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El día que saltó la alarma

ENERGÍA NUCLEAR

El día que saltó la alarma

Se cumplen hoy 20 años del accidente de la central nuclear Vandellós 1, el más grave registrado en España

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Es difícil saber lo que deben sentir los vecinos que habitan los alrededores de una central nuclear cuando ven salir humo de incendio de la planta. La noche del 19 de octubre de 1989, hace 20 años, sucedió en la de Vandellós 1 (Tarragona), hoy en avanzado proceso de desmantelamiento. Sobre las 21.30 horas saltaba la alarma: se iniciaba un fuego que provocaría el accidente más grave registrado en España en una instalación de este tipo, el único que se ha ganado el nivel 3 (incidente importante) en la escala internacional de 7 (siendo 7 un desastre como el de Chernóbil, ocurrido en 1986). Es más, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) lo calificó en aquel momento como el más grave registrado desde la catástrofe soviética.
Tampoco fue poca la intranquilidad que se adueñó del médico Donato Fuejo Lago cuando conoció en Madrid, a 500 kilómetros de allí, los primeros detalles. Él era entonces presidente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el máximo responsable de que en las nueve centrales operativas entonces en nuestro país todo funcionara como debía. Y estaba claro que algo no marchaba. «Cuando tuve los primeros datos me preocupé mucho -confiesa hoy Fuejo-. Aquél fue un accidente muy importante aunque no se liberara radiactividad. Gracias a que se gestionó bien y también al azar no fue una catástrofe. No es posible saber qué hubiera pasado exactamente, pero con sólo un poco de mala suerte habríamos tenido un pequeño Chernóbil».
«Los pelos de punta»
Explicado de forma sencilla, esto fue lo que pasó: en el edificio de turbinas (separado del reactor), la rotura de un cojinete de un eje produjo una fuerte vibración, lo que a su vez provocó una explosión. El hidrógeno -que se utilizaba como refrigerante- entró en contacto con el aire y comenzó el fuego. Muchos de los sistemas de la sala de control se apagaron dejando casi 'a ciegas' a los operarios, y, lo que es peor, la tubería que traía agua del mar para refrigerar el reactor se rompió. Por allí comenzó a entrar un río que inundó el edificio del núcleo y dos de los cuatro turbosoplantes (ventiladores) que enfriaban el reactor se pararon.
«La temperatura empezó a subir y también la presión -explica Carlos Bravo, responsable de la campaña antinuclear de Greenpeace-. Era como una olla a punto de estallar. Dentro del recinto del reactor había CO2que se utilizaba para refrigerar y que estaba radiactivo. Y existían unas válvulas que, si la presión era excesiva, se abrían automáticamente y dejaban escapar una determinada cantidad de ese CO2 para evitar que la central explotara y saliera todo al exterior. Pues bien, cuando faltaba poco para tener que abrir manualmente las válvulas para controlar ese proceso, los ventiladores empezaron a funcionar, y la temperatura comenzó a bajar. Pero estuvieron a punto de liberarse 200 tm de CO2 radiactivo».
Bravo conserva el informe original del CSN «y pone los pelos de punta». «Era otra época, con casi todo analógico, y los ordenadores tenían la capacidad de un 'Spectrum'. La central era un diseño de finales de los 50, principios de los 60, de forma que cuando se inició el fuego, allí dentro se quedaron casi a ciegas, no sabían lo que estaba pasando. No fue una catástrofe, pero faltó poco».
Es fácil que un ecologista como Bravo hable así de alarmado al recordar aquel suceso. Pero es que también lo vio así desde el otro lado el propio Fuejo: «La central tenía muchas carencias, todo era mucho menos riguroso, y la verdad es que visto en la distancia, da miedo. Había mucha precariedad».
Lo más terrible es que aquel suceso quizás podría haberse evitado si los gestores de la planta, Hifrensa, hubieran hecho caso en los plazos acordados para las cinco modificaciones apuntadas por el propio CSN referidas a la seguridad de la planta, después de que los organismos internacionales sacaran sus conclusiones de lo ocurrido en Chernóbil. «Lo más grave que puede pasar en una central es un incendio -explica Fuejo-, y Vandellós tenía deficiencias en la lucha contra este elemento. Pero se retrasaron en llevarlas a cabo. Nosotros les dimos un aviso, pero entonces se produjo el accidente». «Después hubo un juicio y algo quedó muy claro, que las empresas explotadoras de las centrales eludían nuestras recomendaciones».
Sangre, sudor y lágrimas
El ex presidente del CSN considera, sin embargo, que prácticas tan peligrosas no son algo del pasado: «Las centrales decían: 'un día de parada me cuesta 100 millones de pesetas, pues vamos a hacer la recarga de combustible más rápida, sin esperar el plazo previsto', o 'vamos a dejar esa rotura porque así no tenemos que bajar la presión'. Pequeñas argucias que cometían las empresas. Y hoy en día se sigue haciendo, no hay más que ver algunos de los accidentes recientes. Y entiendo de alguna forma que puedes buscar la rentabidad si construyes casas, y aun así... pero trampear para rentabilizar con una central nuclear...».
El incidente se saldó con un nivel 3 en la escala: «Nos tomamos mucho tiempo para evaluar y aquella decisión supuso para mí sangre, sudor y lágrimas, un esfuerzo personal tremendo, el llegar a decir que fue 3... claro que costó. Se necesitaban 40.000 millones de pesetas para arreglar la central, estaban obligados a ello si querían seguir operando, y como no querían pagar ese dinero, se cerró. Los explotadores trataron de dar una visión falsa a la opinión pública, de que nosotros cerrábamos la central porque sí, pero no es verdad».
El accidente de Vandellós 1 generó una ola de indignación entre la población de la zona que acabó con grandes protestas y un movimiento antinuclear que hoy perdura (Tarragona tiene 3 plantas: Vandellós 2, Ascó 1 y 2). Eloy Nolla es vecino de L'Ametlla de Mar -municipio a 4 kilómetros de la central-, y en la actualidad coordinador de energía de la federación catalana de Ecologistas en Acción. En 1989 tenía 34 años y ninguna inquietud como militante medioambiental: «Hacía teatro. Aquella noche estábamos ensayando hasta que nos enteramos. Desde los tejados de las casas podíamos ver el humo. Los barcos de pesca lo contemplaban todo desde el mar y como yo era comerciante de pescado hablaba con los patrones y me iban contando».
Un pueblo en pie
Al día siguiente, los medios de comunicación empezaron a cubrir la noticia, información que se veía ampliada en el pueblo de L'Ametlla y en otros de la zona por los testimonios de bomberos y trabajadores de la central, que iban llegando tras una noche infernal. «La indignación fue creciendo -recuerda Nolla- porque la desinformación era total. No sabíamos qué hacer, si meternos en casa, coger el coche... Los planes de emergencia consistían en encerrar a la gente en sus casas. Los alcaldes eran los responsables y no sabían nada; se presentaron en la central y el gobernador civil no les dejó entrar. Todo esto puso a la gente contra Vandellós. Se rebeló todo el mundo, hasta el CSN. Al cabo de tres días nos reunimos espontáneamente y nació el comité antinuclear del que fui portavoz. Así empezó mi militancia».
¿Podría pasar hoy algo así? José Manuel Martín Calvarro, jefe de área de Planificación de Emergencia del CSN, lanza un mensaje tranquilizador: «Nunca podremos decir que el riesgo es cero, pero las centrales hoy no se parecen nada a la de Vandellós 1, la única en España de grafito-gas y con uranio natural en vez de enriquecido. Tenía debilidades en la seguridad, en el diseño... Nuestras centrales operan hoy de forma satisfactoria».



i.ibanez@diario-elcorreo.com
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Listado de Comentarios
3 opiniones
19/Oct/2009 | 09:36:58

Para Juan


S?laro, La Coru?Lugo , Uranio y Pontevedra

19/Oct/2009 | 08:26:40

Juan


Una pregunta ¿el uranio viene de Espa?

19/Oct/2009 | 08:25:20

Maria


No pasa nada..... hasta que pase..... hasta entonces ha seguir produciendo energia nuclear y a enterrar los desechos radiactivos debajo tierra TODO SOSTENIBLE!!!

El día que saltó la alarma
La central de Vandellós 1, en primer término, en pleno proceso de desmantelamiento, en 2002. Al fondo, la planta de Vandellós 2. / JOSEP LLUIS SELLART Un operario posa junto a las instalaciones afectadas por el fuego./ EFE
El día que saltó la alarma
Vecinos de L'Ametlla de Mar, localidad vecina a la central, se manifestaron por el cierre./ EDUARDO ARGOTE
El día que saltó la alarma
Un operario posa junto a las instalaciones afectadas por el fuego./ EFE
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