La ausencia de libertad, la pobreza, la enfermedad y la injusticia son afrentas directas a la condición humana, y a esta nómina se suma también la falta de trabajo. España atraviesa el peor escenario económico de las últimas décadas y el Príncipe de Asturias no quiso obviar la pesadilla de los 4,1 millones de desempleados registrados por el INEM. «El paro hiere nuestra dignidad como seres humanos», dijo ayer don Felipe en Oviedo durante su intervención en la entrega de los premios que llevan su título. Con galardonados como Ismail Kadaré (Letras), la Universidad Nacional Autónoma de México (Comunicación y Humanidades), la OMS (Cooperación Internacional) y la ciudad de Berlín (Concordia), entre otros, la ceremonia final de la vigésimonovena edición se convirtió, además, en un clamor contra los muros y barreras que separan a los seres humanos.
Es su discurso más importante del año y el heredero de la Corona desliza siempre en Oviedo alguna referencia a la actualidad nacional. Ahora el paro es el gran 'agujero negro' y resulta difícil hacer la vista gorda, más aún el día en que se conoció la Encuesta de Población Activa (EPA). El paro, dijo, «es la consecuencia más dolorosa de la crisis económica que vivimos, hiere nuestra dignidad como seres humanos y constituye nuestra principal preocupación», subrayó ante el auditorio del Teatro Campoamor. Esta situación exige, a decir del Príncipe, que «los Estados faciliten» a quienes se encuentran en tal situación «la necesaria protección social» y activen las políticas de empleo precisas para que jóvenes y desempleados se inserten en el mercado laboral. Después de un largo ciclo de bonanza, las 'vacas flacas' obligan a todos a trabajar «codo con codo», sin esperar «que sean otros los que resuelvan lo que a nosotros nos corresponde afrontar». Y a hacerlo con «generosidad», «sentido de la responsabilidad» y poniendo por delante «el interés general», remató don Felipe, en lo que sonó a 'recado' especial para la oposición política.
Quizá el recurso sea fácil, pero este año en los premios Príncipe de Asturias tocaba hablar de muros. El paro lo es, de alguna manera, y también lo son el de Berlín, derruido un 9 de noviembre hace 20 años, el muro simbólico que aísla a millones de personas privadas de acceso a un derecho básico como la sanidad, o las barreras dinamitadas por el teléfono móvil y el 'e-mail' (premio de Investigación Científica y Técnica).
El alcalde actual de Berlín, Klaus Wowereit recogió junto a sus dos predecesores en estas dos décadas el galardón de la Concordia concedido a la ciudad. Un premio a las ansias de libertad de los berlineses -dijo Wowereit-, y a la ayuda prestada por «muchos amigos en el extranjero, entre ellos, y no en último lugar, de España con su presidente Felipe González». Reunificada ya, la capital alemana mira al futuro con optimismo, bastantes problemas, y sin olvidar el pasado. «Berlín siempre es consciente de su responsabilidad histórica», apostilló.
Contra el egoísmo
Como la libertad, la salud «es la esencia misma de nuestra humanidad común», subrayó Margaret Chan. Ante los invitados a la ceremonia, presidida por los Príncipes y con la Reina en el palco de honor, la directora general de la Organización Mundial de la Salud habló de patógenos, de la pandemia de gripe A, del sida, la malaria y de las inquietantes diferencias en el campo de la salud entre países. La cooperación internacional en este terreno es un imperativo ético y una necesidad. «Un mundo con tan grandes desequilibrios en el terreno sanitario no es un mundo seguro», insistió Chan. Los virus, véase el H1N1, no saben de fronteras.
En nombre de los premiados, José Narro, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (Comunicación y Humanidades), defendió el valor de la educación como «vía de superación humana, individual y colectiva». Los pueblos que prosperan son los que la han consagrado como derecho fundamental de sus ciudadanos. Es el antídoto frente al «éxito quimérico, el egoísmo, la corrupción o la indiferencia», ahora que el sistema financiero internacional ha mostrado todas sus miserias.
Para el gran Kadaré (Letras), novelista, poeta, ensayista, sólo el «milagro de la literatura» con su radical independencia es capaz, de nuevo, de traspasar muros y salvar dictaduras «glaciales» como la de la antigua Albania en la que nació y creó. El autor de 'El palacio de los sueños', fijo en las quinielas del Nobel, agradeció que este honor le llegue del país de Don Quijote, personaje bien conocido en su país. Quizá porque, loco don Quijote e insano el estado albanés, lo lógico era «que los dos locos se entendieran».
Los galardonados recibieron la escultura creada por Joan Miró, un diploma y una dotación de 50.000 euros por categoría. Fuera del teatro Campoamor, menos público que otros años. Quizá porque los premiados van sobrados de méritos pero escasos de tirón mediático, quizá por el tiempo inestable.