La nueva plaza Corazón de María integrará las ruinas del convento de los franciscanos en un espacio público que aspira a convertirse en el centro del barrio. La propuesta presentada ayer por Bilbao Ría 2000 dibuja un recinto de 10.000 metros cuadrados que sólo deja al descubierto el claustro, como un espacio ajardinado. El resto del yacimiento se cubrirá, aunque será visitable, con una plataforma donde se habilitarán zonas de estancia y juegos infantiles.
El proyecto, que está previsto llevar a cabo en 2010, es «algo más que una obra de urbanización. Se trata de revitalizar el entorno y todo el barrio», afirma el director de la oficina de rehabilitación de Bilbao La Vieja, Javier Rojo. En realidad figuraba en la primera fase del plan, pero ha resultado una apuesta de largo recorrido. En primer lugar, se trasladó el colegio a Miribilla para derribar el antiguo edificio. Luego, los sondeos previos a la construcción de un aparcamiento revelaron que allí abajo, a cinco metros de profundidad, había un pedazo de la historia de Bilbao.
Las ruinas del convento, de finales del siglo XV, se impusieron al parking y se han convertido en una seña de identidad, algo que no se encuentra en otras plazas. Se pensó incluso en dejarlas al aire libre o con una cubierta transparente, pero se ha apostado por otra fórmula para ganar más espacio. Los ciudadanos podrán bajar al claustro mediante unas rampas y visitar también los restos de la iglesia, que en su tiempo fue la mayor del País Vasco, y de la sala de terciarios donde se reunían los monjes. Las ruinas están al nivel del sótano del centro cívico, por lo que «quizá podrían interconectarse», afirma el director de proyectos de Bilbao Ría 2000, Javier Marzana. De momento, no se ha tomado esa decisión. La sociedad pública construirá una estructura para aislar el yacimiento que a su vez será el soporte de la plaza.
A la sombra de los tilos de Corazón de María, que se han mantenido firmes pese al deterioro de la zona, se habilitarán 'txokos' con parterres, bancos «amplios y cómodos» y piso de adoquín o ladrillo. También habrá dos zonas de juegos infantiles, una de ellas junto a la futura haurreskola. Son algunas pinceladas del dibujo que se ha elaborado tras consultar a nueve equipos de arquitectos del barrio y marcar prioridades. El objetivo es aprovechar el espacio disponible y el potencial de los restos arqueológicos para dar un impulso al proceso de regeneración del barrio.
Se busca un lugar seguro «sin recovecos ni zonas cerradas», con una potente iluminación. Los soportales que rodean la plaza dejarán de ser «un espacio marginal» para integrarse en el conjunto, con el mismo pavimento. En las lonjas se tratará de impulsar, en colaboración con Lan Ekintza, la instalación de actividades como bares con terraza y comercios. También se restringirá el tráfico y se ampliarán los espacios verdes. Estas son las bases de la propuesta que se presentará a vecinos y asociaciones a partir de octubre.
«No es un proyecto cerrado, sino un punto de partida», afirma el director del área de Obras y Servicios, Fran Víñez. «Para que sea un éxito, el barrio tiene que colonizar ese espacio». Durante un mes se organizarán talleres y reuniones para que los vecinos aporten ideas a la que será su plaza. Después se redactará el proyecto constructivo, que marcará el presupuesto. El objetivo es iniciar las obras el año que viene para que el cambio sea una realidad a principios de 2011.
t. abajo@diario-elcorreo.com