El ruido puede llegar a convertirse en el vecino más molesto. Bien lo saben, porque lo han sufrido durante cinco años, Bittor Izaola y María Ángeles González, un matrimonio de Etxebarri. La pareja habita un primer piso de la Avenida San Antonio y su pesadilla comenzó en 2002, cuando un bar abrió sus puertas en los bajos del edificio. Entonces, la música y el ruido ambiente se instalaron como incómodos inquilinos en su hogar. Comenzaron su periplo para exigir soluciones: la Policía, el Ayuntamiento, los jueces...
Tras cinco años de pelea, en 2007 lograron que el Consistorio de Etxebarri obligara a los dueños a insonorizar el local. Ahora, con el problema de ruidos ya solucionado tras las obras que se hicieron por mandato municipal, ha llegado también la respuesta de la justicia. Les da la razón y condena a los dueños del establecimiento a pagarles 9.300 euros de indemnización por los «daños morales» ocasionados.
La jueza encargada de este caso desglosa el montante de esta indemnización en varios capítulos. 248 euros por el gasto en medicamentos y cursos de relajación, 662 de la factura de una empresa por realizar una medición acústica y los 8.353 euros restantes en compensación por los daños morales.
En la justificación del fallo, la sentencia señala que las «inmisiones acústicas superiores a los niveles de tolerancia» constituyen en sí mismas un daño moral indemnizable por «el desasosiego, sufrimiento e incomodidad que originan y la merma de calidad que suponen».
La magistrada recuerda que durante todos estos años se han registrado múltiples denuncias por parte de esta pareja a la Policía Municipal a causa del ruido. Tanto los agentes como la empresa especializada contratada por el matrimonio realizaron mediciones que confirmaron que estaban por encima de los límites marcados por la legislación, 70 decibelios.
«Nos dieron la espalda»
«Los requerimientos para que se tomaran medidas se prolongaron durante cinco años de manera continua, por lo que queda acreditada la falta de diligencia de los responsables del bar para evitar que los ruidos llegaran a la vivienda», recoge la sentencia. Además, matiza que, aunque el local se reformó y se insonorizó en 2007, ha habido otras dos denuncias posteriores por esta misma causa.
Ya han pasado varios años y a los demandantes la sentencia les sabe a victoria moral. «Ha sido un sinvivir, porque nos dieron la espalda muchos de nuestros vecinos y tampoco nos sentimos apoyados por el Ayuntamiento. Al contrario, todo eran impedimentos y parecía que éramos nosotros los que infringíamos la ley», se duele la pareja, que llegó a colocar carteles de denuncia en sus ventanas.
Admiten que en algunos momentos pensaron en tirar la toalla, pero la situación se volvió insostenible. «Hasta que no sufres esos niveles de ruido no te das cuenta de lo insoportable que llega a ser», señalan. Aunque se felicitan por el respaldo judicial, la sentencia les ha salido 'cara'. «Nos hemos tenido que quedar sin vacaciones y sin algún capricho por pagar de nuestro bolsillo una medición o al abogado, pero ha merecido la pena», concluyen. Ahora animan a denunciar a otros vecinos que sufran el mismo problema que ellos. «Se trata de que respeten tu derecho a vivir con tranquilidad».