El 6 de febrero de 1994, Andrés Rabadán discutió con su padre. Vivían solos; la madre se había ahorcado en su habitación en 1982 y la hermana había huido del infierno familiar en cuanto pudo. El hijo, de veinte años, empuñó la ballesta marca Star Fire II que se había comprado por Reyes. La primera flecha reventó la cabeza del padre mientras preparaba dos vasos de leche. En su declaración, Rabadán explicó que le disparó dos más para que no sufriera. Después le puso una almohada en la cabeza y lo abrazó durante quince minutos. Hasta que murió. Entonces cogió su ciclomotor y se entregó a la Policía de Palafolls.
Aquel tímido estudiante confesó que también era el autor de sabotajes en vías férreas del Maresme que provocaron tres descarrilamientos sin víctimas. 'El asesino de la ballesta', como se le bautizó, fue declarado inimputable por una muerte cometida bajo la influencia de un brote psicótico. Su condena, veinte años de internamiento en módulos psiquiátricos. Ha cumplido ya quince y no se ha beneficiado de un solo día de permiso. Ni siquiera cuando se casó con la auxiliar de enfermería que conoció en prisión.
Rabadán, que ya tiene 36 años, ha pasado a formar parte de esa bizarra categoría formada por personajes de la crónica negra objeto de culto. Durante su condena ha escrito dos libros y expuesto sus inquietantes dibujos. Una película de ficción, un documental y un cómic con el 'story board' del propio Rabadán retratan ahora las pesadillas de un parricida al que ni el fiscal ni el juez se deciden a poner en libertad. Lleva diez años sin recibir medicación y repetidos informes certifican que está recuperado del brote psicótico que lo enloqueció. Sin embargo, continúa conviviendo con enfermos mentales.
El director Ventura Durall se interesó por Rabadán cuando vio sus dibujos expuestos en un restaurante. Empezó a cartearse con él y a visitarle cada semana en las cárceles Modelo y Quatre Camins. «Me costó convencerle de la necesidad de emprender un viaje hacia su propio pasado, de escarbar en lo más profundo de su alma y revisitar aquellos tiempos que lo llevaron a ese estado mental y a una situación límite». Poco a poco, el recluso fue contándole historias íntimas de su niñez y adolescencia. «Llegué a entenderle aunque no a justificar sus actos», asegura Durán, cuya fascinación por el personaje le ha llevado a dedicarle dos películas.
Afable y educado
Vista en los festivales de Gijón y San Sebastián, 'Las dos vidas de Andrés Rabadán' se estrena en los cines el 13 de noviembre, mientras el documental 'El perdón' ya se ha emitido en Canal Plus. 'Las dos vidas...' arranca con su protagonista en prisión y repasa en 'flashbacks' la pesadilla familiar de un chaval que presenció el suicidio de su madre y soportó el maltrato paterno. El filme denuncia asimismo el desamparo penitenciario del reo. «El posicionamiento ético y moral está claro», confirma el director. «Rabadán lleva quince años en la cárcel y no ha gozado de un solo día de permiso. Le declararon inocente y le condenaron a un internamiento psiquiátrico por enajenación mental. Y ahí sigue, con enfermos mentales a los que se les encierra como en una cueva».
En la película, el mayor miedo de Rabadán es volverse loco entre locos. Dos intentos de fuga y un suicidio frustrado no han ayudado a la concesión de permisos. Su fama, tampoco. El filme recoge el caso de un preso por violación, compañero de Rabadán, que al salir de permiso reincide con el consiguiente ataque mediático a los jueces.
«Esta no es una película fácil de vender», reconoce Ventura Durall. «Sólo quiere hacer ver que las cosas no son tan sencillas y que a veces condenamos de antemano. Explica cómo una persona aparentemente normal puede encontrarse en unas circunstancias que la hacen descender a los infiernos y cómo continúa a partir de ahí su vida». Se interroga si la sociedad está preparada para perdonar «cuando se juzga con titulares de periódicos».
La situación de Rabadán revela que el 15% de los internos son enfermos mentales. «Muchos son absueltos de sus crímenes por estar enfermos. Se les encierra durante años y punto. Es una especie de exorcismo de la sociedad», reflexiona Durall. El actor Àlex Brendemühl accedió a unos cuantos vis a vis para preparar su personaje. «Me encontré con un tipo afable y educado, pero sigo sin saber quién es. Creo que sus intentos de fuga responden a una impotencia porque no le dan una segunda oportunidad. No es un mártir ni un monstruo».
Andrés Rabadán ha buceado en sus pesadillas en 'Historias desde la cárcel' -que Plaza y Janés reedita coincidiendo con el estreno- y en el cómic 'Las 2 vidas de Andrés Rabadán' (Ed. Norma), un 'story board' del filme. Son 152 páginas dibujadas a boli porque en la Modelo no le dan pinturas de colores y esos eran todos los folios de los que disponía. Escribe en el epílogo: «Sé que he dejado mucho por decir y que lo que he dicho se podía haber dicho mejor, pero apelo a vuestra comprensión y condescendencia a la hora de leer estas páginas».
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