Los familiares de los tripulantes del 'Alakrana' afrontan hoy el quinto día desde el secuestro con el alma en un puño, el mismo con el que se aferran al móvil. La fugaz comunicación telefónica que pudieron establecer el domingo con sus seres queridos les ha dado ánimos para seguir adelante, aunque la captura de los dos piratas por parte de los soldados españoles destacados en la fragata 'Canarias', tras abrir fuego contra ellos, les llena de desazón. «Por favor, que les rescaten, pero no a las bravas», ruega Mari Ángeles Jiménez, la mujer de Gaizka Iturbe, engrasador del 'Alakrana'.
Las familias temen que Defensa prosiga con su demostración de fuerza y se decida a abordar el atunero. «Yo no soy quién para decirles lo que tienen que hacer -apunta Mari Ángeles-. Pero mi marido salió vivo de mi casa el 20 de julio y pido que llegue de la misma forma, con sus compañeros».
Porque la entrada en acción de la fragata de la Armada tiene una doble lectura: lo que Defensa interpreta como un paso adelante en el camino a la liberación de los secuestrados, para los allegados de la tripulación es un hecho que puede desatar las represalias de los piratas contra los suyos. «Tenemos miedo de que, en alguna maniobra militar, alguien pueda salir dañado y no se resuelva felizmente», señala la esposa de Iturbe, que aguarda noticias en su domicilio de Sestao.
El otro patrón del 'Alakrana', Jesús Mari Iribar, comparte el temor de Mari Ángeles. Está «muy preocupado» por la actitud que adopten los piratas tras sufrir la baja de dos de sus compinches. Iribar sabe que es gente peligrosa; recuerda lo «cascados» que volvieron los tripulantes del 'Playa de Bakio'. «Pasaron miedo porque parece que los secuestradores, cuando están a bordo, beben mucho, se emborrachan y se pone violentos».
Pendientes de las noticias
Los familiares se aferran a las palabras que les oyeron decir por teléfono: que «no les tratan mal». E intentan hacer vida normal, como si fuera posible. «Es muy difícil, pero tratamos de seguir con nuestros quehaceres», admite Silvia Albes, la esposa de Pablo Costas, uno de los marineros de Pontevedra.
Viven pendientes de las noticias; cualquier frase, cualquier comentario relacionado con el secuestro es minuciosamente diseccionado, como si escondiese una clave oculta. «Estamos cansados de que nos digan una cosa por una parte y después otra», reconoce Cristina, la hija del patrón gallego, Ricardo Blach. Periodista de profesión, Cristina es consciente de que uno de los «problemas» de las familias es el exceso de información que reciben a diario. Por ejemplo, la ministra de Defensa, Carme Chacón, puso ayer en palabras uno de sus mayores temores: que el secuestro se prolongue durante más tiempo que el del 'Playa de Bakio, que duró seis días. «No ha dicho por qué», se cuestionaba ayer la hija del patrón.
«La espera de noticias es angustiosa. No poder hacer nada también es muy angustioso», añade Mari Ángeles, aunque para ella sea un «secuestro anunciado». «Llevábamos mucho tiempo así, con este temor». «Ahora sólo esperamos que se resuelva rápido y muy felizmente».