U na sentencia judicial ha acallado el rumor festivo que reinaba en las canchas del Parque de los Patos, un escenario clásico del baloncesto de la ciudad. Ayer los operarios desmontaron las canastas y las pistas se convirtieron de pronto en una explanada absurda. Los chicos que solían quedar allí para jugar partidos y soltar un poco la muñeca miraban el espectáculo con incredulidad. Obsta decir que sólo un deportista zen sería capaz de jugar a baloncesto en un campo sin canastas.
La clausura de las canchas del parque ha sido provocada por una denuncia vecinal. Demasiado ruido. Las quejas comenzaron en 2004 y todo terminó ayer con la descanastización del recinto. El Ayuntamiento quiere que la situación se reconduzca cuanto antes y estudia el modo de bajarle el volumen al basket local. Quizá se consiga algo cambiando la superficie de la pista, tal vez cerrando los campos para que nadie acceda a ellos fuera de los horarios permitidos.
Sorprende un poco que a los vecinos comenzase a molestarles la existencia de las canastas en 2004, pero no es descartable que antes de ese año la gente tirase los triples en voz más baja. Esperemos, en cualquier caso, que se encuentre pronto la manera de resucitar las pistas del parque. Además de un lugar estupendo donde hacer deporte, esas canchas componían un vibrante espectáculo urbano. Un sábado cualquiera, allí se reunían y mezclaban niños, adolescentes y treintañeros, inmigrantes de juego felino y ortodoxos veteranos del baloncesto aborigen.
Ese ambiente de 'playground', físico y multicolor, hacía que Bilbao se pareciese un poco más a una ciudad de verdad. Los vecinos aseguran que el problema es el ruido -aunque no todos parecen percibirlo por igual- y seguro que sus quejas desaparecen cuando el ruido sea mitigado. Ojalá se encuentre pronto la manera de hacerlo y regresen al parque los sonidos (tolerables) del viejo baloncesto: el bote del balón contra la pista, el chirrido veloz de unas zapatillas que se deslizan, el suspiro metálico de las redes perforadas, el inconfundible crujido de unos huesos que se fracturan en un bloqueo ciego.