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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Cultura

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El último Premio Nacional de la especialidad avala los 25 años de Stua, una empresa guipuzcoana que mezcla las líneas nórdicas y las curvas mediterráneas

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Las oficinas de Microsoft en Seat-
tle y las torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia, tienen algo en común: en las sedes de las dos compañías hay muebles de una empresa vasca, ganadora del último Premio Nacional de Diseño. Localizada en Astigarraga (Guipúzcoa), Stua elabora sillas, sillones, mesas y librerías, sólo 12 modelos en una trayectoria de 25 años, hecha con una combinación de líneas nórdicas y racionalistas con las curvas sensuales de aire mediterráneo.
La empresa está formada por Jesús Gasca y su hijo Jon, los dos ingenieros, y surgió de una encrucijada en la que se encontró el mayor a finales de los setenta. «Mi padre diseñaba y fabricaba unos cuadros eléctricos enormes, una industria muy fuerte en el País Vasco que entró en crisis en aquella época. Como alternativa pensó en tres opciones para montar un negocio: la energía solar, la informática y el mobiliario de diseño. Lo primero no estaba muy desarrollado, en lo segundo era muy difícil entrar y se decantó por los muebles, porque siempre le han gustado cosas reales, tangibles y contemporáneas», explica Jon Gasca.
El primer objeto que salió de la empresa, a mitad de los años ochenta, fue una silla plegable que ya no se fabrica. Pronto empezaron a distribuirse otros diseños a nivel internacional, que hoy se utilizan en la central europea de Coca-Cola en Bélgica y en la sede de Nokia en Finlandia, entre otros lugares. No es difícil encontrarse con la silla Globus o el taburete Onda en casas, bares y oficinas de países de los cinco continentes.
Sensualidad
«Desde el primer momento mi padre buscó un mueble que se pudiera exportar y siguió la inspiración del diseño nórdico, muy depurado, aunque nuestras sillas y butacas tienen muchas curvas. ¿Por qué? Porque el cuerpo humano también las tiene. Si buscáramos una definición a lo que hacemos, diríamos que le damos sensualidad mediterránea a una concepción racionalista del diseño», explica.
Jon Gasca considera un error asociar los muebles a la moda. De hecho, los clásicos del siglo XX a los que él admira y colecciona aún siguen vigentes. «Es como si quisieran hacernos creer que hay que cambiar de sillones cada temporada. Nuestra aspiración es la contraria, que nuestros objetos acompañen a las personas durante mucho tiempo. Después de 25 años, sólo tenemos 12 piezas, porque tenemos esa voluntad de permanecer. Para que las cosas duren, hace falta invertir trabajo en ellas».
En el 'laboratorio' de Stua se idean prototipos que se van modificando hasta que acoplen a las intenciones y expectativas proyectadas en el mueble. «He tenido una butaca que ha estado en mi despacho tres o cuatro años hasta que hemos logrado afinarla para que saliera al mercado. El concepto estaba ahí, pero hay que estar seguro de que eso es lo que realmente querías».
Como Jesús y Jon Gasca aspiran a la sencillez, delante de uno de sus diseños se preguntan, en vez de qué pueden añadir, qué necesitan quitar para que funcione. También pretenden que sus creaciones sean reconocibles a primera vista, un deseo que ahora, en tiempos de piratería, se impone también como una obligación. «Así es más difícil que te imiten, pero nadie puede estar seguro de nada».
Objetos «democráticos»
Su página web recoge fotos de falsificaciones sacadas en países como China, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y también en España. «Es una auténtica enfermedad. En toda nuestra historia sólo hemos hecho tres sillas y las tres están pirateadas. Es el mayor daño que te pueden hacer, no sólo por lo que dejas de vender sino, sobre todo, porque puede haber gente que piensa que esa copia mal hecha realmente la haces tú, y entonces pierde la confianza en tu producto».
Jon Gasca se queja de que los piratas asiáticos, la mayor amenaza para su mercado, no paguen sueldos justos ni se preocupen en depurar las aguas empleadas en los procesos de fabricación. «Cuidar el entorno es para nosotros algo básico porque nos dedicamos al diseño para mejorar los espacios, para hacerlos más cómodos y bellos. Por eso no entendemos a los que lo ensucian», resalta.
Todos los materiales de sus muebles tienen el símbolo de la Unión Europea, de modo que la tela es danesa; el acero, sueco; la madera, francesa y el aluminio sale de Vizcaya. El padre diseña la maquinaria, «porque si no existe la tecnología para hacer determinados moldes o inyecciones, uno tiene que inventarla».
Además, los instrumentos propios y el reducido catálogo de Stua les permiten hacer grandes ediciones de sus muebles y así venderlos a precios «democráticos». A modo de orientación, la silla Globus, quizá la más conocida de su colección, cuesta 119 euros.
El éxito de Ikea ha tenido a juicio de Jon Gasca un efecto positivo, pues ha divulgado el diseño entre personas que antes no estaban familiarizadas con él. «No estoy seguro de que su estilo de muebles se pueda considerar escandinavo, aunque su sede esté en Suecia, pero en todo caso sí que han ayudado a aumentar la sensibilidad hacia el mueble contemporáneo. Gracias a ellos mucha gente pasa al siguiente escalón cuando se les estropea lo que tienen, y ahí se pueden encontrar con nosotros».
La sociedad evoluciona hacia «cosas más ligeras, más cómodas y con más diseño», y los Gasca, padre e hijo, tratan de responder a esta demanda con muebles acoplados a esas directrices. El diseño elitista permanecerá, pero ellos no quieren «dar un perfil alto» que a su juicio no les corresponde.
¿Los sillones de cartón de Frank O. Gehry? «Son muebles de arquitecto, casi esculturas, preciosas y bien fabricadas, muy exclusivas también. Si alguien quiere darse un capricho...», contesta Jon Gasca.
Él, de hecho, se da un homenaje de vez en cuando, ya que colecciona piezas que admira. Entre ellas las del matrimonio Eames, Charles y Ray, que construyeron su casa en una colina cercana a Los Ángeles con paneles de acero, y a los que el museo Artium de Vitoria dedicó una exposición en 2003.
Jon Gasca creció entre muebles contemporáneos y asegura que la entrada en Stua fue suave y fácil ya que el concepto de diseño de su padre «es muy claro y coherente: sólo hace falta seguirlo».


i.esteban@diario-elcorreo.com
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