ha sido la propia Iglesia la que ha terciado en el debate y ha revelado la «preocupación» de «algunos dirigentes» jeltzales por el apoyo a la despenalización total de la interrupción del embarazo hasta la semana catorce de gestación. El obispo auxiliar de Bilbao, Mario Iceta, pidió ayer al partido de Iñigo Urkullu que «recapacite» y reconsidere una postura que «contradice la trayectoria del humanismo cristiano propia de las personas que votan al PNV».
El prelado reveló además que en sus visitas a distintas localidades de la diócesis vizcaína «gente» del PNV y «algunos dirigentes» le han expresado directamente su «perplejidad» y «preocupación» por la postura oficial del partido, favorable a respaldar la modificación legal abanderada por la ministra Bibiana Aído, incluso en uno de sus aspectos más controvertidos: el que capacita a las adolescentes a partir de 16 años para poder abortar sin permiso paterno. Eso sí, los peneuvistas propondrán que sea obligatorio informar a los padres de la menor, la única concesión que se ha hecho a los sectores del partido más renuentes a la reforma, aquellos dirigentes y afiliados más veteranos y con mayores convicciones católicas, en su mayoría. Son las nuevas generaciones de la formación jeltzale, de hecho, las que han mostrado una postura más aperturista, una vez superada la larga etapa de Xabier Arzalluz al frente de la dirección, en la que nunca se hizo batalla de este asunto. Entre otras cosas por la formación religiosa del propio burukide, ex jesuita.
De hecho, según las fuentes consultadas en el partido jeltzale, han sido determinadas mujeres de la dirección quienes han impulsado con mayor énfasis la necesidad de adoptar una posición unívoca y favorable a la nueva ley, con la convicción de que responde a una demanda social «innegable». Estos mismos medios apuntan que en el documento, coordinado por el burukide Aitor Alzola, han estado especialmente implicadas las también miembros del EBB Belén Greaves y Amaia Espinosa, previa consulta a distintos expertos sobre los aspectos éticos, jurídicos, médicos y religiosos que podrían chocar con la nueva legislación. Es más, según los mismos medios, el Euzkadi buru batzar podría haber debatido su postura con el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte. Sea como sea, el resultado final no ha gustado a Iceta, que ha leído el texto del PNV porque, según dijo, «algunos de sus miembros me lo han cedido».
Entrevistado en 'Radio Euskadi', el obispo auxiliar bilbaíno lamentó que el PNV parta de considerar el aborto «como una realidad socialmente aceptada». «Creo que hay que negarse a esto. Es como en tiempos de la esclavitud, que era algo aceptado y hubo que rebelarse. O el nazismo, que llegó al poder por mayoría, democráticamente, y hoy todos coincidimos en que hablar de razas inferiores es una aberración», explicó Iceta.
El prelado lamentó que el PNV dé por bueno que el aborto es «un derecho» y a partir de ahí se centre en «modular cómo mejorarlo» porque, según dijo, sostener esas tesis «contrasta llamativamente» con la raíz cristiana del partido. Aunque sus siglas hacen referencia al lema sabiniano 'Jaungoikoa eta lege zaharrak' ('Dios y leyes viejas'), lo cierto es que el PNV se define hoy día como «aconfesional y humanista». Iceta recalcó, en todo caso, que la formación será «corresponsable» de una reforma que, recordó, no figuraba en su programa electoral.
Ésa es, precisamente, una de las principales quejas de quienes discrepan de la ley en el seno jeltzale, que achacan el apoyo en bloque al cambio generacional y al cada vez mayor peso de la militancia femenina. Eso sí, algunos no se explican «qué pinta Iñigo Urkullu, un hombre religioso y de comunión, tragando con eso». En todo caso, tanto en el entorno del líder del EBB como en los círculos más críticos se descarta tajantemente que el apoyo obedezca a algún tipo de contrapartida política pactada con José Luis Rodríguez Zapatero. Más bien lo atribuyen al triunfo y a la anticipación de quienes en el PNV juzgaban necesaria una reubicación ideológica sobre el aborto, apoyada en un discurso más laico y moderno, acorde con los tiempos, que no ahuyente el voto más joven o progresista ni ahonde en la imagen del PNV como un partido anquilosado. De hecho, el texto data de principios de verano, cuando los jeltzales no habían iniciado aún su acercamiento al presidente del Gobierno, culminado por su entente presupuestaria.
Un 'trágala'
En todo caso, el voto afirmativo será un 'trágala' para algunos miembros de los grupos del PNV en el Congreso y en el Senado, que en las sucesivas votaciones sobre el aborto en los últimos años ya han dejado clara su postura en conciencia y que, de saltarse ahora la disciplina, se verían obligados a devolver el acta. Es el caso del senador Iñaki Anasagasti, que ya el lunes consideró una «barbaridad» que las menores puedan abortar sin consentimiento paterno, y del portavoz en el Congreso y puntal del PNV en Madrid, Josu Erkoreka, que en octubre de 2001 votó en conciencia 'no' a la despenalización de un cuarto supuesto cuando la continuación del embarazo supusiera un conflicto grave para la madre. Históricamente, la ahora vocal del CGPJ y ponente del informe jurídico que respalda la ley, Margarita Uria, siempre ha votado a favor.