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Vizcaya

ACCIDENTE DE LEZAMA

Gobierno vasco, Diputación y la propia empresa censuran el paro unilateral y sin previo aviso de gran parte de la plantilla

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Estaciones de tren, paradas de autobús y marquesinas de tranvía se convirtieron ayer en auténticos templos del desconcierto y la indignación. Más de 30.000 usuarios de Euskotren -que además de ferrocarril incluye doce líneas de Bizkaibus, el tranvía y el funicular de La Reineta- se quedaron ayer colgados en Vizcaya debido a un paro de 24 horas convocado 'in extremis' por los sindicatos en respuesta al accidente que el día anterior costó la vida a un maquinista en Lezama, según datos aproximados facilitados por la compañía, que en Euskadi cuenta con una media de 100.000 usuarios diarios.
El hecho de que las centrales decidiesen hacer la huelga el jueves por la noche dejó poco margen de maniobra para habilitar servicios que minimizasen el impacto en los pasajeros, que se toparon con la desagradable sorpresa sin previo aviso. Esta situación no sólo desató las iras de los frustrados viajeros: Gobierno vasco, Diputación y la dirección de Euskotren -que reiteraron su apoyo a la familia de la víctima y a los heridos- recriminaron duramente al comité de empresa, con presencia mayoritaria de ELA, por su forma de proceder. El consejero de Transportes del Ejecutivo autónomo, Iñaki Arriola, destacó que la respuesta de los trabajadores había sido «desproporcionada». «Todos estamos apenados por el fallecimiento, pero tomar una decisión así, sin avisar y a las diez de la noche, es una barbaridad que ha tenido consecuencias para miles de personas», censuró. Según explicó, se acordó con el comité la celebración de concentraciones solidarias, «pero de ahí a un paro de 24 horas va un abismo». Por eso, anunció que Euskotren analizará la legalidad de la convocatoria, de modo que si los miembros del comité «han sido 'mayores de edad' para adoptar esta postura, también lo serán para afrontar sus posibles responsabilidades». Para él, los trabajadores que han secundado la iniciativa «no han estado a la altura de las circunstancias».
En este sentido, el parlamentario del PSE-EE Txarli Prieto afirmó ayer en la Cámara vasca que es «lamentable» que lo que iba a ser un «gesto de solidaridad» con un compañero fallecido se convirtiese en «una insolidaridad con miles de viajeros», en una huelga «repentina» sin el preaviso establecido por la legislación».
La Diputación de Vizcaya también mostró su rechazo al paro y anunció que exigirá a Euskotren responsabilidades por los perjuicios causados a las líneas de Bizkaibus operadas por la empresa ferroviaria. Según detallaron, al no haberse anunciado el paro con antelación suficiente, ha sido «imposible establecer servicios mínimos para garantizar el transporte a las 9.000 personas que utilizan estas líneas cada día». Por eso, durante las primeras horas de la mañana sólo se pudo cubrir «el 50% de los servicios». En Guipúzcoa, la Diputación se expresó en términos similares y también rechazó la huelga.
Cruce de reproches
En medio de un día caótico, la dirección de Euskotren, que pidió disculpas a los viajeros, se unió al coro de discrepancias con los convocantes. Los portavoces de la compañía, al igual que las instituciones, tuvieron palabras de afecto para las víctimas del siniestro, pero recordaron que esta dolorosa situación no debería haber hecho mella en el servicio público que prestan. Además, aclararon que los trabajadores, que más tarde actuaron «a las bravas», sólo habían consensuado con la empresa la celebración de «un acto simbólico de condolencia».
Al aluvión de críticas no se sumaron ciertos partidos. De hecho, algunos sacaron la cara al comité de empresa, como Mikel Arana, coordinador general de EB, quien señaló que los trabajadores no habían tenido «tiempo» para organizar el paro «de forma reglamentada» y además afeó al Gobierno vasco y la Diputación «su falta de comprensión». Otras formaciones, como PNV y EA, también centraron sus reproches en el Gobierno vasco por no haber sido capaz de comunicar a los usuarios la falta de servicios ni reaccionar con rapidez.
Entretanto, los causantes de la caótica jornada y de la polémica eludieron hacer valoraciones públicas. Sólo Txema Negro, delegado de ELA, rompió el silencio y afirmó que «la situación lo requería» y confió en la comprensión de los usuarios. Durante la concentración de una hora que tuvo lugar a media mañana en la estación de Atxuri, también uno de los trabajadores matizó que el paro «no es una huelga ni una protesta», sino una muestra de «solidaridad con un compañero».


s.vazquez@diario-elcorreo.com
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