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Sociedad

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Otro atunero vasco zarpa hoy de las Seychelles hacia aguas de Somalia
05.10.09 -

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«Estamos acojonados, pero mañana salimos»
Pesqueros españoles aguardan en el puerto de Victoria antes de hacerse a la mar./ I. DOMÍNGUEZ
La verja del puerto de Victoria, la capital de Seychelles, se abría ayer por la tarde para dejar salir hombres recién duchados. Senegaleses, ghaneses, malgaches, indonesios... y un gallego. «Salgo para desconectar y tomar una cerveza, porque si no te vuelves loco», cuenta Felipe, del 'Txori Argi', con base en Bermeo. Se van mañana. «¿Cómo estamos? Pues acojonados, pero hay que salir», resume. La pesca del atún en el Índico ya es dura de por sí, cuatro meses en el barco y dos en casa. O casi al revés, la casa es el barco y se van a tierra de vacaciones. Un mes en alta mar, vuelta a descargar, unos días en el puerto y otra vez. «Psicológicamente tienes que estar bien armado, pero ya con esta carallada...».
Levantarse a las cinco de la mañana para trabajar hasta la seis y media, siete días a la semana, e irse a dormir con un ojo abierto acaba con la cabeza de cualquiera. Cada marinero hace guardias de dos horas. Todos temiendo que les pase a ellos. «Lo hablábamos estos días: a uno le va a tocar la china, es como en la guerra», comenta otro compañero que sale luego, José. «Nosotros, los marineros, vamos donde nos mandan», añade otro José, de otro barco, el 'Intertuna', que sale aún sin duchar porque acaba de terminar de descargar. Ellos zarparán el martes o el miércoles.
Ayer había tres barcos españoles en Victoria. No todos los marineros querían hablar, porque han tenido malas experiencias con los periodistas, que les cambian las cosas que dicen. Estos tres, gente campechana y de una pieza, son todos de Baiona y todos conocen a alguien en el 'Alakrana'.
Pendientes del telediario
Es más, en el 'Intertuna' hay gente con familiares en el barco secuestrado. José, del 'Txori Argi', cuenta que uno de sus grandes amigos tenía que estar en el 'Alakrana', pero llegaba dos días más tarde: «Yo no sabía si había embarcado o no, le llamé corriendo y estaba que no podía ni hablar». También conocen al patrón y comentan la mala sangre del destino, pues parece que es su último viaje antes de jubilarse. Igual que los del 'Intertuna', que llegó el jueves, piensan que se cruzaron con el 'Alakrana', que salió el miércoles, y ya es mala suerte, porque le cogieron cuando acababa de empezar a faenar.
Es inevitable que las vidas y el azar de esta remota colonia de pescadores de las Seychelles, la mayoría vascos y gallegos, se entrecrucen. Son una familia de 27 barcos, con una veintena de españoles de media, mínimo unas cuatrocientas personas. Están aquí por el atún, un buen negocio, pero hasta eso va mal. «Malísimo. Desde que empezó la movida ésta de los piratas va peor. Es que es cerca de Somalia donde más se pesca», explica José, del 'Intertuna'. Pero ahora hay que salir, aunque sea con el miedo en el cuerpo, porque hay que arreglar el año. El último trimestre es el mejor. «Me dice mi mujer que les tenemos todo el día pendientes del telediario».
No sólo tira el atún, también empuja la crisis. Felipe trabajó en el mar cuatro años, pero en 2003 lo dejó por un puesto en tierra, en una filial de Citröen. Pero al cabo de seis años, con la crisis, empezaron a echar gente. ¿Qué hacer? Sólo queda el mar. Se embarcó otra vez en julio. Cuando llama a casa su hija le pregunta si está bien y si ha visto a los malos. «Claro, es pequeña, se imagina a los piratas como los de las películas», sonríe. Pero es que incluso en tiempos de crisis este trozo de economía, del que dependen directamente 400 familias españolas, se siente abandonado. «¿No hacemos dinero? ¿No sacamos empresas adelante? ¿No pagamos impuestos? ¿Y por qué los militares no me protegen a mí y en cambio están en Afganistán, que no sé qué se les ha perdido?». Están muy quemados con el Gobierno.
Otros, como José, ni piensan en dejar el trabajo por uno de tierra: «Tengo 48 años y llevo en esto desde los 14, no sé hacer otra cosa». Todos se alejan hacia el pueblo, que es nada, cuatro calles, con un bar, el 'Pirata' y una discoteca, 'El Barril'. Para intentar pasar un rato sin pensar que tienen que zarpar.
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