Retrasos en el comienzo de la jornada laboral, desinformación, prisas, molestias a terceros, confusión... y mucho enojo. Son vivencias que experimentaron ayer quienes utilizan habitualmente los servicios de Euskotren para desplazarse a sus trabajos. Los viajeros que acudieron a primera hora a las estaciones se encontraron con que, no sólo no circulaban las unidades, sino que tampoco recibían información de ningún tipo. «Cuando llegué al apeadero, encontré a mucha gente esperando al tren, que no venía. Había una persona en la ventanilla, pero nos dijo que ya se marchaba y no nos dio ningún detalle», relataba la telefonista Josune Aranzabal, que realiza a diario el trayecto Eibar-Bilbao. Algunos de los frustrados pasajeros se dirigieron al autobús, pero ella tuvo que pedir que la llevaran en coche para no llegar tarde al trabajo.
Peores consecuencias sufrió la consultora en temas ambientales Isabel Prieto. Tenía que viajar de Eibar a Ermua y regresar «en un plazo de tiempo razonable» para tratar asuntos con clientes en ambos municipios. No pudo llegar a Ermua y hubo de cancelar su cita. «He dejado a nueve personas esperándome porque, en autobús, tampoco tenía garantizada la vuelta». Prieto no dispone de automóvil. Utiliza siempre el transporte público «por convicción», así que la situación vivida ayer le supuso un trastorno que no dudaba en calificar de «salvaje».
«Gasto extra»
María Angeles Luque suele viajar de Durango a Erandio, primero en tren y luego en metro. Dejó a su marido sin coche y él recurrió a su hermano para que le acercara al trabajo, en Eibar. Esta administrativa se quejaba del coste que le supuso tener que improvisar estas formas de desplazamiento sin que nadie les compense después por el gasto extra. «Si vas a reclamar, nadie te hace caso», se indignaba.
También confesaba sentirse «muy molesta» la vecina de Sondika Esti Urrutia, que utiliza el tren dos veces por la mañana y otras tantas por la tarde para ir a Bilbao. Aunque fue avisada por una amiga de que no circulaban los trenes, el hecho de tener que viajar en coche hasta Sarriko para «aparcar en la única zona de Bilbao donde no hay OTA» y coger allí el metro le supuso llegar con media hora de retraso a la tienda donde está empleada.
Las cuatro mujeres coincidieron en deplorar, en especial, la premura con que se había organizado el paro, sin darles tiempo para organizarse y con ausencia de servicios mínimos.