Joan Laporta ha vuelto a demostrar que la diplomacia no es lo suyo. El 14 de agosto telefoneó al presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, y le insultó después de que éste le acusara de utilizar el Barça como trampolín político.
Dos días antes de esa llamada, el dirigente extremeño había criticado en un diario deportivo la gestión del presidente blaugrana al frente del club. Fernández Vara destacó en su artículo la «excepcional» gestión de Laporta pero, al mismo tiempo, le rogó que «cuando hable como presidente del Barcelona, lo haga en nombre de todos los barcelonistas, dejando a un lado cualquier connotación política».
Cuando, hace ahora dos meses, el jefe del Ejecutivo extremeño descolgó el teléfono y oyó la voz de Laporta, pensó que se tratata de una broma de algún medio de comunicación y que alguien había imitado la voz del responsable blaugrana. Según esta versión, fue el propio Fernández quien dio por concluida la conversación cuando pidió a Laporta que se retractara de sus palabras y su interlocutor no lo hizo.
El presidente extremeño aclaró que el dirigente culé no le llamó «barcelonista de mierda», tal y como recogen algunos medios, pero que sí le insultó. «No es verdad lo de 'barcelonista de mierda', no sé de dónde ha podido salir, pero sí es verdad que utilizó la palabra 'imbécil' en varias ocasiones», afirmó Vara. Agregó que Laporta se dirigió a él como un aficionado del Barça más que en calidad de representante institucional de una comunidad autónoma. Y es que, según desveló, ambos mantenían una excelente relación antes de esa llamada.
La última polémica con Joan Laporta como protagonista ha vuelto a sacudir la actualidad con un asunto que nada tiene que ver con lo estrictamente deportivo. No es la primera vez que el máximo mandatario blaugrana pierde los estribos. Laporta suele mantener la compostura públicamente cuando los equipos del Barcelona acumulan éxitos o pasan una mala racha -es habitual que salga a la palestra para hablar de ello sin estridencias-, pero no se puede decir lo mismo cuando le tocan la fibra política e ideológica. Recientemente, por ejemplo, culpó a la 'caverna española' -refiriéndose a la Prensa de Madrid- de ser la responsable de la filtración del escándalo del espionaje de algunos directivos de su club.
El pasado verano, en plena pretemporada del Barça en Estados Unidos, dos actores vestidos del 'Gordo y el Flaco' se le acercaron para preguntarle si venía de España. Laporta se giró hacia ellos, sonrío y, a media voz, les corrigió: «No vengo de España, vengo de Cataluña». Es en su comunidad donde dicen que su salto a la política está cada vez más cerca. Le hará falta más diplomacia.