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Vizcaya

política de accesibilidad

Personas con movilidad reducida se quejan de lasdificultades para recorrer la villa, y el Ayuntamiento destaca el esfuerzo económico realizado este año

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Bilbao gasta 5 millones para rebajar aceras
Fekoor recogió la demanda de Kerman y luchó hasta conseguir un ascensor que salvara las nuevas escaleras de Abandoibarra. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: GABRIELA BARNUEVO
Es un asunto en el que cuesta ponerse de acuerdo. El enfrentamiento entre un colectivo no conforme con lo que recibe y un Ayuntamiento que defiende su trabajo. Los bilbaínos que conducen una silla de ruedas llevan años reclamando la adecuación de la villa a sus limitaciones, la apertura de vías alternativas que les permitan superar obstáculos para ellos insalvables. Los bordillos de las aceras en los pasos de cebra son el talón de Aquiles de las personas con movilidad reducida. El Consistorio defiende su gestión y repasa las inversiones que se realizan este año para hacer de Bilbao un lugar más accesible. Responsables del Área de Obras y Servicios calculan que cuando acabe 2009 se habrán gastado 4,8 millones de euros sólo en rebajar las aceras, «casi el doble que en 2008». Una operación enmarcada en la política de accesibilidad de las nuevas obras. «Es difícil cuantificar el dinero empleado en eliminar barreras arquitectónicas, porque en cada actuación pretendemos facilitar el tránsito de gente con dificultades, pero la inversión se puede situar perfectamente en torno a 10 millones de euros».
Fekoor es la Coordinadora de Personas con Discapacidad Física de Vizcaya. Sus directivos han suscrito acuerdos con el Ayuntamiento. No obstante, la fluida relación institucional no impide que haya voces discrepantes en el seno de la coordinadora. «No se hace lo suficiente por nosotros. En Bilbao es la persona con discapacidad la que se adecúa al medio, y no el medio a la persona», protesta Javi Cueva, trabajador de la asociación. El descontento se apoya en barreras concretas. «Los rebajes son peligrosos y podemos accidentarnos. Hay algunas aceras a las que se les ha quitado altura y, aún así, nos cuesta subirlas. Se han hecho mal algunas reformas», denuncia Iñaki.
En este debate sobre los rebajes, los técnicos municipales defienden su papel con datos. «Cada rebaje cuesta 12.000 euros y lo normal es que llevemos a cabo unos 250, pero este año hemos incrementado la cantidad a 400, al haber estimado necesario un esfuerzo económico especial». La altura excesiva de algunos bordillos reformados, en sus palabras, tiene explicación. «Es un asunto contrastado con Fekoor. Las aceras que están en curva y en cuesta presentan una elevación de un centímetro para evitar que el agua se estanque en esa zona y se formen charcos. De todas formas, la idea es que ese mismo paso de peatones presente una zona compensada con la carretera», dicen.
La historia, otra barrera
Bilbao es un lugar con mucha historia. Más de 700 años avalan esta afirmación. Sin embargo, la lejana fecha de fundación de la villa dificulta su acondicionamiento a las nuevas exigencias. Hace poco más de una década, se aprobaron la Ley 20/1997, o Ley Vasca para la Promoción de la Accesibilidad, y el Decreto 68/2000, que incluyen los conceptos de «accesibilidad universal» y «diseño para todos», con el objetivo de facilitar que estas personas se desenvuelvan con normalidad. Los responsables del área explican la demora de algunas actuaciones. «Hay muchos proyectos por desarrollar, pero poco a poco estamos completando algunas operaciones. Por ejemplo, en el distrito 6 -Abando- está casi ejecutada la totalidad de los rebajes».
Desde el Área de Obras y Servicios indican que algunas obras se complican porque «podemos encontrarnos con una red de saneamiento en un lugar en el que queremos instalar unas escaleras mecánicas. Nuestra solución es buscar una alternativa». Actuaciones que parten de la iniciativa municipal y de la solicitud de algún vecino. «Hay problemas que no conocemos e intervenimos a partir de reclamaciones de particulares. También hay que destacar que existen asuntos que no nos competen, como los bordillos de acceso a portales y bares, y la gente nos reclama». Sin embargo, los técnicos del departamento responden a aquellos discapacitados físicos que viven en barrios altos como Arangoiti o Zurbaranbarri. «Hay casos en los que, pensamos, la combinación de rampas mecánicas y un servicio de autobús es suficiente. No es un asunto de dinero, sólo que planteamos soluciones de accesibilidad que se complementen».
Parcelas y plataformas
El Ayuntamiento apuesta por las acciones que se están llevando a cabo en la villa, pero en el seno de Fekoor surgen quejas. Iñaki asegura que las plazas para gente con movilidad reducida no siempre presentan la posibilidad de conectar con la acera. «En la sede de la coordinadora hay varios aparcamientos adaptados y enfrente un bordillo. Si sales del coche tienes que ir por la carretera hasta llegar al paso de cebra para incorporarte a la acera. Es un riesgo innecesario». Los técnicos municipales defienden el trabajo municipal y asegura que no ha recibido reclamaciones sobre estas parcelas.
En cuanto a la adaptación de los autobuses, el Ayuntamiento ha acondicionado el 92% de la flota. «Hay 140 que están adaptados y 13 que no, pero éstos se encuentran en las cocheras y son de repuesto», señalan fuentes el Consistorio. Estos vehículos presentan «un piso bajo y sin escalones» para que puedan ser incorporados los carritos de niños y disponen de una plataforma «para gente con movilidad reducida que necesita el impulso mecánico de este aparato». Jagoba conduce una silla de ruedas y denuncia que «hace unos días un conductor se negó a activarla». Un contratiempo que, a veces, entra en el terreno de las malas formas. «Tengo constancia de que hay plataformas que no funcionan», afirma Iñaki.
Los taxis son otro medio de transporte en el que se ha invertido para que la gente con problemas de movilidad pueda utilizarlos. De momento, sólo 27 coches incorporan la rampa de acceso al vehículo. «Desde 2005, después de alcanzar un acuerdo con el Ministerio de Asuntos Sociales y la Once, ofrecemos una subvención de 6.000 euros para instalar el material necesario, aunque hay reticencias en el sector», explican en el Ayuntamiento. Una situación que, según miembros de Fekoor, demuestra que «la concienciación sobre nuestros derechos todavía no es la suficiente».
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