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manresa 62-57 bizkaia bb

Decepcionante

La mejoría defensiva choca con otros lastres que mantienen al Bizkaia en un lugar no esperado

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Camino del Nou Congost, el caudal de público se bifurcaba. Los más 'puestos' acudían a la factoría en la que el Suzuki Manresa fragua sus sueños. Quienes calzaban botas y anudaban a su cintura los forros polares, iban llegando de las laderas de Montserrat con una buena recolecta de hongos. No sabían, al filo de las doce y media, que las dos corrientes podrían unirse para celebrar un nuevo triunfo de los de Ponsarnau. Unos aportarían sus impresiones sobre el vibrante final y otros se acercarían al fogón para, desde allí, seguir el hilo conductor de la gesta.
Como tal reconocieron los catalanes su éxito ante un Bizkaia BB que confunde. Bipolar es un término de moda que define lo que le ocurre al equipo entrenado por un desconcertado Txus Vidorreta. Pase que un equipo de inferior nivel, el Donetsk ucraniano, te pueda poner unas cuantas trampas en el camino por disponer de más y mejor información sobre la letra pequeña que encierra el juego de los hombres de negro. Más trastabillado es el muletazo que dibujó ayer el personal de Jaume Ponsarnau. Ganaron el partido sus abnegados discípulos, sabiendo sus rivales lo que iba a ocurrir. La acción en la que Ivanov recibe en solitario para clavar el triple letal había sido revisada y requeteavisada. Y nada. El búlgaro, especialista en tocarle los bemoles a la franquicia vizcaína, se marca un baile de siete pasos traducidos en otros tantos puntos con los que cerró la sesión vermú en el Congost.
Hasta llegar a ese final incierto, el Bizkaia incidió en lo de siempre, una notable tendencia a la irregularidad que acaba por conducirle a un estado de indefensión. Cada jornada hay un halo de esperanza y un mazazo de realidad. En su ex casa, Javi Rodríguez se arrancó con un triple y un dos más uno. Positivo. Después, segunda falta de Moiso a los cuatro minutos y parcial en contra de 9-0, provocado por las pérdidas visitantes que los barceloneses cambiaron en caja por puntos. Negativo.
Los apuntes telegráficos no variaron la citada bipolaridad. Gladyr, el maligno ucraniano, cogió la distancia y engarzó dos triples seguidos. Malo. El Bizkaia comenzó a leer con más interés el guión que obraba en sus manos, cerró el rebote, sacó personales, buscó la mecánica de tiro de Blums, presionó en toda la cancha y se dejó sentir en la calificación del parcial. Notable alto que incluía irse al escanso con un punto de ventaja.
¿Qué pasó en las entrañas del pabellón manresano? Seguro que hubo mucha charla táctica, grandes dosis de motivación e implicación coral parecida a la que destilaban los rostros de los jugadores camino del intermedio. Porque cuando le salen las cosas un par de veces seguidas, los de Vidoreta se transforman. Pero, y ahí está el problema, también lo hacen cuando se empina la cuesta.
Los antídotos que el técnico de Indautxu prepara en su botica no hacen mella en la sesera de sus hombres. 26 grados de temperatura en la parte manresana de la cancha y tiriteras en la vizcaína. Otra tacada de 8-0 en contra, cuatro minutos sin anotar y el Suzuki Manresa nadando en el mar de la comodidad. Decidió cerrar la pintura, esperar allí a los de Vidorreta y no le salió nada mal la argucia. Ante tal conservadurismo defensivo, la norma acaba invariablemente en buscar la línea de tres. Pero alguien ha debido activar un inhibidor de frecuencia que deja sin contenido las coordenadas instaladas en cada lanzamiento. De ser un equipo triplista, el Bizkaia BB se topa ahora con la frustración desde la línea que tanto bien le había dado hasta hace poco.
Arrugas, lejanía del rival, ni un solo tiro libre forzado tras el descanso. Quedaba la baza individual. Markota intentó demarrar. Rebote en ataque con mate más triple más tapón. 50-52 y tres rebotes en ataque posteriores que confluyen en la misma jugada. Errática. El colofón no hizo sino premiar a los animosos manresanos. Merecieron ganar por el simple hecho de creer en sí mismos más cuando debían hacerlo. Tuvieron la fortuna de un triple de Montañez, que envió al cielo un balón que en dos segundos acabó cayendo vertical por el centro del aro. Quizo y no pudo Markota, en ataque y defensa, Ivanov como héroe, Moiso perdiendo una captura que era suya y sólo suya. Decepción.
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Markota estuvo a punto de ser el protagonista del partido.
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La plantilla manresana celebra el triunfo mientras Mumbrú y Banic, en primer término, seguidos por Warren y Seibutis, le ponen cara a la sensación de decepción con que abandonaron el Nou Congost. / FOTOS: VIÇENS GIMÉNEZ
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