Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Vizcaya

05.10.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Aparece el cadáver de un joven discapacitado psíquico que había huido de un centro de la Diputación en Orduña. Esa es la noticia. Tras ella, el encogimiento fugaz que sigue a las desgracias. A continuación llegan algunas preguntas. ¿Se había escapado un discapacitado de un centro de la Diputación? ¿Cuándo? ¿Cómo ocurrió? ¿Le estaban buscando? ¿Quiénes? ¿Con qué medios?
Pronto esos interrogantes terminan reuniéndose en uno solo. En uno enorme. ¿Por qué no sabíamos nada? Quizá no hayamos estado al tanto de la actualidad local en los últimos días, pero me temo que no es el caso. No sabíamos nada porque nadie ha dicho nada. Eso ha provocado que conozcamos la noticia por el final, por el cadáver, y que tengamos la sensación de que, además de la muerte de un ser humano, en este asunto hay alguna cosa más que lamentar.
Parece que el joven sufría una severa discapacidad, era gitano, huérfano, y rondaba la treintena. Parece que ya había intentado escaparse anteriormente. El martes, mientras unos compañeros daban un paseo con algunos monitores, aprovechó la confusión provocada por otro interno para huir. Se avisó a la Ertzaintza y se le buscó, aunque no queda muy claro cómo. Incluso volvió a vérsele por la zona. Ayer, un vecino encontró su cuerpo a dos kilómetros de la residencia, en un río que tiene metro y medio de profundidad.
Habrá que esperar a que la investigación aclare lo ocurrido, pero las preguntas no desaparecen. ¿Cómo pudo un discapacitado psíquico severo pasar cinco días escondido cerca del centro sin que nadie diese con él? ¿Cuánta gente y con qué intensidad se le buscó? ¿Por qué no se hizo pública su desaparición y se solicitó, como otras veces, la colaboración de los vecinos? ¿Por qué el alcalde de Orduña no supo nada hasta el sábado? ¿Habría transcurrido todo del mismo modo si el enfermo hubiese tenido familiares ante los que el centro debiese responder? A estas horas tenemos demasiadas preguntas y una única certeza: el fallecido no podía cuidar de sí mismo y quienes debían hacerlo por él han fallado de un modo irreparable.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Te ofrecemos todos los eventos de cada día: teatro, conciertos, exposiciones...
Vocento
SarenetRSS