Quienes toman el metro a primera hora de la mañana aseguran que el trayecto resulta agobiante en el entorno de San Ignacio. Ellos confían en que la llegada del quinto vagón les traiga un poco de alivio, pero tendrán que esperar. Los primeros trenes largos no se programarán en horas punta hasta pasado un último periodo de pruebas. La razón es la misma por la que no resulta muy recomendable andar de atasco en atasco con un coche nuevo, sino acelerarle hasta completar el rodaje. Los trenes necesitan algo similar.
Aunque ya estén prestando servicio, siguen haciendo las últimas comprobaciones «porque no es lo mismo una prueba nocturna que circular durante catorce horas seguidas», explican desde el Consorcio de Transportes. Y durante ese tiempo «convienen las horas valle para que el convoy tome la mayor velocidad posible».
Entre la introducción paulatina de vagones y su periodo de 'cuarentena', las horas punta tardarán en aliviarse, pero el objetivo que persigue el Consorcio es precisamente «descongestionar determinados servicios». Y, de hecho, pretende que los 22 trenes largos sean los que atiendan en el futuro los tramos más concurridos -sobre todo, San Ignacio, Sarriko y Deusto- en las franjas horarias más comprometidas. Eso requerirá una compleja distribución, explican, «basada en un sistema matemático».
Las revisiones
Claro que ese 'programador' no sólo deberá tener en cuenta el horario y el tramo de la red. También deberá contar con el mantenimiento de los trenes, que obliga periódicamente a retirar unidades para llevarlas a los talleres e incorporar al trazado las que tienen sus chequeos al día. Cada jornada, entre uno y cuatro convoyes se someten a pruebas, y siempre hay una unidad en el taller en la denominada 'revisión general'. «Ocurre como con los aviones, que cada determinados kilómetros son desmontados pieza por pieza. Nosotros hacemos lo mismo», apuntan responsables de los talleres.
Actualmente, con el horario de invierno, de los 37 trenes que conforman la flota del metro, 32 están en servicio y cinco se están sometiendo a distintas revisiones. Existe un protocolo establecido para entrar en taller. Cada 10.000 kilómetros, pasan algún tipo de prueba, ya sea básica o más a fondo. «10.000 kilómetros es un mes y la revisión es más sencilla; 30.000 son tres meses y se realiza otro tipo de comprobaciones; al año, con 120.000 kilómetros, hay otro nivel de revisión y con 720.000 kilómetros se para la unidad y se mira pieza por pieza. Y a eso hay que añadir las averías, los imprevistos».