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BALONCESTO

La presentación del Bizkaia BB habla en favor del potencial de los vitaminados hombres de negro

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Fue un partido de presentación, un bolo, una jornada de trabajo, lo que quieran. Pero sirvió para confirmar los pálpitos que hablan en favor de la pegada que pueden presentar en este campeonato los hombres de negro. Sin defensas o con ellas narcotizadas por el afán de esconder el arsenal táctico que irá apareciendo desde el próximo domingo, cuando los triunfos cuenten de verdad, el duelo visto en el 'nuevo' BEC satisfizo en líneas generales. Porque fueron los recién llegados los que comenzaron dando, sin que los veteranos de la clase se quedaran atrás.
No son estos compromisos crisoles de los que emane alguna aleación desorbitadamente valiosa. Por ello, precisamente, que se pueda extraer un buen número de razones para apuntalar la confianza es una feliz moraleja. Porque de aciertos viven los equipos que quieren dejar de ser pequeños, los que buscan cambiar de talla. La primera muestra de puntería del Bizkaia BB radica en sus fichajes. Por supuesto que la película aún no ha comenzado, pero no son los actores contratados de los que se les vaya a olvidar la frase subrayada. Chris Warren se llevó la palma en Ansio. Su capacidad de trabajo es brutal. Tanto que pasó parte de la tarde del viernes practicando el tiro en el BEC. Solo, sabedor de que necesita mejorar sus porcentajes, pues pese a los 20 puntos anotados ayer dista de responder al perfil de castigador de aros de larga distancia. Lo suyo es pisar el infierno, vérselas cara a cara con los malignos que le salgan al paso. Los mismos a los que es capaz de desquiciar en defensa.
Suyo fue el primer apunte de la matinal. Un mate irrefutable. Un grito traducido por «aquí estoy». Bienvenido. Lo mismo que Moiso. Y eso que el francés ejecutó ayer las variantes de los rectificados a aro pasado en lugar de imponerse por encima de la canasta. Quizá lo buscaron los locales, aunque se sepa de sobra el alcance de sus virtudes. Y Mumbrú compuso el triángulo al que no tardará en llegar Javi Rodríguez, cuyo rol es más sacrificado o menos vistoso en lo personal. El alero campeón del mundo y de Europa recibió el respaldo popular, con los aficionados en pie, cuando recibió un obsequio por su oro de Katowice. Despúes, sobre el parqué, no hizo quedar mal a quienes han destacado sus excelencias en la generación de juego desde el poste bajo. Sus cinco asistencias fueron una a una aclamadas. Pudieron ser más, pero hubo pases que hasta pillaron en fuera de juego a sus compañeros.
También fue novedosa la aparición en escena de Blums como escolta puro en fases del partido. El letón agradeció la posición con una serie de cuatro triples sin desperdicios y también retornó ocasionalmente a sus antiguas funciones de organizador.
Todo ello con las lagunas también lógicas (nueve pérdidas en el tercer cuarto) ante un Dynamo de Moscú del que se había puesto en tela de juicio su capacidad tras caer con estrépito en dos ocasiones ante el Obradoiro. Le falta rotación al cuadro ruso, pero cuenta con un señor quinteto, con el base Syrovatko convertido en una gratísima sorpresa. Pedazo de jugador, con recursos en ataque, infalible bajo el aro, perseverante en defensa y un físico descomunal que le llevó en el tramo final del choque a intentar un mate sencillamente demoledor. No se quedó atrás el internacional y ex NBA Sergey Monya, ni el gigante Savrasenko.
Puede que el destino vuelva a unir a bilbaínos y moscovitas en la senda de la Eurocup. Los hombres de negro parecen capacitados para lo que sea menester.
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