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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Más fútbol

JOSÉ ÁNGEL ZIGANDA. ENTRENADOR DEL XEREZ DEPORTIVO

A una semana de enfrentarse al Athletic, equipo en el que jugó siete años, el técnico navarro habla de su marcha de Osasuna, de la Liga, de su nueva vida en Jerez...

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-El fútbol le ha llevado lejos.
-Porque han primado más las ganas de entrenar que el deseo de quedarme en casa. Tengo un bicho por dentro que me motiva y que me empuja hacia los banquillos.
-Nunca se había alejado tanto de Pamplona y Bilbao, ciudades en las que se formó y consagró como futbolista.
-Llevo un mes y pico fuera, tras 40 años en casa, pero todavía no me ha dado tiempo a pensar ni a valorar lo que supone salir de mi entorno natural. Estoy centrado en la plantilla, en el tema profesional, pero ahora las niñas empiezan el colegio y ahí sí que pueden surgir problemas de índole familiar.
-¿Cómo reaccionaron cuando les dijo que se mudaban a Jerez?
-¡Me preguntaron dónde estaba aquello! Les expliqué que estaba cerca de Zahara, lugar donde solemos veranear, y así les engañé. Mi mujer ya vio que el cuerpo me pedía entrenar y, por ahora, me sigue.
Hasta acabar en Jerez. Una plaza de Primera. El nido del 'Cuco'. Justo lo que quería José Ángel Ziganda. Un banquillo para 'torear' en la élite, aunque sea con un recién ascendido que ni siquiera cuenta con un campo ni instalaciones deportivas propias. No le importó. Ni la corta plantilla que le dio la bienvenida; ni el presupuesto más bajo de la categoría; ni las limitaciones operativas del club. Rechazó el despacho noble de Lezama para ser entrenador y dijo sí al Xerez. Amable y buen conversador, le apasiona su oficio. En los aledaños de Chapín, próximo destino del Athletic (domingo, 13; 21 horas), le aguarda un batallón de jóvenes. Atiende a todos. Autógrafos, fotos, abrazos... «Hay mucha afición en la ciudad», constata satisfecho. Se le ve feliz. Contento. Le apetece hablar del fútbol.
-Tras ser destituido en Osasuna, hizo las maletas y se fue a Estados Unidos durante tres meses. ¿Tan mal estaba?
-Me lo pedía el cuerpo y fue una experiencia fabulosa. Vivía en Pamplona y empezaban las comparaciones -en alusión a Camacho-. Seguía teniendo muchos amigos dentro del club y el día a día se me hacía difícil. Así que me fui a Estados Unidos y empecé desde cero. Me acerqué a la realidad de otro país y me empapé de otra cultura. También hice unos cursos en una universidad que contaba con una escuela de fútbol. Las niñas lo pasaron peor, lejos de la ikastola y sin entender nada, pero con el tiempo aprenderán a valorar lo vivido.
-¿Hasta qué punto le ha cambiado el despido en Osasuna?
-Igual me ha cambiado, pero no me he dado cuenta. Sigo siendo el mismo y pensando que en la vida hay que ir de frente. Reniego de las actitudes egoístas. Lo que hay que buscar siempre es el bien común y nunca el de uno mismo.
-Podía haberse quedado en casa, volver al Athletic, pero se empeñó en entrenar.
-Soy muy cabezón, pero con las cosas que merecen la pena. Quiero trabajar en lo que me gusta y cuando creo en algo voy hasta el final. El cuerpo me pedía entrenar y eso que sufro muchísimo. Perdimos ante el Mallorca y estaba muy quemado. Le di un montón de vueltas a todo, al árbitro, a las expulsiones. Lo pasé mal, fatal, pero pasaron unos días y necesitaba volver.
-¿Así que siempre ha sabido que terminaría en los banquillos?
-Con veinte años ya entrenaba a los chavales. Me saqué rápido todos los carnés porque me gustaba el fútbol y quería encontrar un sentido al juego.
-¿Por eso rechazó la dirección de Lezama cuando el Athletic llamó el pasado mesde junio a sus puertas?
-Quería entrenar y, a partir de ahí, ya no había posibilidades de hacer nada.
-¿El fútbol le equilibra?
-Me equilibra como persona. Impregna mis hormonas y mis células. Hace que me despierte por la mañana con otra mentalidad, con otra disposición, con una sonrisa que se lleva por dentro.
-¿Aceptó la oferta del Xerez sólo porque era de Primera?
-No le voy a engañar: que sea de Primera es importante. Este año no ha habido muchos movimientos en los banquillos y hacerse con un hueco en la élite es difícil. Era algo fundamental para mí.
-En el primer entrenamiento dio los 'buenos días' a sólo doce jugadores. ¿Le entraron ganas de volverse?
-No, porque nadie me ha engañado. Sabía cómo estábamos, con qué presupuesto contábamos y qué instalaciones teníamos. Trabajamos con grandes limitaciones y sé que la Primera es como la Fórmula 1: ganan lo mejores coches. El resto lo pasa mal. Pues nada, habrá que ser ingenioso, creativo y colectivamente fuerte.
-La memoria es muy frágil. Quizá dentro de nada le pedirán que gane al Madrid y que, además, juegue bien.
-Tanto como eso no, pero nos pedirán que nos salvemos. Con un presupuesto de nueve millones de euros, las quinielas que se hacen fuera de Jerez nos sitúan como claros candidatos al descenso. Se habla del Xerez «y dos más». En el fondo nos quitan presión, pero yo me niego a aceptar que estaremos abajo.
-¿Entiende los parámetros en los que se mueve el fútbol actual?
-Lo diré así: lo entiendo, no me gusta y sigo aquí metido. Soy consciente de que es un contrasentido. Lo que pasa es que me gusta mucho el fútbol. Sé que hay mucha falsedad y apariencia, pero el amor que siento por este deporte puede con todo.
-¿Tan falso y superficial es?
-Hay de todo. Muchas veces nos quedamos sólo con los malos ejemplos. El Xerez, por ejemplo, tiene bastantes limitaciones. y cosas muy buenas. La ciudad está detrás del equipo, el ambiente de trabajo es impresionante, los pocos medios que hay se destinan para un bien común. ¿Entonces con qué nos quedamos? ¿Con el mal ejemplo de uno o con la honradez de 22 personas? Yo me quedo con lo segundo.
-El Real Madrid acaba de gastarse casi 250 millones de euros en fichajes. ¿Si los tuviera, haría lo mismo?
-Me resulta imposible ponerme en esa situación. Podríamos hablar ahora de la conveniencia de gastarse 250 millones en cuatro jugadores con la que está cayendo en el país. Pero las cosas tampoco son así. El fútbol mueve muchas cosas: aficionados, socios, medios de comunicación, agencias de viajes, hoteles, restaurantes. ¡Y eso es buenísimo! Que Cristiano Ronaldo venga a Jerez es buenísimo, que vaya a Bilbao es buenísimo. No por el futbolista, sino por todo lo que genera. En épocas de crisis se necesita gente valiente, que sea capaz de invertir y de gastar. Lo ideal, sin embargo, sería que no sólo se invirtiera en el fútbol y en el Real Madrid, sino en todos los ámbitos de la vida.
-Si el banquillo del Madrid quema, ¿a qué temperatura está el del Xerez?
-La temperatura es siempre alta, y la exigencia, máxima. Es muy difícil para el Xerez mantenerse, pero es lo que nos van a exigir. Al Madrid le pedirán ganar la Liga, la 'Champions'. En realidad, la exigencia es la misma, pero a niveles diferentes.
-¿El fútbol es la libertad?
-El jugador debe tener libertad para expresarse, pero dentro de un orden. Mi delantero no bajará al centro del campo para organizar. Debe estar arriba y pegarse con los centrales, inventar, buscar el uno contra uno, imaginar una jugada en una milésima de segundo. Pero siempre al servicio de una idea.
-¿Estamos ante una de las ligas más desequilibradas de los últimos años?
-Probablemente. El año pasado ya vimos una Liga fracturada: los seis de arriba eran inalcanzables. Ahora, el Barcelona y el Madrid estarán bastante por encima de los demás y, luego, habrá otros cuatro equipos a gran distancia del resto. Me da que se formarán unos tres o cuatro grupos diferentes.
-Antes se ha referido a la crisis y a la necesidad de invertir en todos los ámbitos de la vida. ¿Tiene amigos o familiares en el paro?
-Por supuesto. La gente del fútbol somos personas normales y nuestros familiares también se mueren, enferman y van al paro. Tres íntimos amigos míos se han quedado sin trabajo en el último año. Y en mayo le tocó a mi hermana.
-¿El fútbol merece la pena?
-¡Claro! Es un juego colectivo en el que un compañero se sacrifica por el que tiene al lado. Peleas por ti mismo, por tus amigos, por tu familia. Es maravilloso.
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