
Agentes de élite toman posiciones en un helicóptero de la Ertzaintza. / TELEPRESS
Hoy la Ertzaintza ha vivido un momento histórico. Por primera vez, la base de Berroci ha recibido una visita oficial de parlamentarios, que se han prestado a participar en las diversas simulaciones que han realizado los agentes de élite. Entre estos ejercicios ha estado el rescate de secuestrados, intervenciones con helicóptero y la actuación de perros adiestrados en la búsqueda de drogas y explosivos.
La apertura de estas instalaciones de una forma pública rompe con más de dos décadas de secretismo alrededor del cuartel situado en un valle alavés, cuyo interior se ha mantenido resguardado de los ojos ajenos a la Ertzaintza desde su creación hace 29 años.
La base de Berroci está situada en un pequeño valle en los montes de Vitoria, a unos veinte kilómetros de la capital alavesa. La historia de la Policía vasca comienza allí, en un pueblo abandonado que el Gobierno autónomo compró de forma casi secreta en 1980. Este periódico fue el primero en publicar, en julio de ese año, la existencia de una base oculta del Ejecutivo donde instructores británicos se encargaban de la formación policial de 25 jóvenes, todos ellos militantes del PNV.
Pese a la evidencia de los hechos, el entonces consejero de Interior, Luis María Retolaza, se negó a comentar la noticia y cuando tres parlamentarios socialistas acudieron a visitar las instalaciones se les negó la entrada. Las personas que se entrenaban allí llegaron a retirar el material fotográfico a los periodistas que se habían acercado a tomar imágenes de las instalaciones.
Berroci sirvió de lugar de entrenamiento a un embrión de la Ertzaintza que, en un primer momento, se ocupó de la seguridad de los miembros del Gobierno vasco. El avance de las transferencias y las gestiones del PNV y UCD fueron consolidando este núcleo hasta dar origen a la actual Ertzaintza. Muchos de sus componentes son ahora los actuales mandos del Cuerpo y la instalación se convirtió en el cuartel de las unidades de élite de la Policía autónoma.
En todos estos años, las visitas a la base han estado limitadas y nunca han tenido carácter abierto. Tras la marcha de Retolaza, las siguientes consejeros siguieron manteniendo el aura de misterio y hermetismo alrededor del pueblo alavés.
Explosión fortuita
El cuartel de élite ha estado sumido siempre en una bruma de discreción absoluta, aunque esta circunstancia se vio alterada en julio de 2003, cuando una explosión fortuita de material incautado a ETA hirió gravemente a tres ertzainas y causó abundantes daños.
En aquella ocasión, la Guardia Civil acudió a inspeccionar la base, ya que es el cuerpo competente para revisar los almacenes de explosivos. Los agentes del instituto armado se habían enterado por la Prensa de la detonación, ya que no había sido comunicada de forma oficial por el Departamento vasco de Interior. La inspección reveló, según un informe oficial de la época, graves deficiencias en el almacenamiento de explosivos, ya que se utilizaban polvorines que apenas habían sido reformados desde la creación del propio cuartel.