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Cultura

DIRECTOR MUSICAL DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE BILBAO

El titular de la BOS cree que los autores contemporáneos escriben obras que el público entiende bien

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Günter Neuhold: «La música electrónica no tiene gran futuro»
Günter Neuhold, durante el ensayo del primer programa de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. / MITXEL ATRIO
Günter Neuhold (Graz, Austria, 1947) quiere que el público se acostumbre a descubrir. Descubrir intérpretes y composiciones. Convencido de que la música que se compone ahora no tiene la dificultad ni la agresividad de las que hacían gala las obras de hace cuarenta o cincuenta años, pretende que la Sinfónica de Bilbao -cuya temporada comienza hoy- se adentre en repertorios que lleven a los aficionados sonidos nuevos. Y para que nadie se asuste, advierte con seriedad que cree que el dodecafonismo es cosa del pasado y que ni siquiera la música electrónica tiene futuro.
-Esta es su segunda temporada al frente de la BOS pero la primera en que se responsabiliza totalmente del programa. ¿Qué se plantea para este año?
-No se trata de hacer revoluciones pero hay cosas nuevas que son interesantes y que se verán desde hoy mismo, con el primer concierto, que gira en torno a la tierra y los elementos. 'Frozen in time', por ejemplo, tiene jazz, rock, tango... Las dos obras de la primera parte, escritas por Rueda y Dorman, son de 2006 y 2007. Eso revela que quiero empezar por obras que son muy atractivas y actuales pero al mismo tiempo muy difíciles, y que sirven para mostrar lo que la orquesta puede dar de sí.
-¿Y para el resto de la temporada?
-Espero que la programación guste a la mayor parte del público. He intentado romper con la estructura típica de los conciertos (obertura, concierto con solista, sinfonía) para buscar combinaciones nuevas.
-Hay programas distintos de los habituales: uno dedicado a la música británica, otro a la estadounidense, un tercero a la china. ¿Qué intención hay tras ello?
-Tengo un repertorio grande y no quiero repetirme. Pero, dicho eso, vengo observando que si queremos atraer a las nuevas generaciones a la música clásica no podemos abusar de la música romántica con obras que están grabadas decenas de veces por los más grandes solistas y directores. En ese programa chino del que habla, intentaremos mostrar la música que realmente se ha hecho en los últimos tiempos en aquel país y, como quizá un concierto entero saturaría al público, lo completaremos con 'El mandarín maravilloso' de Bartók.
Conservadores y modernos
-¿Cómo se consigue atraer a los jóvenes sin expulsar de las salas a los mayores?
-Hay que probar. Este año veremos la acogida a esta nueva programación. En Viena, el público es muy conservador, pero ha admitido bien algunas propuestas de música moderna. A los aficionados les gusta recuperar lo que ya conocen, pero también estamos obligados a presentar la música de nuestro tiempo. Y es importante decir que lo que se compone ahora mismo se entiende muy bien desde la primera vez que se escucha.
-Eso no siempre ha sucedido en los últimos tiempos.
-No, claro, pero el dodecafonismo es cosa del pasado. Las partituras creadas en los años sesenta y setenta eran demasiado agresivas. Eso ya ha desaparecido. Creo, incluso, que la música electrónica no tiene gran futuro. La música de hoy se entiende sin necesidad de explicación previa. Esta siempre viene bien, pero no debería ser imprescindible.
-¿Qué papel deja a los solistas: deben ser famosos y atraer con su solo nombre o aunque no lo sean han de encajar en su idea del programa?
-Lo de famosos es relativo. Yo he preguntado varias veces antes de traer a alguien si era conocido aquí. Luego lo que sucede a veces es que la gente disfruta más descubriendo un nuevo talento. Traer nombres famosos no es difícil: sólo es cuestión de dinero. Pero yo no quiero que el público venga sólo por ver y escuchar a una estrella; prefiero invitarlo a descubrir. Quiero que el público opine de forma instintiva sobre si un concierto le ha gustado.
-Ahora que ya se conocen, ¿qué opinión le merece la BOS?
-He tenido una larga experiencia como director de música en Alemania y luego como director invitado de muchas orquestas. Cuando dirigí a la BOS en 'El crepúsculo de los dioses' me di cuenta de su gran capacidad de crecimiento. Tiempo después recibí la oferta de ser titular y me acordé de aquella experiencia. Una de mis ideas es presentarla a un público internacional.
-En plena crisis eso no parece fácil...
-Efectivamente, este no es el momento de pensar en grandes giras. Pero hay que tener a la vista la posibilidad de una salida para cuando sea posible. Y no dejar de plantearse proyectos especiales. Este año, por ejemplo, no hemos podido hacer por razones económicas los 'Gurre lieder' de Schoenberg, pero la idea sigue ahí. Desde luego, quiero cambiar a la orquesta de escenario y este año lo vamos a hacer, aunque sea dentro de España: intercambiaremos conciertos con las Sinfónicas de Euskadi y Barcelona, iremos a Madrid y Salamanca...
-¿Es partidario de que la orquesta toque bandas sonoras, musicales o incluso acompañe a cantantes pop o cree que un trabajo así puede dañar su sonido?
-He hecho muchos conciertos de ese tipo, con frecuencia en grandes escenarios. No me parece peligroso para una orquesta sinfónica. Tampoco creo que ayude a ganar aficionados para la temporada de abono. Es verdad que familiariza a la gente con una orquesta, pero van a ese concierto y normalmente siguen sin acercarse a un auditorio.


c.coca@diario-elcorreo.com
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