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Sociedad

23.08.09 -

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FRANCISCO GARCÍA ESCALERO
'El Matamendigos'
Lleva 14 años en Fontcalent, desde que en 1996 un tribunal le absolvió por enajenación mental. Quedó probado que había acabado con la vida de 11 personas -él contó más crímenes-, solitarios, mendigos y marginados como él mismo, que a los 16 años pisó por primera vez un psiquiátrico, que intentó suicidarse varias veces y luce en su cuerpo un revelador tatuaje: «Naciste para sufrir». En el juicio se habló de sus prácticas necrófilas y caníbales. La esquizofrenia y el alcoholismo crónico lo han esquilmado pero parece tranquilo, ajeno al ruido de la locura. «Yo de lo mío no quiero hablar, pero vente un rato conmigo y te cuento», dice mientras pasa su manaza con dulzura por el lomo de un perro labrador. No ha vuelto a ser violento.
ENOL
El Rap de la cárcel
Cumplió 20 años entre las rejas de Fontcalent. Rapea a todas horas. «¿Quieres una de periodistas, de talego, de cotilleos, del director? Te improviso lo que me pidas». Antes de los 18 este asturiano ya había traficado con marihuana, pastillas y cocaína; se iba de fiesta y al volver a casa los demonios de la enfermedad y la droga se aliaban contra él. Amenazas de muerte a toda su familia y más cosas que calla. Pasó cinco meses en la cárcel hasta que los informes médicos dijeron que ése no era su sitio. Le cayeron dos años y nueve meses en el psiquiátrico. «Me imagino el mundo de fuera y escribo sin violencia ni racismo. Maldita droga, maldito vicio... Mi sueño es la música, pero cuando salga de aquí no sé si tendré futuro o llevaré en mi carta de presentación que he estado encerrado en Fontcalent». Dentro es una estrella.
RUBÉN
Viviendo con un machete
A Rubén no le queda rastro aparente de los estragos que le provocó la cocaína. Pasó un año encerrado con un machete en su habitación; lo guardaba debajo de la almohada. «Las voces no me dejaban dormir ni pensar; no podía salir, me perseguían, querían matarme. Sólo veía a mi alrededor enemigos que intentaban acabar conmigo, destruirme». Habla de su enfermedad con desapego y de la droga como si la hubiera tomado otra persona. Sobre su delito y su purgatorio no abre la boca. «Estoy aquí por culpa de las drogas y las voces, aún me quedan unos años». Nada más, Consume las horas aumentando peso en el banco de gimnasia. «Cuando se cierra la celda y se apagan las luces se me viene el mundo encima». Está en el módulo tres, el de la gente más joven y con una buena adaptación al centro.
SALVADOR
Ex policía nacional. Mató a su mujer
Salvador tiene la mirada torva, ausente. No para de dar vueltas por el patio del módulo y de rascarse la barba como un león enjaulado. Volvió a Fontcalent hace sólo una semana, directo al departamento de agudos. Se había marchado en abril con su madre y su hermana, casi recuperado. En 2011 tendría que haber salido definitivamente. Nada recuerda su antigua vida de policía antes de que llegara la enfermedad y las voces, antes de que matara a su mujer y se le prohibiera acercarse a menos de 10 kilómetros a su pueblo. En dos meses ha empeorado mucho, quizás porque nadie ha querido o ha podido obligarle a tomar la medicación. Sus familiares firmaron el compromiso
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