Gurokela lleva meses en la cuerda floja. Más de 900.000 euros de pérdidas les abocaron a declararse en suspensión de pagos a finales de julio y ahora afrontan la segunda reestructuración de la empresa en menos de un año. Un nuevo modelo que además pasa por que los socios aprueben afrontar una ampliación de capital de un millón de euros.
Pero Gurokela es más que el matadero de Bilbao, que ha centrado todas las miradas desde hace un mes. El grupo lo forman tres sociedades: Gurokela SL, empresa matriz dedicada a la comercialización y la distribución de carne, integrada por 267 ganaderos y participada por el Gobierno vasco en un 16%; Gurokela 2004 SL, gestora del matadero de Zorroza; y Gurodes SL, gestora de una sala de despiece en la misma planta de Zorroza. Estas dos últimas, participadas mayoritariamente por la matriz, son las que se encuentran en suspensión de pagos, pero la ampliación de capital se plantea en Gurokela SL. «Para solventar la situación financiera hay que actuar en la matriz», explica el director general del grupo, Unai Ibarzabal.
-La crisis de Gurokela se ha interpretado como el fracaso del plan de centralización de mataderos.
-Gurokela no se gestó con ese objetivo. La idea era que los ganaderos se agruparan comercialmente para ganar fuerza y lograr un precio digno para su producción. Agruparse les permite crear estructuras comerciales a las que quizás individualmente no pueden acceder. Además, el modelo se basa en que el productor se dedique exclusivamente a lo suyo, mientras Gurokela defiende sus intereses comerciales. Una empresa integrada por ganaderos es esencial si se quiere mantener la producción local, y esto no tiene nada que ver con la política de mataderos.
-¿Qué ocurrirá con los 276 ganaderos sin la sociedad no reflota?
-Si liquidáramos la sociedad y dejáramos deudas contra esa masa de socios, no tengo ninguna duda de que la inmensa mayoría de las explotaciones desaparecerían.
-¿De qué porcentaje del sector ganadero hablamos?
-Representamos el 50% de la producción de Euskal Okela.
-Y su futuro pasa por que el 26 de septiembre se consume una recapitalización.
-Propondremos aprobar una ampliación de capital de un millón de euros para cubrir las necesidades financieras derivadas de las pérdidas del matadero y la sala de despiece. Queremos cumplir con los compromisos que tenemos con nuestros trabajadores, acreedores... Puede resultar, a simple vista, una inversión alta, pero, si no conseguimos mantener este proyecto, crear uno nuevo va a costar 10 millones, y no podemos permitirnos ese lujo.
«Mensaje contradictorio»
-Pero ¿quién invertirá en un proyecto en ruina?
-Creemos que debe haber tres pilares. Es razonable que parte se suscriba mediante la capitalización de la deuda con las entidades financieras. Estamos en reuniones para ello. Otro esfuerzo deberá hacerlo el ganadero, que, aunque es el auténtico pagano de esta situación, no dudamos de que hará el esfuerzo que le corresponda. Pero la tercera pata debe ser el Gobierno vasco. Tiene que hacer un ejercicio de responsabilidad y el esfuerzo que le corresponde.
-Esa vía parece cerrada. Aseguran que no volverán a invertir en Gurokela.
-Lanzan un mensaje contradictorio. Dicen que no apoyarán a Gurokela, pero a la vez afirman que hay que mantener el máximo numero de mataderos, aunque haya que inyectarles dinero público. A nosotros se nos niega, pero para otros casos no. Si el Gobierno no suscribiera más capital para inyectar liquidez, haría imposible la viabilidad del grupo y un porcentaje altísimo de socios cerrarían sus explotaciones, dejando a los consumidores sin posibilidad de acceder al consumo de carne local.
-Existe un mandato parlamentario para que el Ejecutivo venda su participación en Gurokela.
-La proposición se aprobó, efectivamente, el 18 de octubre de 2006, pero ponía condiciones esenciales a esa salida de la empresa: que queden garantizados la viabilidad del grupo, el mantenimiento del sector y los intereses públicos de socios y consumidores. Es evidente que en este momento no se cumple esa condición. Estoy de acuerdo en que a largo plazo el Gobierno salga progresivamente y la participación vaya a parar al ganadero, ya que así nos moveríamos en un terreno exclusivamente profesional al margen de injerencias políticas y mediáticas. Pero ahora toca apelar a la responsabilidad y apoyar financieramente el proyecto.
-Decía antes que el ganadero está siendo el auténtico pagano. ¿Cómo afrontarán una nueva inversión?
-Tendrá que hacer el esfuerzo que pueda. Las explotaciones no son muy rentables y están en una situación complicada porque los márgenes son muy ajustados. Además, nosotros hemos tratado de cumplir los compromisos con los acreedores y el ganadero no está cobrando en tiempo y forma. Pero el cierre de la sociedad les llevaría a la desaparición.
-Además de recapitalizar la empresa, están inmersos en una nueva reestructuración interna. ¿Habrá despidos?
-No sé si tiene que salir personal, pero hay que cambiar el modelo de gestión para ganar en productividad. No obstante, hay más medidas. Una de las más claras es llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de Bilbao, porque su alquiler de las instalaciones es imposible con los niveles actuales de sacrificio.
-Hace unos meses ya amortizaron puestos de trabajo, internalizaron servicios y lograron ahorrar 200.000 euros de gastos fijos.
-Pero hemos vuelto a perder un 10% de volumen de matanza. Y el problema es que en el futuro seguirá bajando. La cabaña ganadera cada vez es más pequeña, entra más carne de fuera y la matanza va a seguir a la baja.
-Dicen que los mataderos comarcales son rentables.
-Todos los mataderos generan pérdidas, y me atrevo a decir que el de Bilbao no es el menos rentable. El año pasado perdimos 50.000 euros. Tuvimos 173.000 euros de subvención de explotación, una ayuda que se repartió entre todos los mataderos (se inyectaron 500.000 euros en conjunto). Sin ella, tendríamos 225.000 euros de pérdidas. Eso, dividido entre los 12 millones de kilos que sacamos, supone un coste por kilo. Habría que comparar con otros mataderos, que también tienen pérdidas pero sacan menos género. Estoy seguro de que no saldríamos mal parados.