En los años 80 era el rey del underground. Makoki, el enemigo público número uno, un tipejo violento y malencarado, cuya seña de identidad era un casco lleno de cables, rollito electroshock, se convirtió en el símbolo de una época desde las páginas de la extinta revista 'El Víbora'. Hasta tuvo su propia canción en la Movida, firmada por Fernando Márquez 'El Zurdo' y su grupo Paraíso. Representante del lado más salvaje de la vida, este mítico antihéroe de papel traspasó las viñetas.
Ahora se pueden rememorar sus andanzas gracias a la reedición de 'Makoki: Fuga de la Modelo', editada por La Cúpula y con prólogo de Jordi Costa. Gallardo, dibujante de la serie, recuerda cómo surgió allá por 1977: «Saqué la idea de un fanzine literario en el que había un cuento sobre un majara que se escapaba del frenopático. A partir de la segunda página, en 'Disco Express', Mediavilla se encargó de los guiones y a veces del dibujo también. No hubo nada premeditado en su creación, fue un cúmulo de casualidades».
Makoki llegó a tener su propia editorial y cabecera, incluso dio nombre a una tienda de cómics en Barcelona. «Es como Tintín, por sí solo no funciona mucho, hace de catalizador de la peña que tiene al lado», describe Gallardo. «Suele crear los problemas para que la cuadrilla los resuelva de la forma más expeditiva posible, aunque a veces dé también algunas ideas al respecto. Es un proto-punk». En 'Fuga de la Modelo', los protagonistas se van a Marruecos a comprar hachís para venderlo en España, pero la cosa se tuerce y acaban con sus huesos en la Modelo de Barcelona. Serializada en la revista 'El Víbora', la historia por capítulos, recopilada en un álbum, llegó a vender más de 20.000 ejemplares. Fue un fenómeno social.
'Muchachada Nui'
«Echo de menos el ambiente que había de camaradería gamberra, conviviendo con todos aquellos super-psicóticos dibujantes», cuenta Gallardo sobre la época de 'El Víbora', mítica cabecera que co-fundó. «Eran otros tiempos y teníamos la mitad de años». El autor catalán ha sabido evolucionar en su trabajo desde aquellos maravillosos años de transgresión subterránea, labrándose una carrera como ilustrador en prensa internacional: 'Herald Tribune', 'New York Times'... ¿Qué queda de aquellos tiempos convulsos? «Mucho. Todo el aparente desmadre que generó esa época fue nuestra particular mini-revolución, en una época en la que los aparatos del Estado y los media no habían tomado las riendas de la comunicación e información. Esa pequeña ventana de libertad sigue generando ideas, desde las pelis de Torrente hasta las salvajadas de 'Muchachada Nui'. La energía se transforma».
Los dibujos de Gallardo han inspirado a otros artistas. Nunca ha abandonado del todo su labor como historietista. Su álbum 'María y yo', basado en sus vivencias con su hija autista, se llevó el Premio Nacional de Cómic de Cataluña el pasado año. «Abandoné el cómic en los 90 con un álbum sobre mi padre como último intento de hacer una historia más personal. El nacimiento de mi hija y la revolución que supuso en mi vida fue una entrada de aire fresco en mi manera de ver el cómic que se simplificó hasta extremos minimalistas. Ahora vuelvo a disfrutar contando historias porque yo mismo he barrido los limites que me había impuesto en mi manera de dibujar».