Dijeron Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina durante su gira conjunta que «hoy puede ser un gran día», y ayer lo fue realmente para los socialistas vascos. El PSE eligió esta mítica canción del cantautor catalán para dar el pistoletazo de salida a su sexto congreso. Pero no fue la única. La cita, sin precedentes en la historia del partido, estuvo cargada de simbolismo: es la primera vez que la formación celebra su congreso desde el Gobierno vasco y con un secretario general como lehendakari, y eso impregnó toda la jornada. Como apuntó en su intervención la secretaria de Organización del PSOE y 'número tres' de José Luis Rodríguez Zapatero, Leire Pajín, «no hay nada mejor que acudir a una cita como ésta con los todos los deberes hechos».
A las nueve y media de la mañana, decenas de militantes de los tres territorios históricos hacían cola en el Palacio Euskalduna de Bilbao para recoger sus acreditaciones. Una hora más tarde, la organización cifraba la asistencia en más de quinientos delegados. Nadie quiso faltar a un cónclave que había sido calificado desde la ejecutiva como «especial». «Nuestros rostros lo dicen todo. Se respira un aire de felicidad. Es 'demasiao'», reconocía desde el atril el secretario general del las Juventudes Socialistas, Aitor Casado. A su espalda, Rodolfo Ares y Patxi López, que optaron por dejar en casa el traje y la corbata, le dedicaban una sonrisa. La entrada de ambos en el auditorio, en compañía del presidente del PSE, Jesús Eguiguren, despertó la mayor salva de aplausos de la jornada. La euforia por el objetivo cumplido se desató entre los militantes, que ya por la tarde, reelegirían por aclamación a su líder.
El sueño de Enrique Casas
El actual escenario político provocó que el congreso socialista transcurriera en un ambiente distendido, de unidad. «¡Guapa!», gritaron los afiliados a Rafala Romero cuando ésta subió al escenario para ocupar su sitio como presidenta del congreso. La máxima representante de las Juntas Generales de Guipúzcoa protagonizó uno de los momentos más emotivos de la cita al recordar con cariño a todos los afiliados a los que ETA arrebató la vida. «Enrique Casas tuvo una vez un sueño, que hoy protagoniza Patxi López», expresó ante un auditorio entregado.
Junto al terrorismo, la crisis y la situación de los atuneros vascos centraron la mayoría de las conversaciones de los corrillos que se formaron tanto al inicio del acto como durante el descanso del mismo. Fue también un día de reencuentros. Pese a que Patxi López fue investido lehendakari hace cinco meses, muchos fueron los afiliados que quisieron aprovechar la cita para felicitar en persona al jefe del Ejecutivo que, móvil en mano, no dudó en pararse a hablar con todos los que a él se acercaban. Otros prefirieron inmortalizar el momento con su cámara de fotos. Y todos, sin excepciones, apostaron por revivir la experiencia dentro de cuatro años.