Martes, 29 de septiembre de 2009. La fecha quedará grabada para siempre en la memoria de José Ignacio Goirigolzarri. Ese día su trayectoria en el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria quedó quebrada tras ocho años como consejero delegado y treinta al servicio de la entidad. Su relevo ha generado, además de una gran sorpresa en el sector financiero, una encendida polémica por la cuantía de la pensión vitalicia que percibirá: tres millones de euros anuales. La anunciada prejubilación de uno de los últimos eslabones que unía al BBVA con Euskadi ha sido la cruz de una moneda perfectamente acuñada por el presidente del grupo, Francisco González, quien ha nombrado 'número dos' a un hombre de su total confianza, Ángel Cano; y, en una nueva demostración de poder, ha logrado ampliar su mandato cinco años más de los inicialmente previstos, hasta 2014, cuando cumplirá 70.
Desde que se conoció la sustitución, se extendió en el mercado la tesis de que 'Goiri' -como le conocen sus colaboradores- decidió abandonar su puesto el mismo martes al conocer que González se blindaba al frente del banco. Pero lo ocurrido esta semana es el colofón de un proceso que se ha ido sustanciando a lo largo de más dos años, durante los cuales la ya tortuosa relación existente entre ambos responsables se ha ido deteriorando progresivamente y ha desembocado en una situación difícil de sostener. El desenlace de ese pulso fue, según fuentes conocedoras de sus entresijos, la petición del presidente a su consejero delegado de que saliera de la entidad de forma pactada.
Tal reclamación, aseguran los citados medios, no supuso una gran sorpresa para Goirigolzarri. Pero sí truncó sus planes. El ejecutivo bilbaíno, de 55 años aspiraba -añaden- a mantenerse en el cargo pese a ser consciente desde hacía mucho tiempo de que no tenía posibilidades de hacerse con la presidencia del BBVA.
Los orígenes
Había quedado definitivamente fuera de esa carrera años antes. Según la información a la que ha tenido acceso este periódico, González -que 'atesora' una amplia nómina de relevos de directivos del llamado 'clan vasco'- puso en marcha en 2006 la maquinaria para extender su mandato más allá del plazo fijado en los estatutos. A mediados de ese ejercicio comenzó a testar internamente cómo reaccionaría Goirigolzarri si prolongaba su presidencia tras cumplir los 65 años. Algo, por cierto, que hasta entonces no había ocurrido con sus antecesores.
La estrategia del presidente del BBVA tenía una gran trascendencia. Aunque con algunas excepciones, tanto dentro como fuera del banco se veía a Goirigolzarri -quienes le conocen no dudan en afirmar que, además de un «magnífico» profesional, es una «buena persona»- como el sucesor natural de quien le había nombrado consejero delegado en 2001 en sustitución de Pedro Luis Uriarte.
De hecho, aunque no de forma taxativa, el propio González se había mostrado públicamente a favor de que 'Goiri' -que nunca fue nombrado vicepresidente, sí su predecesor- ocupara su puesto cuando él se jubilara a los 65.
Durante bastante años, el ex 'número dos' estaba «tan convencido» de que terminaría asumiendo las riendas del grupo que, según aseguran fuentes cercanas, incluso ya tenía decidido quién iba a ser su consejero delegado: José Sevilla, que el martes también 'salió' del BBVA, donde ocupaba la dirección de Riesgos.
Tras los sondeos efectuados, el presidente se decidió a finales de 2007 a dar el paso oficial para prolongar el mandato y, por lo tanto, cortar definitivamente cualquier aspiración de su segundo. Fue, tal y como lo califican medios financieros, «el principio del fin». En diciembre de ese ejercicio -exactamente cuatro días antes de Nochebuena-, el consejo de administración dio luz verde a una modificación en el reglamento de la entidad para permitir que González continuara en el cargo hasta los 70 años.
«Fue un varapalo gigantesco, una decepción enorme para José Ignacio», explica un profesional que le conoce bien. Incluso sopesó si seguir en su puesto o irse, pero «antepuso su responsabilidad profesional a sus aspiraciones», añade la misma fuente. «Superó el mal trago, lo asimiló y decidió continuar como 'número dos', trabajando como siempre para reforzar el banco».
Desde ese momento, los rumores se dispararon en los mercados en torno a que la relación entre González y Goirigolzarri estaba marcada por las discrepancias y los desacuerdos; incluso, por los enfrentamiento abiertos. En algunos círculos se llegó a decir que ni se hablaban.
Sin química
La situación no era tan radical, pero la absoluta falta de sintonía entre ambos resultaba evidente. «Era como un matrimonio de conveniencia en el que lo importante era mantener la imagen, pero en el que se había perdido toda ilusión y complicidad», describe un profesional financiero.
Presidente y consejero delegado despachaban dos o tres veces por semana y coincidían también en el comité de dirección. Un órgano en el que Goirigolzarri «apenas intervenía para evitar enfrentamientos con González, que a veces es bastante vehemente».
Pero más allá de las formas, era evidente que el tándem que dirigía la segunda entidad financiera de España se desintegraba a marchas forzadas. Algo que -explican medios del sector- no ha impedido que ambos hayan «trabajado juntos y bien» para lograr que el banco resista con una gran fortaleza la grave crisis económica y financiera. Tanto, que el Bilbao Vizcaya Argentaria se ha convertido, junto con el Santander, en un referente mundial de cómo se debe actuar en un contexto tan convulso como el actual.
Apartado
Con todo -aseguran esas fuentes-, el hasta hace pocos días 'numero dos' del BBVA «iba siendo apartado de forma paulatina de la gestión, mientras González monopolizaba la estrategia». Un capítulo reciente de esa situación es -añaden- la decisión del presidente de 'fichar' en 2008 a Carlos Torres, entonces director financiero de Endesa, como director de Estrategia y Desarrollo Corporativo. Ese área dependía antes de Goirigolzarri y Torres pasó a reportar directamente con el presidente, que concentraba así más poder en detrimento de su segundo.
El final es por todos conocido: el máximo responsable del banco ha optado por crear un nuevo equipo de su entera confianza, encabezado por Ángel Cano, y «ha sacrificado» a Goirigolzarri. González ha dado una nueva lección de poder, algo que ha venido haciendo desde que asumió la presidencia en solitario del BBVA en diciembre de 2001.