Lo más curioso del pacto presupuestario alcanzado por el Gobierno y el PNV es quién de los dos interlocutores se ha sentido más interpelado a la hora de justificar el acuerdo. Paradójicamente, las sombras de contradicción que ha suscitado que en apenas 24 horas los peneuvistas confirmaran su aval al proyecto de Cuentas Públicas y acudieran a la manifestación contra las detenciones de Otegi y Díez Usabiaga no han planeado tanto sobre el partido de Urkullu como sobre el presidente Zapatero y los socialistas; sombras acrecentadas por la negativa de los 'jeltzales' a sumarse este domingo a los actos de conmemoración del 30º aniversario del Estatuto de Gernika. Resulta llamativo que aún hoy, incluso después de abrazar el soberanismo en Lizarra y perder Ajuria Enea, el PNV conserve la capacidad para dar a entender que sus dilemas internos no son tales. Antes al contrario, la impresión que queda es la de que, en realidad, esas cuitas les siguen afectando más a los demás que a ellos mismos.
La palpable incomodidad que ha generado en el Gobierno de Zapatero no sólo la presencia de los peneuvistas en la marcha de San Sebastián, sino especialmente su coincidencia con la alianza presupuestaria, no deja de ser el reflejo de los contados motivos de satisfacción que -salvo el obvio y trascendental alivio de ver salvadas las Cuentas- puede tener el Ejecutivo a la luz de cómo se ha resuelto la negociación; aprobación del blindaje del Concierto económico vasco incluido. Pero dos no pactan si uno no quiere; y, sobre todo, no lo harán jamás si uno de los dos no lo necesita.
Por ello, el otro logro del PNV en sus conversaciones para respaldar los Presupuestos es haber evitado dar la sensación de que también era muy importante para sus dirección tanto que Zapatero buscara su apoyo como que éste se visualizara. Los peneuvistas han sido votantes fijos en el Congreso de todos los proyectos presupuestarios del Gobierno desde 2005. El aliado invariable sabe que si siempre es mejor ser relevante políticamente que no serlo, aún lo es más cuando se ha perdido el poder. Por eso lo idóneo para el PNV y sus propios intereses, aunque no lo parezca, era volver a presentarse como el bastón necesario para Zapatero en el Congreso. Y hacerlo, además, cuando quien gobierna en Vitoria es Patxi López.