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Acción Social

Resalta su «ejemplar» comportamiento ante la fuga de un discapacitado que apareció muerto cinco días después

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Aburto defiende la actuación de los empleados de la residencia de Orduña
El joven fallecido había aprovechado un momento de confusión para salir del centro. / MITXEL ATRIO
«¿Debemos convertir la residencia en un centro de seguridad? Ese no es nuestro modelo. Nosotros atendemos a los pacientes, apostamos por su derecho de autonomía personal, no los encerramos de por vida, y eso implica asumir riesgos razonables». El diputado de Acción Social, Juan María Aburto, realizó ayer una encendida defensa del sistema foral de atención a discapacitados intelectuales, que trabaja «siempre con calidad y calidez». Lo hizo durante una comparecencia de urgencia, solicitada por él mismo, para informar a las Juntas Generales acerca del fallecimiento de un disminuido psíquico que llevaba cinco días fugado de una residencia foral en Orduña.
Aburto dividió su alocución en tres partes. Empezó con un relato de los hechos a partir de los informes presentados por los trabajadores del centro, la Ertzaintza y los forenses. En este punto, explicó que David -el joven fallecido de 27 años- aprovechó un momento de confusión en el centro para saltar la valla y desaparecer de allí. El responsable foral resaltó el «ejemplar» comportamiento de los trabajadores durante todo el proceso. Muchos de ellos -aseguró- se sumaron a las tareas de búsqueda, iniciadas poco después de la fuga, «fuera de su turno de trabajo». El rastreo se prolongó durante cinco días y contó con la colaboración de «ganaderos, montañeros y alcaldes de los pueblos colindantes», además de efectivos de la Ertzaintza. Para ello, se emplearon «todos los medios disponibles», explicó, antes de desvelar que las conclusiones provisionales de la autopsia apuntan a una muerte «violenta y accidental» que se produjo cuatro o cinco días antes de que un vecino encontrase su cuerpo en el río Nervión, a unos dos kilómetros de distancia de la residencia. La Diputación estima que el «fatal accidente» de David debió producirse poco después de huir del centro.
«Desprotección»
Aburto, que resaltó el «adecuado» equipamiento de la residencia Gabriel María de Ibarra -61 profesionales para 35 pacientes-, insistió en que el personal respondió de forma «correcta» ante la fuga de David, «una persona con dificultades de conducta y necesitado de ayuda permanente». El dirigente de Acción Social recordó que la víctima provenía de una familia «desestructurada» y que siendo sólo un niño sufrió «graves situaciones de desprotección y abandono». La Diputación asumió su tutela en 1992 y durante esos años fue perdiendo la mayor parte de sus referentes familiares. A partir de ahí pasó por diversos centros, como el de Loiu, el de Zalla y uno de Málaga, donde protagonizó diversos intentos de fuga. En febrero fue trasladado a Orduña, donde ingresó para poder estar más cerca del «único pariente que parece dispuesto a mantener algún contacto con él, su abuelo».
Aburto recordó que para muchos de los internos los monitores son «su única familia». «Le cuidaban y le querían. Y hoy, (por ayer) que era el 28 cumpleaños de David, se juntará su familia, que sobre todo está en la residencia, para recordarle. Y comerán juntos pastel de moras, que era el que más le gustaba a David», dijo, visiblemente emocionado. Todos los grupos políticos mostraron su «tristeza» por el suceso y comprensión con los trabajadores.


d.s.olabarri@diario-elcorreo.com
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