Pocas veces el silencio ha logrado transmitir tanto y con tanta fuerza como ayer al mediodía en Bermeo. Los ecos de la presencia callada de los cientos de personas que abarrotaron la plaza del Ayuntamiento para reclamar la liberación de los 36 tripulantes del 'Alakrana' retumbaron en todo el País Vasco e incluso en el océano Índico. «Hemos seguido el acto a través de la radio del barco y de la armadora, que nos ha mantenido informados en todo momento sobre cómo se ha desarrollado», manifestó por teléfono a EL CORREO un patrón desde las islas Seychelles. Fueron quince intensos minutos de sensaciones encontradas que hicieron saltar las lágrimas a muchos de los participantes en la protesta. En la localidad casi todo el mundo tiene algún familiar o amigo que trabaja en un atunero.
Desde primera hora de la mañana, en el balcón de la Casa Consistorial colgaba una pancarta con el lema de la manifestación: 'Gure arrantzaleak askatu' (Liberad a nuestros arrantzales). Un panel pegado a la fachada, a modo de calendario, recordaba a los presentes los 22 días de cautiverio de la tripulación del barco, perteneciente a la empresa Echebastar Fleet. «Hasta el día de su liberación, esos números nos indicarán el sufrimiento que padecen nuestros arrantzales», señaló el alcalde, Xabier Legarreta, del PNV.
El primer edil encabezó el grupo en el que se encontraban los familiares, representantes del sector atunero congelador y políticos, que se sitúo frente a los soportales del Ayuntamiento. Aferrada a su mano, Argi Galbarriatu -la hermana de Iker, el capitán del 'Alakrana'- permaneció en todo momento cabizbaja, con claras muestras de cansancio. «Ha sido emocionante», fueron las únicas palabras que logró hilvanar una vez que los aplausos del público rompieron el silencio. En un extremo de la primera fila, el dolor de la madre y el hermano pequeño de otro de los marineros secuestrados les obligó a retirarse, justo segundos antes de que se diera por finalizado el acto. «Son muchos días de incertidumbre y nadie sabe lo que están aguantando las madres en silencio», apuntó un amigo íntimo con los ojos todavía vidriosos.
Algunos allegados ni siquiera tuvieron fuerzas suficientes para asistir a la cita convocada por los ayuntamientos de Bermeo, Mundaka, Ondarroa, Sestao y Santurtzi, de donde son naturales los siete pescadores vascos del 'Alakrana', y optaron por seguir el acto a través de los medios de comunicación. «Al oír el sonido de la sirena del puerto de Bermeo, a través de una emisora de radio, no he aguantado más y he roto a llorar. Agradezco de corazón esta expresión de cariño que nos ha regalado toda esa gente», manifestó la mujer de uno de ellos con la voz rota.
La concentración contó con la presencia de todos los partidos políticos. Entre los representantes institucionales se encontraban el diputado general, José Luis Bilbao; alcaldes y responsables de Udalarrantz -asociación de municipios pesqueros vascos-, presidentes de cofradías de pescadores de bajura, los secretarios de organización del PSE en Euskadi y en Vizcaya, Alfonso Gil y Iñaki Egaña; la eurodiputada del PNV, Izaskun Bilbao; el portavoz jeltzale en el Congreso, Josu Erkoreka, así como el presidente del BBB, Andoni Ortuzar, y el coordinador territorial de EA y portavoz en Juntas Generales, Joseba Gezuraga, entre otros. No faltaron tampoco miembros del PP, Aralar, EB y Hamaikabat.
Cierre de comercios
Erkoreka subrayó la importancia de la unión mostrada en la concentración y denunció la «nefasta gestión» que desarrolla el Gobierno central en las negociaciones con los piratas y en el proceso judicial seguido en la Audiencia Nacional con los dos somalíes detenidos.
El Ejecutivo vasco, tal y como había anunciado el día anterior, no acudió a la concentración; una decisión que, según el alcalde de Bermeo, «demuestra que no está a la altura de las circunstancias». Más conciliador se mostró el primer edil sestaotarra, José Luis Marcos Merino (PSE), quien recordó que el lehendakari, Patxi López, se había reunido un día antes con los familiares. «El objetivo común es conseguir que la negociación concluya de manera rápida y satisfactoria», subrayó. Ésa es precisamente una de las solicitudes del manifiesto consensuado que se leyó al término de la concentración, «primando la seguridad de la tripulación».
Comercios, bares y hasta entidades bancarias de la villa marinera cerraron sus puertas para mostrar su solidaridad. Los alumnos del instituto en el que cursa sus estudios el hijo de uno de los arrantzales apresados tampoco faltaron a la cita para arropar a su compañero en este duro trance. «Nos consta que lo está pasando mal y en un momento así teníamos que estar con él», manifestaron. El mismo gesto de apoyo mostró también el alumnado y el profesorado de la Escuela Náutica de la localidad. Todo el mundo quiso estar presente en la concentración, que vivió uno de sus momentos más emotivo cuando por los altavoces de la plaza se escuchó la canción 'Itsasoari begira' (Mirando al mar), del cantautor vasco Benito Lertxundi. La melodía hizo que afloraran las lágrimas hasta entre los marineros más veteranos.
En los diferentes corrillos no faltaron las voces de rabia, como la de uno joven maquinista recién llegado del Índico. «Que dejen de enviar a soldados a Afganistán. ¿Qué más tiene qué pasar para que los políticos se den cuanta que necesitamos protección?», se preguntaba junto a su madre. En otro grupo cercano, una mujer explicaba a varias amigas que su marido «se ha visto obligado a remplazar al patrón de su barco antes de tiempo, porque éste ha tenido que volver a casa atacado de los nervios después de un mes en la mar».
Entre las personas que respaldaron a los arrantzales del 'Alakrana' -unas 1.500 en total- también se encontraba José María Arana, padre del marinero más joven del 'Playa de Bakio', que permaneció seis días secuestrado hace año y medio. Arana, que cuenta con dos hijos en aquellas aguas, mostró su preocupación por la larga duración del secuestro, así como su enfado por la «inoperancia» de las autoridades.
A la misma hora que en Bermeo, se celebraron también concentraciones en varios municipios de Galicia, comunidad a la que pertenecen ocho de los marineros del 'Alakrana'. En la localidad pontevedresa de Baiona se reunieron más de 300 personas. La hija del patrón del atunero bermeano, Cristina Blach, confirmó que después de siete días sin comunicación con el barco ayer volvió a hablar con su padre. La conversación fue breve, aunque Ricardo tuvo el tiempo suficiente para informarle que «toda la tripulación está bien» y que los piratas les dan un buen trato. «Se encuentran animados dentro del suplicio», resumió Silvia Albés, esposa del marinero Pablo Costas.