Antes de comenzar este comentario quiero advertir que la lotería llamada Primitiva (no sé de donde le viene ese nombre) la conozco sólo por referencias, ya que jamás he rellenado un boleto en mi vida. Soy refractario a los juegos de azar. Sólo juego algo en Navidad por imperativos familiares o amistosos. No juego a la Primitiva porque consideraría un milagro que me tocase y los milagros no existen. Además, soy un auténtico cenizo. Nunca me ha tocado nada en ningún juego o sorteo. Lo advierto para conocimiento de quienes sientan la tentación de regalarme algún décimo de lotería.
Como disculpa ante los juegos de azar, les contaré que cierto día me enteré de que las probabilidades de conseguir el premio en la lotería primitiva son de una entre catorce millones. ¿Se imaginan un bombo con catorce millones de bolas y que vaya a salir precisamente la suya? Yo me lo imaginé y las pocas ganas de jugar se me quitaron de golpe y porrazo. Más de porrazo que de golpe.
Ese dato de las probabilidades en la Primitiva (una entre 14 millones) se lo oí por la radio a un catedrático en una entrevista en la que contó también una anécdota muy curiosa. Tampoco él había jugado jamás a la Primitiva, pero su esposa era muy aficionada y cierto día entró con ella a una administración para que rellenase el boleto de turno.
La esposa, entonces, animó a su marido a que jugase un boleto con ella, aunque fuera sólo por una vez. El hombre la complació, rellenó el billete y, al salir a la calle, la mujer le preguntó por curiosidad qué número había elegido. No quieran ustedes ver (así lo contaba el catedrático) el grito que dio la señora al enterarse de que su marido había elegido el uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Ella le dijo muy enfadada que había hecho una auténtica tontería porque ese número no podía salir nunca, cuando lo cierto es que tiene las mismas posibilidades (una entre 14 millones) que cualquier otro.
Así son de ingenuos los que sueñan con hacerse millonarios de euros rellenando boletos de la Primitiva. Pero espérense porque aún les ganan los que juegan al euro-millón, donde las posibilidades de premio son una entre 76 millones y pico. Pero, como ellos dicen, de ilusión también se vive y el que no se consuela es porque no quiere.