El dibujo se está quitando la mala fama que ha tenido en los últimos cincuenta años en el mundo del arte, con tendencias como el pop, que cortaban o ampliaban imágenes de las revistas y periódicos para pegarlas en los cuadros sin necesidad de tomar un lápiz; o como el conceptualismo, cuyos representantes creyeron que dibujar no tenía valor artístico en sí mismo y sólo servía para organizarse la cabeza.
Algo está cambiando. Vuelve su valor expresivo, su carácter limpio y directo, su condición de arte en sí mismo. Las muestras de Abigail Lazkoz (Bilbao, 1972) y Javier Soto (St. Gallen,Suiza, 1972) en la Sala Rekalde son testimonios de ese cambio.
Las dos exposiciones se inauguran hoy y estarán en cartel hasta el 10 de enero. Ambas están organizadas por Leire Vergara, comisaria-jefe de la galería bilbaína hasta la entrada de la nueva directora, Alicia Fernández. En la sala principal Lazkoz presenta 'Máquinas extraordinarias', una instalación hecha con dibujos monumentales en blanco y negro, colocados en la pared o distribuidos para formar distintos espacios y estancias, dentro de un recorrido con imágenes recurrentes sobre la guerra y la destrucción. La artista bilbaína, afincada en Nueva York, incluye también un vídeo que remite a los orígenes del cine animado para poner de relieve la capacidad expresiva del dibujo.
Resistencia individual
El título 'Máquinas extraordinarias' está tomado de una canción de la compositora estadounidense Fiona Apple, cuyo estribillo dice: «Trátame con amabilidad, trátame con frialdad; me lo tomaré de la mejor forma posible; soy una máquina extraordinaria». La letra de esta canción es a juicio de Lazkoz una especie de manifiesto optimista que ensalza la resistencia individual ante una realidad caracterizada por los conflictos, lejanos y cercanos, armados y personales.
Cuando dibuja, Lazkoz entra en su «laboratorio de la imaginación». En él experimenta a partir de una línea negra sobre un fondo blanco, «sencilla, desprovista de todo ornamento y gestualidad, que otorga a la artista una libertad absoluta a la hora de proponer nuevas posibilidades de expresión», según la comisaria.
Javier Soto, que ocupa los espacios de entrada a la Sala Rekalde -el llamado Gabinete Abstracto- combina sus dibujos con los collages y la pintura en su exposición, que ha titulado 'Euforias y demonias'. En ella, el artista retrata su mundo cotidiano en dos épocas separadas, su estancia en Los Ángeles y su reciente traslado de Bilbao a Navia (Asturias), el paisaje de su infancia.
En las primeras obras rebusca en su propio interior a través de un imaginario fantasmagórico, mientras que las segundas recopilan reliquias y objetos que parecen haber salido de un sueño.