Los operarios que trabajan en la construcción de la Torre Iberdrola atacan esta semana el piso vigésimoprimero del coloso de hormigón, acero y cristal. El cometido lo afrontan con especial ilusión, ya que los empleados saben que no se trata de una planta más. Cuando la rematen, la estructura se convertirá en el edificio más alto de Euskadi con 96 metros, dos más que el Bilbao Exhibition Centre (BEC). El que será el faro de los negocios de la capital vizcaína domina ya el cielo de la villa. Los bilbaínos tienen una nueva referencia en su horizonte, por encima de los 85 metros de la sede del BBVA en la Gran Vía y de los 83 de las torres de Isozaki. Y sólo es el principio, ya que el rascacielos crecerá hasta los 165 metros.
Las obras de la Torre Iberdrola van viento en popa, aseguran sus responsables, quienes confían en que las previsiones se cumplan y el futuro buque insignia de la eléctrica vasca esté finalizado para mediados de 2011. Su esqueleto de cemento lo estará mucho antes. Los trabajos ya han rebasado su ecuador. Además de las 20 plantas se ha edificado una de servicios, el vestíbulo de 10 metros de altura, los sótanos y una bañera de 20 metros de profundidad que da empaque a los cimientos. Ahora, el que ya es el techo de Euskadi avanza a un ritmo de un piso por semana, gracias a la aplicación de una maquinaria especial autotrepante. Un ingenio que permite depositar rápidamente el hormigón y escalar poco a poco, a medida que fragua el conjunto. Una técnica que se ha empleado también en el BEC y en algunos de los rascacielos más conocidos del mundo, como la Torre Agbar de Barcelona o las Trump Towers de Nueva York.
Además de los obreros dedicados al encofrado, trabajan desde hace dos meses los especialistas en vidrio. Hasta la fecha se han acristalado ya nueve plantas. Aproximadamente cada cinco días se concluye una. El plan de edificación obliga a dejar una separación de diez pisos entre el muro cortina, que es el envoltorio de seguridad que rodea la azotea de la torre, y los vidrios. Serán 4.800 unidades de un cristal diseñado en exclusiva para el faro de los negocios proyectado por el argentino César Pelli. En total, la fachada tendrá 20.000 metros cuadrados de piel transparente.
«Esto va a ser la guerra»
La relativa tranquilidad de esta fase del plan de obra se verá alterada en el plazo aproximado de dos meses. Y es que en noviembre van a entrar en liza los diferentes gremios: electricidad, fontanería, carpintería, ascensores... «Esto va a ser la guerra», comentaba esta semana uno de los responsables del proyecto. En la futura sede de Iberdrola, la crisis no existe. Hasta 350 operarios desarrollarán su labor profesional de manera simultánea. Una pequeña torre de babel, con obreros de una docena de nacionalidades. La jornada laboral es de 24 horas. A turnos, pero nunca se para.
Sólo los acabados interiores costarán 20 millones de euros. La tarea ha recaído en la empresa vizcaína Promociones y Construcciones Balzola. También se conoce ya cuál será la compañía que se encargue de la climatización del inmueble. Un aspecto en el que el arquitecto César Pelli ha puesto mucho énfasis, ya que la eléctrica quiere que el techo de Euskadi sea lo más eficiente posible desde el punto de vista energético.
En este sentido, el aire acondicionado y la calefacción suponen una parte muy importante del gasto de electricidad previsto. El objetivo es minimizarlo al máximo. Para ello han confiado la labor a la multinacional japonesa Mitsubishi Electric.
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