Demasiado cerca de Siberia. Cuando el marcador del Druzhba señalaba un escalofriante 55-34 camino del final del tercer cuarto, el mundo se detuvo. Al menos el que marca el biorritmo de los hombres de negro. Se vieron abducidos por el sifón de la Eurochallenge, camino del grupo E del tercer nivel continental junto al Belgacom Liege, CSU Asesoft Ploiesti y a los siberianos del Enisey Krasnoyarsk. El Donetsk era el verdugo de un conjunto hundido por limitaciones que hasta ayer eran virtudes. Sin tino desde la línea de tres y empequeñecidos en el rebote por la reducida presencia en cancha de Moiso -el francés se quejó de dolor en una rodilla-, los de Txus Vidorreta estaban a merced de un rival ucraniano que también había variado su modus operandi.
Porque casi todo salió al revés. Quería el técnico de Indautxu un arranque más controlado, menos tendente a la deriva. 0-6 con dos triples de Blums y Markota, incluidos en un cinco inicial novedoso. El letón llevaba la batuta, con Paco Vázquez y Mumbrú a sus flancos, con la pareja croata del citado Markota y Banic en la pintura. Primera prueba, ¿superada? Va a ser que no.
La imposibilidad de jugar balones interiores llevó a Blums a pecar de protagonismo en el lanzamiento. Ya no tragaban los aros los balones con tanta ansiedad como en los dos triples iniciales. Los enviados por el Bizkaia BB. Los de los ucranianos los engullía con gula, en especial los remitidos por Owens, aquel jugador que pasó sin pena ni gloria por el Granada y que ayer ya llevaba nueve puntos a los cinco minutos. Intuyó Vidorreta lo que podía pasar y dio entrada a Chris Warren en el minuto 6, confirmando su recuperación, que no su puesta a punto, imposible con un solo entrenamiento completado. Y con reservas.
El tejano lo dio todo, pero su cabeza era más rápida que sus piernas. Los balones ya no sólo llegaban a los postes, algo más o menos lógico por el repentino descarte de Moiso. Tampoco encontraban las manos visitantes cada vez que surgía la pugna por un rebote. Con falta de puntería y sin segundas opciones, Siberia se acercaba a la frontera del sur de Ucrania.
Seis puntos en un cuarto
Dos de dos en los intentos iniciales y luego cero de 11. Con la pintura cerrada a cal y canto, el juego se tornaba previsible. Los de Ramunas Butaustas negaban el espacio aéreo y se la jugaban a que los del BEC gastaran su artillería con el envío de misiles. Agua y más agua. Ni un triste tocado en casi veinte minutos. Sólo seis puntos sumados en uno de los peores cuartos de la historia ofensiva de la franquicia vizcaína. Apenas una canasta en siete minutos. Javi Rodríguez perdía sus dos primeros balones ante el pegamento de Masutis y el banquillo acabó siendo su ubicación. Y erre con erre con los triples. Y el hierro como aparato escupidor de balones. Y los rebotes para Sundov -otro que tiene un historial reciente con apuntes en León y Menorca- y sus crecidos compañeros.
No era el Donetsk un equipo triplista y se puso chato a hacer muescas en la línea mágica. Lo era el Bizkaia y por mucho que obrara lanzamientos cómodos el arcoiris se le quedaba escaso para atinar. Y seguía sin nacer el carácter pegador, guerrero, valiente, decidido. Ni un solo tiro libre en la primera parte. Sencillamente porque nada se hizo para provocar una falta en una penetración, para sacar algo en claro en los famélicos uno contra uno.
Nadie lo sabía y pocos lo esperaban. Lo peor estaba por llegar. Tras un amago de reacción con Blums y Seibutis como avanzadilla -el lituano va a más en juego y confianza, que no en compromiso, faceta en la que su hoja de servicio es intachable-, la goma volvió a hacer caer a los vizcaínos. Se iban a por los tigres del Donetsk bajando a menos de la barrera de la decena la desventaja (43-34) y el cambio de vías les llevó a la que en cirílico indicaba que era muerta, un callejón sin salida. Parcial de 8-0, una técnica que vuela y los ucranianos que dominan por 21 puntos (55-34). Y las mentes que adivinan el destierro al Archipiélago Gulag. No podía ser cierto. Aunque, sí, lo merecían los hombres de negro.
Justo cuando peor pintaban las cosas se fraguó un cambio. Creció, al límite de las fuerzas, la intensidad. La asiduidad a la línea de castigo permitió la suma contante y las ayudas defensivas forzaron recuperaciones vitales. Salgado reeditó su condición triplista, Banic, Guardia y Seibutis castigaron a los ucranianos en el hígado, entendido como su cosecha de personales, y Mumbrú robó un balón vital que anudó en el luminoso con una antideportiva favorable.
Escampó. No se fueron los nubarrones, pero tampoco acabó formándose la temida riada. Pasaron los de Txus Vidorreta de una morena. Al final, ocho puntos que habrá que remontar el 3 de noviembre en el BEC para pasar página, olvidarse de los zarpazos de los tigres ucranianos y hablar como inquilinos de pleno derecho en la Eurocup. Parecía que no iba a ser así pero, afortunadamente, Siberia puede esperar.