Alea iacta est. La suerte está echada. Los jueces de la Corte Constitucional italiana darán hoy al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, el veredicto final sobre la constitucionalidad del polémico Laudo Alfano, la ley aprobada en 2008 por el Parlamento a iniciativa del Gobierno y de su ministro de Justicia, Angelino Alfano -de ahí su nombre-, que otorga inmunidad judicial a 'Il Cavaliere' y a los presidentes de la República, el Senado y la Cámara de los Diputados. Su derogación puede suponer la reanudación de los procesos judiciales contra el gobernante. El 'emperador' se prepara para ser juzgado en Roma o, una vez más, aclamado por las masas.
Los quince magistrados que componen la corte abrieron audiencia pública a las 9.30 horas de ayer y, tras deliberación, dieron el primer mazazo a los que esperan que su sentencia sea el principio del fin del berlusconismo: la Fiscalía de Milán no podía concurrir como parte en el proceso. Según las autoridades de la ciudad norteña, que aspiraban a ser representadas ante el tribunal por Alessandro Pace, «la ley viola la igualdad de los ciudadanos y se trata de una norma que no fue aprobada con el procedimiento de modificación constitucional que habría requerido». El abogado abandonó «con amargura» la sede del Constitucional exclamando «lo veo mal. Creo que el Tribunal legitimará esta ley 'ad personam'».
Lo que para los opositores es una norma creada para que Berlusconi burle las causas judiciales que le acosan, para sus defensores - los abogados y parlamentarios Niccolò Ghedini, Gaetano Pecorella y Piero Longo-, y para el representante de la Abogacía Nacional, Glauco Nori, es una necesidad de Estado para evitar la caída del Ejecutivo. Así lo expresaba el propio Nori en un texto remitido al Constitucional y filtrado por la prensa donde exigía que no se derogara la normativa porque «se provocarían daños a los cargos electivos, que no podrían ser ejercidos con el compromiso debido, pudiéndose producirse, incluso, dimisiones». Ayer, ante los jueces, negó que intentara con ello condicionar a la corte y alegó que la Abogacía «ha defendido una norma, producto legislador del Parlamento, que el Estado tiene el derecho de defender».
«Primus super pares»
El juez relator, Franco Gallo, resumió al fin los tres recursos presentados contra la 'ley Alfano': dos proceden de los jueces milaneses, uno por el caso del abogado inglés David Mills -ya condenado a una pena de cuatro años y seis meses de cárcel por falsear su testimonio a favor de Berlusconi a cambio de dinero- y otro por las irregularidades en la compraventa de derechos televisivos de Mediaset, empresa propiedad del primer ministro. El tercero proviene de un magistrado de Roma que debe decidir si archiva o procesa a Berlusconi por instigar a la corrupción de algunos senadores durante la última legislatura.
Ante estas acusaciones, sus abogados respondieron tratando de defender la constitucionalidad de la ley. Ghedini, letrado de confianza de Berlusconi, alegó que «la normativa es igual para todos, pero no siempre su aplicación» y descartó que la ley de inmunidad sea aplicada sólo con ciertos delitos. Pecorella, por su parte, inventó un nuevo latinismo al considerar que no se puede considerar al primer ministro como «igual al resto de parlamentarios, es decir, no es un 'primus inter pares', sino que tiene que ser considerado como un 'primus super pares'», ya que es el «único de ellos que recibe su legitimidad de la voluntad popular».
Derecho de defensa
Otro de sus abogados, Piero Longo, afirmó que no se trata de una ley de inmunidad sino una mera tutela del derecho de defensa de un alto cargo'. «Dado el difícil sistema geopolítico en el que vivimos», con las citas internacionales de Berlusconi, «sería para él imposible desarrollar a la vez su trabajo y tutelar su derecho a defenderse como imputado». El abogado además recordó que la ley en disputa recoge todas las indicaciones de la sentencia de 2004 con las que la Corte Constitucional tumbó su precedente llamado Schifani-Maccanico.
'Il Cavaliere' vive su particular invierno en el poder a los 73 años. Acosado por los escándalos sexuales en su villa de veraneo de Cerdeña y las protestas por la situación de la libertad de prensa en el país alpino que el sábado pasado reunieron a centenares de miles de personas en Roma, la oposición se frota las manos ante una eventual sentencia que termine con la impunidad de Berlusconi y le obligue a convocar elecciones anticipadas entre el 21 y el 22 de marzo. Hasta los suyos le abandonan. El presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, renunció caballerosamente el pasado día 2 a la inmunidad para permitir que siga adelante una querella interpuesta contra él por un antiguo fiscal por difamación.
Distancias con un primer ministro acosado que, como los césares, se ve rodeado de conspiraciones y promete no renunciar al mandato de las urnas. «El más triste de los hombres», así podría sentirse, como el emperador Tiberio, quien espera hoy la decisión de los jueces. Alea iacta est.