El parque Etxebarria, uno de los espacios de ocio más concurridos de Bilbao, se someterá a corto plazo a un proceso de descontaminación. El Gobierno vasco y el Ayuntamiento trabajan desde hace varios meses, codo con codo, para poner en marcha un estudio que evalúe la tipología y el volumen de residuos que puede haber bajo el subsuelo. Ambas instituciones se pusieron manos a la obra después de que la reciente construcción de una rotonda en los aledaños a la zona verde sacara a la luz la existencia de metales pesados y escorias enterradas.
La iniciativa podría alcanzar una dimensión muy importante, dada la magnitud del parque, que cuenta con diez hectáreas de terreno, una superficie equivalente a diez campos de fútbol. No obstante, fuentes municipales y del Ejecutivo autonómico piden «prudencia» y coinciden en señalar que habrá que esperar a los resultados de las catas que se van a perforar para conocer con precisión la dimensión real de la operación.
Las mismas fuentes matizan que la descontaminación «no es urgente» y que se podría acometer «por fases». Tanto el Consistorio como el Ejecutivo autonómico lanzan un mensaje de tranquilidad, ya que «no existe, en la actualidad, ningún riesgo para los usuarios del área de esparcimiento». Lo que los técnicos esperan encontrar son residuos relacionados con el pasado industrial de la parcela, principalmente inertes. «No ha habido rellenos con sustancias peligrosas, como lindane, por ejemplo», precisan desde el Departamento de Medio Ambiente.
El parque Etxebarria se construyó en 1988 en el solar que, durante décadas, había ocupado la factoría de fundición del mismo nombre. Por aquel entonces, la legislación vigente no obligaba a realizar una limpieza exhaustiva de los suelos, como ahora sucede. Se dinamitaron los edificios e instalaciones de la fábrica y se retiraron los escombros de mayor tamaño. Posteriormente se echaron miles de metros cúbicos de tierra por encima. En consecuencia, es posible que multitud de impurezas quedaran sepultadas. De hecho, el parque pasó a engrosar el catálogo de suelos potencialmente contaminados de Euskadi. Metales, escoria, materiales refractarios y, quizás, algún depósito de combustible. «Esto es lo que nos esperamos encontrar, pero tampoco sabemos con seguridad lo que hay ahí abajo», reconocen desde el Gobierno vasco.
Lo que sí tienen claro desde el Consistorio es que «la contaminación no habrá sido, en ningún caso, uniforme». Es decir, habrá zonas más afectadas que otras. Esta hipótesis de trabajo ha llevado a los técnicos de la Administración local a buscar en los archivos municipales un plano de la vieja empresa de aceros. Con esta guía en la mano, conocerán la ubicación exacta de las diferentes instalaciones que había en el recinto y, en consecuencia, qué tipo de materiales se pueden hallar en cada zona.
Elevado presupuesto
El momento para efectuar el estudio y la posterior contaminación no es el más adecuado. La crisis económica ha mermado los fondos públicos y un proceso de estas características requiere de un presupuesto importante. En Bolueta, por ejemplo, donde había una fundición de similares características, la primera fase de la descontaminación de la parcela ha supuesto un desembolso de 8,5 millones de euros. Claro que allí se necesita una calidad de suelo muy alta, ya que está previsto construir vivienda.
En Etxebarria, los usos no son tan intensivos y, además, en las zonas más sensibles, los espacios están pavimentados. Por ello, «no hay un contacto directo». Tanto el Ayuntamiento como el Gobierno vasco insisten en que «no hay riesgo alguno; es un tema que suele generar alarma social, pero si de verdad existiera algún peligro, ya habríamos actuado».
Las administraciones quieren además que, durante el estudio y los posteriores trabajos, las molestias a la población sean «las mínimas». Este factor, unido a la escasez de dinero y a la contaminación no uniforme, sino por zonas, ha motivado que el plan de actuación se vaya a ejecutar de manera selectiva y por fases. «Es lo más lógico», insisten. «Hay que priorizar áreas, porque no es lo mismo descontaminar un talud, que apenas es utilizado, que un área de paseo habitual», añadieron.
Con todo, la actuación se antoja compleja. «Hay que mirar a años vista. No pensamos levantar todo el parque Etxebarria de una vez». Además del suelo, los expertos analizarán la calidad de las escorrentías y los cursos de agua que discurren bajo tierra.
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