Los primeros Presupuestos del lehendakari Patxi López ya son un hecho. Tras el acuerdo alcanzado ayer entre las comisiones negociadoras del PSE y PP reunidas en el Parlamento vasco, las Cuentas se aprobarán sin sobresaltos ni estrecheces previsiblemente antes de Navidad. Más allá de la dimensión económica del pacto del Ejecutivo vasco con sus socios preferentes -que garantiza un escenario estable en tiempos de crisis si bien prevé un endeudamiento cercano a los 2.000 millones de euros, el máximo permitido-, la fotografía tomada ayer en la Cámara vasca reviste también una importante carga simbólica.
Con ella, los socialistas consideran desterradas las sombras que se cernían al inicio de la legislatura -y que continúan alentando sus rivales políticos- sobre la fortaleza del Gabinete y los populares ven reafirmada su condición de socios preferentes y su papel decisorio, que había quedado diluido ante el arrollador protagonismo cobrado por el PNV en la escena presupuestaria. De hecho, la imagen de ayer no será la única. El próximo lunes López se reunirá con el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, en la sede de Lehendakaritza para sellar definitivamente y al más alto nivel el acuerdo y disipar así cualquier duda sobre la buena salud del pacto que sustenta al lehendakari.
Para los populares, el hecho de que el proyecto de Cuentas vascas que el próximo martes aprobará el consejo de Gobierno haya llegado a buen puerto con celeridad y sin polémicas resulta crucial para certificar la óptima marcha del acuerdo de estabilidad suscrito con el PSE tras las elecciones del 1 de marzo. Máxime en un contexto bastante más desfavorable para la formación de Basagoiti que el idílico primer tramo de legislatura que vivió, con grandes dosis de protagonismo político y José Luis Rodríguez Zapatero acorralado y solo en Madrid soportando la feroz oposición de un PNV recién despojado del poder.
Pero, al cambiar el paso los jeltzales a principios de verano con su oferta de estabilidad para el conjunto de las instituciones vascas, las tornas cambiaron. La necesidad de Zapatero de un salvavidas más fiable que los independentistas catalanes de ERC y otros socios de izquierdas y la imposibilidad de las tres diputaciones, controladas por el PNV, de sacar adelante sus Cuentas sin el concurso del PSE hicieron el resto. De hecho, también el compromiso entre los socialistas vascos y la formación jeltzale está ya completamente cerrado, eso sí, de palabra.
Según ha podido saber este periódico en fuentes conocedoras de la negociación, parlamentarios de ambos partidos ratificaron definitivamente el compromiso de facilitar también la aprobación de las Cuentas públicas de los ejecutivos forales y ayuntamientos hace ocho días, justo antes de que Gobierno y diputaciones escenificaran el jueves en el Consejo Vasco de Finanzas y en el órgano de coordinación tributaria un alto grado de consenso en torno a las políticas fiscales a aplicar y a la necesidad, por ejemplo, de la máxima contención salarial para los funcionarios. El acuerdo en Madrid para sacar adelante el plan económico de Zapatero llegó poco después, en esa misma jornada.
Gesto firme
El dificultoso encaje del PP vasco en esa cascada de pactos entre socialistas y peneuvistas se ha solventado ahora con un gesto firme del Gabinete vasco al reconocer a la formación de Basagoiti como único socio en la negociación presupuestaria, al margen de las enmiendas de otros grupos de la Cámara que se puedan incorporar en el trámite correspondiente. Eso será ya en noviembre, una vez que el proyecto económico sea remitido al Parlamento por el Gobierno la última semana de octubre. Será entonces cuando el PNV presente sus alegaciones al Presupuesto, que deberán contar con el beneplácito del PP para añadirse al texto, según confirmó ayer el portavoz parlamentario del PSE, José Antonio Pastor.
El dirigente socialista también confirmó que «probablemente» la rúbrica del acuerdo con el PNV llegue la próxima semana, al tiempo que recordó que el Ejecutivo tiene plenamente garantizada la aprobación de los Presupuestos gracias al PP, si bien el compromiso contraído con el PNV obligaría a la formación de Urkullu a votar a favor o abstenerse en el Parlamento vasco. Los jeltzales, que dicen estar a la espera del PSE para cuadrar la fecha en la que se escenifique en público su entendimiento, no tienen decidida aún su postura, aunque todo apunta a la abstención.
Pastor y el secretario general del PP vasco, Iñaki Oyarzabal, fueron los encargados de comparecer para explicar el alcance del plan económico diseñado por ambos, que contempla una de las principales exigencias de los populares: apretarse el cinturón al máximo en el gasto corriente, que se reducirá en un 10%.
La contención no afectará a aquellos departamentos que concentran las políticas sociales, para poder atender a los más afectados por la recesión económica, ni a Industria, con el fin de estimular el tejido productivo, ayudar a las empresas en dificultades y seguir apostando por la investigación y la innovación.
Serán esas las únicas consejerías que mantendrán el «ritmo inversor», mientras las demás pasarán un año austero. La de Justicia, por ejemplo, reducirá su presupuesto en un 28% sin menoscabo del «servicio público» y Presidencia recortará drásticamente, aproximadamente la mitad, el flujo de dinero para las delegaciones del Gobierno vasco en el exterior. Se pretende así dar los primeros pasos en el adelgazamiento de la Administración pública que PSE y PP defienden.