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Aparece el ángel de la 64

Montse Ventura encuentra a la mujer que le diagnosticó un tumor incipiente en un autobús urbano de Barcelona

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El ángel del autobús resultó ser una mujer de carne y hueso. Una médico endocrinóloga «de a pie» -como ella misma se define- que trabaja para varios centros de atención primaria en Barcelona. Vivaz, generosa, observadora, dedicada de lleno a su trabajo, sin un ápice de ansia de popularidad. María Gloria Prat, de 60 años, es la doctora que salvó la vida de Montse Ventura al diagnosticarle, sin conocerla de nada, un incipiente tumor de hipófisis por anomalías que vio en su rostro y en sus manos mientras viajaba en un autobús de la línea 64 de la ciudad.
Gloria escuchó el llamamiento que Montse hizo a través de los medios de comunicación. Quería conocer a su particular ángel de la guarda y darle las gracias por ese milagroso diagnóstico. La doctora, al verse reconocida en el relato que explicaba Montse, se puso en contacto con ella. Conversaron por teléfono. Han quedado para tomar juntas un café, cuando todo el revuelo mediático haya pasado.
Pero Gloria insiste en quitar importancia a su gesta. «Soy médico endocrinóloga y todos los endocrinólogos solemos detectar este tipo de anomalía cuando tenemos signos evidentes frente a nosotros». Reconoce que dudó antes de abordar a Montse en el autobús -«¿Y si dice que soy una impertinente?», caviló-, pero al final se lanzó. «Soy una persona espontánea, quizá explosiva, y no me importa equivocarme, prefiero pasarme que quedarme con la preocupación dentro por no meter la pata».
¿Qué vio Gloria en Montse para detectar que podía estar enferma? «La mano me dio muchas pistas. La tenía apoyada en la barra del autobús, la recuerdo bien. Son manos más planas, dedos más cuadrados». Se trataba, según la doctora, de síntomas propios de la acromegalia, una enfermedad rara provocada por la presencia de un tumor en la hipófisis, glándula de secreción interna que regula el funcionamiento de otras glándulas endocrinas.
Ese buen ojo clínico de la doctora salvó a Montse de la terrible enfermedad, pues posibilitó que pudiera operarse a tiempo del tumor. «Hay un antes y un después en mi vida tras ese encuentro fortuito en el autobús, siempre estaré profundamente agradecida a Gloria», decía ayer emocionada.
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