Aprovechando la visita a Pyongyang del primer ministro chino, Wen Jiabao, para conmemorar los sesenta años de relaciones entre ambos países, Corea del Norte anunció ayer su disposición a volver a las negociaciones sobre su desarme nuclear. Así se lo manifestó a Wen Jiabao el propio caudillo de este país, Kim Jong-Il, quien también abogó por acabar con los enfrentamientos diplomáticos con Estados Unidos.
«Las relaciones hostiles entre Corea del Norte y Norteamérica deberían convertirse en lazos amistosos a través del diálogo bilateral sin fracaso», informó la agencia estatal KCNA citando a Kim Jong-Il, quien se mostró abierto a «mantener negociaciones multilaterales dependiendo del resultado de los contactos con Washington».
Dichas negociaciones con varias partes incluyen las conversaciones a seis bandas de Pekín, que el régimen estalinista de Pyongyang abandonó en abril después de que Naciones Unidas condenara su lanzamiento de un misil de largo alcance. Desde entonces, Corea del Norte ha redoblado su pulso a la comunidad internacional efectuando su segunda prueba atómica en mayo y reparando su reactor nuclear de Yongbyon, que había empezado a desmantelar en virtud del acuerdo alcanzado en la capital china en 2007. Según el Ministerio de Defensa surcoreano, la reconstrucción de la planta podría estar ya casi concluida.
Diplomacia atómica
En este constante tira y afloja sobre la capacidad nuclear de Pyongyang, que se remonta quince años atrás y se intensificó a partir de 2003, el Querido Líder ha vuelto a recurrir a la diplomacia atómica para regresar con una posición de fuerza a la mesa de negociaciones. En realidad, lo que Corea del Norte quiere es que Washington la reconozca como una nación soberana -no hay relaciones entre ambos países desde el final de la guerra (1950-1953)- y no amenace la continuidad de su régimen comunista, encarnado por la dinastía de los Kim y donde ya se apunta al hijo menor del dictador como su posible sucesor.
Para hacer frente a una hipotética invasión por parte de los 28.000 soldados estadounidenses que aún permanecen desplegados a lo largo del Paralelo 38, la última frontera de la guerra fría que separa a las dos Coreas, el régimen ha optado por la política 'songun' de primacía militar mientras su depauperada población intentaba reponerse de la gran hambruna que pudo haberse cobrado dos millones de vidas a mediados de los 90.
A cambio de renunciar a su programa atómico, Pyongyang exige no sólo reconocimiento diplomático, sino también petróleo y ayuda humanitaria. Por ese motivo, la labor mediadora de China resulta crucial para acabar con la inestabilidad en el noreste asiático. Tras años de amenazas y negociaciones, en febrero de 2007 se alcanzó un acuerdo en las conversaciones a seis bandas de Pekín, que incluyen a las dos Coreas, Estados Unidos, China, Rusia y Japón. Pero dicho compromiso se rompió después por la dificultad de la Casa Blanca para verificar el desarme norcoreano y el empeoramiento por la subida al poder de un Gobierno conservador en Seúl a principios del año pasado.
Deshielo
Tras el reciente deshielo que provocó la visita del ex presidente estadounidense Bill Clinton para liberar a dos periodistas americanas condenadas por entrar ilegalmente en el país, Corea del Norte vuelve a la senda del diálogo. «Nosotros y nuestros socios en las conversaciones a seis bandas queremos que Corea del Norte se involucre en una negociación que concluya con la completa desnuclearización a través de pasos irreversibles», apuntó el portavoz de la Casa Blanca, Ian Kelly.
Según informa Efe, ayer se conoció un informe del Ministerio de Exteriores surcoreano que asegura que, desde que firmó un acuerdo con la Casa Blanca en 1994, Corea del Norte ha recibido unos 1.553 millones de euros a cambio de su desarme. Corea del Sur aportó 781 millones de euros, mientras que Japón y la Unión Europea contribuyeron con 278 millones y 12 millones de euros, respectivamente, para la supuesta construcción de un reactor de agua ligera.
Además, hasta 2002 Washington envió 3,65 millones de toneladas de combustible, por valor de 271 millones de euros. A ello se suma el acuerdo firmado en 2007 a cambio de la desnuclearización de Pyongyang, por el que los países participantes en el diálogo nuclear entregaron un total de 745.000 toneladas de petróleo, equivalentes a 210 millones de euros.