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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Cultura

PRESIDENTE DE EUSKALTZAINDIA

La Academia celebra sus 90 años de existencia reflexionando sobre el futuro de la lengua vasca

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Andrés Urrutia: «El reto hoy es la transmisión del euskera en los ámbitos afectivos»
Andrés Urrutia, junto al diccionario 'Orotariko Euskal Hiztegia'. / MIREYA LÓPEZ
La Real Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, celebra hoy en San Sebastián el acto final del ciclo de celebraciones por los 90 años de su nacimiento. Tomarán parte autoridades políticas de todos los territorios del euskera y el presidente, Andrés Urrutia, leerá el discurso final.
-Todo empezó con Resurrección María Azkue, e primer presidente.
-Fue uno de los cuatro miembros a los que las diputaciones forales de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra dieron el encargo de ser promotores de la Academia. Luego, en 1919, se elegirían otros ocho académicos. La figura de Azkue es primordial hasta su fallecimiento en 1951.
-Azkue llama la atención por su capacidad de trabajo.
-En esta persona se reúnen dos características: la resistencia física muy propia de un hombre de costa, lekeitiano; y además ese afán científico. Azkue tenía muy claro que el euskera no podía seguir siendo una labor de aficionados. Tenía un criterio científico, se formó en Alemania, tenía relación con los lingüistas que trabajaban en torno al euskera, como Schuchardt. Y eso entronca muy bien con la 'Revista Internacional de Estudios Vascos', de Julio Urquijo y el espíritu de aquel primer Congreso de Estudios Vascos de 1918.
-Parece un milagro que con la llegada del franquismo no se disolviera la Academia. Le llegó un largo periodo de hibernación.
-Pero no fue una fase de inactividad. La gente se sorprendería si supiese que Azkue, cuando estuvo trabajando en Bilbao, en 1936-1937, tuvo a su lado a un hombre clave, Nazario de Oleaga, de ideología carlista pero profundamente vascófilo, y emprendieron entre los dos el gran trabajo de darle la vuelta al diccionario del propio Azkue, para hacer un diccionario castellano-euskera. Todavía hace poco han aparecido las fichas de ese diccionario. Luego, en los años 40, se incorpora a la Academia Krutwig, quien pone a la institución en un rumbo de cara a unos trabajos más consistentes. La hibernación de la posguerra no debe ser tomada como inactividad.
-¿Franco ofreció alguna recepción a Euskaltzaindia?
-No lo sé. Hace poco he leído un libro de Javier Sada, que se refiere a las visitas de Franco a San Sebastián, en el que tangencialmente se menciona la celebración de los 50 años de la Academia, cuando era presidente Manuel Lakuona. Pero nunca he visto una foto de ese tipo.
-En los últimos veinte años han perdido peso en la Academia las sotanas. Ahora, entre los académicos, hay incluso especialistas en nuevas tecnologías del lenguaje.
-Ha habido un proceso de secularización y de apertura hacia la sociedad civil, laica. En la Academia hay especialistas de los diferentes campos profesionales en los que la lengua está siendo utilizada.
-Hoy en día, en cuestiones lingüísticas, la gente toma como referencia los medios de comunicación, y la Academia se ha propuesto reunir un gran corpus en colaboración con esos medios.
-Para ello se ha creado el Observatorio del Léxico. La Academia va a dar una prevalencia y una prioridad total a lo que los medios de comunicación están utilizando. Por ahora, estamos tomando como referencia sólo los medios escritos. Queremos tener un gran corpus que nos muestre ese montón de palabras que han nacido en estos últimos años, algunas para mantenerse y estabilizarse, y otras para desaparecer en poco tiempo, porque la propia dinámica del medio de comunicación ha demostrado que no eran útiles. Creo que para finales de este año seremos capaces de poner en la Red una primera muestra, que reunirá alrededor de un millón de caracteres.
-Ya existe un precedente de menores dimensiones, el corpus de 'Ereduzko Prosa Gaur', realizado por la Universidad del País Vasco.
-Sí, y ahora nosotros queremos reforzar nuestro propio diccionario unificado, nuestro Hiztegi Batua. Hemos hecho una aplicación informática, que se llama Hiztegi Batua Oinarriduna, en virtud de la cual el usuario verá el proceso que ha seguido cada palabra a la hora de su inclusión en el diccionario. Podrá ver las notas y apreciaciones que se han hecho a las palabras a lo largo del proceso, y cuáles son las referencias a esa palabra en los otros diccionarios de uso corriente.
-Da la impresión de que hace unos años se seguían más al pie de la letra las normas de Euskaltzaindia, y que hoy hay una relativización. Las 'normas' ha pasado a ser 'consejos'?
-La de Euskaltzaindia son normas lingüísticas y sociales, no son normas jurídicas, evidentemente. Esa relativización, hasta cierto punto, también es compartida por la Academia. Hubo un momento en el que la normativización era muy importante, porque había que crear un marco, un espacio de juego. Ahora, en ese campo de juego, hay gente que juega a cosas muy diferentes: unos hacen literatura, otros hacen química, otros dan clases de Derecho. Pero la ortografía es muy importante, porque ese es un instrumento para que la unidad de la lengua y de la cultura sean factibles. Creo que Euskaltzaindia se ha relativizado y debemos ir a la busca de una lengua con una expresión quizá más dúctil. Y, sobre todo, la Academia debe estar muy atenta al impacto que esa normativización tiene en la sociedad. Acabamos de realizar una encuesta en la que se ve hasta qué punto el trabajo de la Academia llega a la sociedad. Pronto ofreceremos las conclusiones. Se puede mejorar creando una red con las personas que ahora están trabajando en el mundo del euskera; la aplicación de la norma y el consejo es muy importante, sobre todo en un mundo como el del euskera, que está tan vivo, tan en ebullición.
Transmisión
-Es decir, hace falta un contacto más continuado con todos los agentes del euskera.
-Cierto. Y además hay que institucionalizar ese contacto, creando un foro para que todos trabajemos juntos.
-Hace cuarenta años, se decía del euskera que era la lengua de casa. Cuando pasó a la universidad, a las ciencias, se consideró un gran paso. Pero ahora quizá tenemos el gran reto de que sea la lengua de la cocina, de los sentimientos.
-Totalmente de acuerdo. El gran reto es que sea una lengua viva. Debemos hacer biología, y no arqueología. Debemos ser conscientes de que podemos haber ganado la física nuclear y haber perdido la cocina, la cuadrilla, el día a día, la expresividad con nuestros hijos, con nuestros padres. Pensemos que podemos haber perdido, en definitiva, la transmisión de ese euskera oral que nos ha enriquecido a todos y nos ha permitido dar el salto al otro euskera, al escrito. Ese es el gran reto de hoy en día: cómo impulsar la transmisión del euskera en los ámbitos afectivos, en los ámbitos menos formales.
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