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La 'marca' Guggenheim celebra el genio visionario de Frank Lloyd Wright

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La 'marca' Guggenheim celebra el genio visionario de Frank Lloyd Wright

El museo bilbaíno revisa el legado de uno de los grandes renovadores de la arquitectura moderna

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La 'marca' Guggenheim no sería lo que es sin el genio de Frank Lloyd Wright. Hace hoy 50 años se inauguraba en la quinta avenida de Nueva York el primer y sorprendente museo Guggenheim. El edificio emblema del emporio, esa espiral ascendente de cemento blanco con apariencia de tiesto, es la obra más reconocible de su creador, Frank Lloyd Wrigh (Wisconsin, 1867-Phoenix, 1959) y uno de los iconos arquitectónicos del siglo XX. El helicoide es el mayor hito de los muchos que plantó este visionario renovador de arquitectura, cuyo legendario legado se revisa ahora en la muestra que acoge su 'hermano', el joven y no menos icónico museo Guggenheim de Bilbao que 'sólo' tiene doce años.
Reúne 63 de los más de 1.500 proyectos firmados por este pionero empeñado en integrar arquitectura y paisaje, en modelar espacios armónicos y humanizados con absoluto respeto por naturaleza. Padre de la arquitectura orgánica, avanzado en el manejo de conceptos como sostenibilidad o eficiencia, también lo fue en apostar por el poder seductor de las curvas en alternancia con el dominio del plano y la línea recta.
El creador de la mítica espiral ascendente neoyorquina lo fue también 'la casa de la cascada', el otro gran referente de una obra magistral que abanderó la plena integración de la arquitectura en el paisaje. La naturaleza fue la 'religión' del primer arquitecto 'verde', con una anticipadora visión ecológica, capaz de concebir los edificios como prolongaciones del entorno y en primar la dimensión humana en grandes construcciones civiles como oficinas y fábricas.
Que la arquitectura aumente la calidad del vida del usuario sin interferir en el entorno era el objetivo declarado de Wrigth, que lo lleva su extremo con la vivienda que creó en 1937 para la familia Kaufmann en Mil Run, Pensilvania, esa casa colgada sobre una cascada en medio del bosque en el que parece haber crecido, que aún admira a propios y extraños y genera monografías.
María Nicanor, una de las comisarias de la muestra, destaca este afán de Wright por poner la arquitectura al servicio de las personas. "Crea de dentro hacia afuera, pensando tanto en los usuarios del espacio como en el entorno en que se implanta la edificación. Esa doble preocupación es lo sustancial de su legado", resume esta conservadora del Guggenheim neoyorquino como clave de la modernidad del arquitecto.
Micro y macro
De lo micro a lo macro, de los espartanos "refugios" que el maestro Wright proponía crea y 'vivir' a sus alumnos como ejercicio práctico, a las elegantes y funcionales mansiones que alzó en bosques, colinas y desiertos o las utópicas e idílicas ciudades abiertas a la naturaleza como 'Living City' que nunca construyó, la muestra recorre la larga y cambiante trayectoria de un singularísimo y dotado creador que comenzó con apenas 20 años en una profesión en la que brillaría durante siete décadas .
Más de 200 bocetos, croquis, planos, maquetas, objetos, documentos y filmaciones conforman la exposición, concebida para celebrar el genio de Wright y el primer medio siglo del Guggenheim neoyorquino -donde se vio este verano- en cartel en Bilbao hasta el 14 de febrero. Lo expuesto es apenas el 1% del ingente material que conservan las fundaciones Solomon R.
Guggenheim y Frank Lloyd Wright. Es la muestra más amplia celebrada nunca en Europa sobre este visionario humanista, un diseñador integral que concedía al misma importancia a un picaporte, una cubertería, una silla, una lámpara, una bóveda o un lucernario . Un apasionado del automóvil y la tecnología, refractario sin embargo a las ciudades deshumanizadas, sin el cual sería imposible entender el trabajo de sucesores como el Frank Gehry del Guggenheim bilbaíno.
Ataúdes para el arte
El corazón de la exposición es el espacio dedicado al Guggenheim de Nueva York, la obra legendaria que no llegarían a ver concluida ni su impulsor desde 1943, Solomon R. Guggeneheim, muerto en 1949, ni el propio Wright, fallecido seis meses antes de la inauguración, el 21 de octubre de 1959, de este "templo de la espiritulidad".
Wright pensaba que los museos eran "ataúdes para el arte"
Gracias al encargo del magnate se propuso y logró subvertir la convención y llevar al límite su experiencia con la formas circulares con las había jugado en sus proyectos durante más de medio siglo. Renovó drásticamente el concepto del museo y abrió con su tan contestado como admirado 'santuario para el arte moderno' una senda que cuestionaba casi dos milenos de sometimiento a la tiranía de la línea recta.
Antes de este glorioso "canto del cisne" Wright, construyó y diseñó factorías, mansiones para multimillonarios, catedrales, sinagogas, museos, auditorios, oficinas y planetarios a lo largo y ancho de Estados Unidos. Sólo construyó un edificio fuera de su país, el gigantesco Hotel Imperial, alzado en Tokio en 1922 y demolido en 1968, y que la exposición 'rescata' en fotos y planos. Soñó otro en sus últimos días, un centro cultural para Bagdad que debería alzarse en una isla en medio del Tigris y que no escapó del tablero.
Al margen de su truculenta vida personal -marcada tres matrimonios fallidos y el macabro asesinato de su amante, sus hijos y sus socios- la muestra se ocupa de todas las facetas creativas de Wrigth. No olvida de labor docente la frente de los estudios Taliesin, centros integrales de formación en los que tan importante era y es tanto el desarrollo de los proyectos como la formación global de los arquitectos en distintas disciplinas.
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La 'marca' Guggenheim celebra el genio visionario de Frank Lloyd Wright
Inauguración en el Museo Guggenheim de Bilbao de la muestra Frank Lloyd Wright. /TELEPRESS
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