El presidente de Polonia, el conservador y euroescéptico Lech Kaczynski, firmó ayer el Tratado de Lisboa después de haber mantenido durante más de un año una radical oposición al acuerdo. El jefe de Estado estampó su rúbrica durante un acto solemne de apenas 45 minutos que tuvo lugar en el palacio presidencial, en Varsovia, y deja el futuro del ordenamiento europeo en manos de la República Checa.
El acto contó con la presencia de las principales autoridades de los Veintisiete, como el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y de la Eurocámara, el polaco Jerzy Buzek, y el presidente de turno de la UE, el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt.
En contra de lo que Kaczynski ha mantenido durante un largo período de tiempo, antes de firmar el texto, pronunció un discurso en clave abiertamente europeísta. «El cambio de decisión del pueblo irlandés -que votó a favor del acuerdo europeo en un referéndum hace poco más de una semana- permite que el Tratado recobre vida y que ya no tenga obstáculos para ratificarlo», dijo el presidente. Consideró la jornada «muy importante e histórica para Polonia y la Unión», porque, a su juicio, Varsovia «normaliza» sus relaciones políticas e institucionales con Bruselas al adoptar el texto de la futura Constitución continental.
El jefe de Estado polaco, que en cuestiones europeas y de política exterior está muy influenciado por el ultranacionalismo de su hermano gemelo, el ex primer ministro y líder del conservador partido Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski, olvidó por un momento sus reticencias pasadas. El mandatario manifestó su convencimiento de que el Tratado de Lisboa «mejora» el funcionamiento de las instituciones comunitarias y las dota de un «buen instrumento» para hacer frente a la crisis y los retos económicos, sociales, energéticos y políticos que tienen ante sí los países del Viejo Continente.
Con la aprobación, «nos subimos al tren de la construcción europea y fortalecemos» su papel en el mundo, dijo el presidente. Asimismo, Lech Kaczynski destacó que tanto la decisión de los irlandeses «como la nuestra, es plenamente soberana, como anteriormente también lo fueron las que tomaron países como Alemania o Malta». En cualquier caso, recordó las dificultades que provocaron las negociaciones y «el rechazo a la Carta Magna europea en los referendums de Francia y Holanda». Por ello, puso de relieve que «es lógico que haya habido cierta tensión y conflictos» entre Polonia y la UE. «Finalmente -afirmó- nuestro país ha logrado grandes éxitos».
«Valores democráticos»
Después de defender los «valores democráticos» sobre los que se sustenta la Unión, pidió que la alianza europea se abra a otros países, especialmente a «Ucrania y Georgia», uno de los objetivos de la diplomacia polaca que levanta ampollas en Moscú, y Croacia, que podría ser socio comunitario en 2012.
En nombre de la presidencia europea de la UE, el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, celebró la ratificación del tratado como un acto de «democracia» y «europeísmo», y en su calidad de presidente de la CE, José Manuel Durao Barroso, agradeció especialmente a Kaczynski la firma del el acuerdo. «Es la hora de Europa», señaló.