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Cultura

CULTURA

La pianista Alicia de Larrocha, fallecida a los 86 años, superó sus carencias físicas gracias a una técnica impecable
27.09.09 -

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Las prodigiosas manos pequeñas
La pianista dio a conocer a los compositores españoles.
Barcelona acogía en 1929 las novedades y prodigios presentados por los más diversos países del mundo en la Exposición Universal, que cambió por completo la fisonomía de Montjuic. En uno de los numerosos actos programados se presentó una niña prodigiosa de seis años, de manos muy pequeñas, una pianista recomendada por Joaquín Turina a la que tuvieron que acomodar el piano para que pudiera llegar a los pedales. La niña se llamaba Alicia de Larrocha, y entonces no sabía que le esperaba una carrera artística colmada de éxitos, que se extendió durante más de siete décadas. El viernes murió a los 86 añosen Barcelona.
En aquel concierto tocó a Mozart, una constante en toda su carrera, en la que interpretó las obras de los compositores españoles, Granados, Albéniz, Falla, Montsalvatge y Mompou, ante aficionados de todo el mundo. Dicen los entendidos que la 'Iberia' de Albéniz le debe tanto a su autor como a la pianista catalana.
Nacida en Barcelona el 23 de mayo de 1923, fue hija y sobrina de discípulas de Enrique Granados, en cuya academia estudió con el sucesor del maestro, Frank Marshall. Ella misma dirigió el centro musical desde mediados de los cincuenta del pasado siglo.
Apoyo de Rubinstein
Su debut con orquesta sinfónica tuvo lugar en su ciudad natal cuando ella tenía 11 años, momento en que empezó a tocar por distintas ciudades españolas hasta que estalló la Guerra Civil. Al poco de que ésta terminara, Larrocha reemprendió sus conciertos y en 1947 se embarcó en su primera gira europea. A comienzos de los cincuenta contrató como representante a Herbert Breslin, que también lo era de Pavarotti. Gracias a él tocó por primera vez en Londres en 1953 y dos años más tarde dio el salto a Estados Unidos, inicio de una carrera norteamericana apoyada por nada menos que Arthur Rubinstein, que ya no se interrumpió hasta que dejó el escenario.
Baja de estatura, de brazos cortos y manos pequeñas, Larrocha parecía tener todos las dificultades físicas para llegar a ser una gran pianista. La intérprete catalana superó todos estos obstáculos con una técnica impecable, base de un estilo austero, sin adornos, luminoso.
Quienes la conocieron invariablemente subrayan su sencillez, a pesar de ser considerada como una de las mejores instrumentistas de su generación. La soprano Victoria de los Ángeles, de su misma edad, fue una de sus mejores amigas desde niña, y también colaboró con Pilar Lorengar y Montserrat Caballé, así como con el violonchelista Gaspar Cassadó.
Casada con el también pianista Juan Torra, tuvo dos hijos, Juan Francisco y Alicia, y entre sus numerosas distinciones figuran dos premios Grammy y el Príncipe de Asturias de las Artes en 1994.
Larrocha se retiró cuando cumplió los 80 años, en 2003, después de una trayectoria que le llevó a los escenarios de los cinco continentes. Por aquellos días, también dio un consejo a los jóvenes pianistas: que no olvidaran a los románticos, especialmente a Schumann, al que dedicó tantos recitales.
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