¡Maldito calor! Pablo Prigioni maldijo al ver cómo Pete Mickeal aprovechaba su pifia para correr hacia la canasta, hundir el balón en el aro y facturar para el Barça el título de la Supercopa. Este tórrido ambiente del Centro Insular, que convierte cualquier camiseta en una esponja cargada de sudor y que hace que todo resbale de las manos, puede jugar las peores pasadas en el momento más inoportuno.
Como ese balón que se le escapó el base de Río Tercero en la última posesión 'merengue', con 84-82 en contra, pero con la posibilidad de madurar un último ataque para ganar el título o forzar la prórroga, después de que Navarro hubiera fallado dos tiros libres a 17 segundos del final. El maestro de las asistencias buscó un pase interior, pero su rúbrica terminó el borrón. Lorbek fue el encargado de aprovechar el error de bulto del ex baskonista para asistir a Mickeal.
Fue el desenlace de la primera final de la temporada ACB, con dos aspirantes a todo en su etapa de maduración. La igualdad deparó un choque repleto de emociones y electrizante en su recta final, pero también trufado de imprecisiones y errores de bulto. Dos escuadras de hechuras colosales, pero muy lejos de deslumbrar como se presupone a semejante amalgama de estrellas.
Real Madrid y el Barcelona amenazan con encontrarse esta temporada incluso en la cola de la panadería. Han ido de la mano en el continuo pulso de ver quién pone el fajo más grande sobre la mesa. Ayer tuvieron su primera refriega. Sonrieron los 'culés' gracias a una pizca de fortuna y a esa magia que, sin esfuerzo aparente, destila Juan Carlos Navarro. Un auténtico 'Gran Reserva' de engañosa indolencia, capaz de desaparecer de un partido para asomar de nuevo en el momento más oportuno.
Su irrupción rompió los planes de Ettore Messina que en el tercer cuarto había visto cómo su equipo ponía contra las cuerdas a los blaugrana. Sin embargo, los jugadores 'merengues' pecaron contra el credo del técnico transalpino, un maestro en hacer que sus equipos sepan administrar rentas como nadie. Justo cuando el Barça logró recuperar terreno, Navarro hizo acto de presencia, secundado por un Erazem Lorbek que anotó 4 puntos decisivos, para afrontar los últimos treinta segundos con ventaja (84-82). Después, llegaría el desliz con los tiros libres, aunque a los genios se les perdona todo. Sobre todo cuando ganan.