Diego, Maite, Itziar e Iván saben que les espera una noche larga. Pero no les importa: saben que eso es buena señal. Poco antes de las 23 horas aparcan su furgoneta en la trasera del teatro Arriaga, entre las txosnas Kaixo y Kaskagorri, y comienzan a montar el toldo, bajo el que se protegerán durante toda la noche del incesante sirimiri. Es jueves y estarán allí hasta la tres de la madrugada. O más. Este grupo de voluntarios forma parte de Hegoak, una asociación de Barañain (Navarra) que «trata de advertir sobre los riesgos y la consecuencias de tomar drogas», explica Maite Ziganda, su coordinadora. No faltan desde hace tres años. Y lo cierto es que les escuchan.
Tienen un público más que fiel: en una noche pueden pasar por la furgoneta más de 300 personas, 20 de ellas para que les hagan análisis de sustancias «para saber qué se meten». No han acabado de montar el operativo y ya se acercan curiosos para achicharrarles a preguntas. Son las once y ya tienen a un par de jóvenes que quieren ser atendidos. «Yo quiero que me deis un test de alcoholemia», se apresura a pedir uno de ellos mientras coge un folleto informativo. Justo detrás, un matrimonio pide otras dos pruebas. «Hemos bebido algo de kalimotxo y por si acaso...», justifica la mujer. La noche no ha hecho más que empezar.
Media hora después de subir la persiana, la cola ya es de órdago, con esperas que rondan la hora y media para que les hagan un test de sustancias. «¡Hemos pensado hasta en dar número!», bromea Maite, siempre con una sonrisa en la boca y dispuesta a atender a todo el que se acerca. «Somos gente formada para que confíen en nosotros, pero nunca nos posicionamos ni les sermoneamos. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero al menos, que dispongan de la información», explica. También ayuda que todos los voluntarios son jóvenes y, claro, hablan el mismo idioma que los chavales. «No necesitan 'chapas', sino que les escuches. Al principio muchos preguntan a ver si nosotros les damos drogas. Hablamos con ellos un poco y al final te cuentan lo que sienten», asegura satisfecha.
Para conseguir sus objetivos, en Hegoak se sirven de un montón de medios. Hay muchas técnicas. Por ejemplo, grabar cortometrajes informativos. «Además, como nos hemos dado cuenta de que ahora la gente no lee nada, hemos hecho panfletos muy visuales. Se trata de adaptarse a los tiempos», resume.
«No me fío»
Maite no quiere dejar pasar la ocasión y echa por tierra uno de los tópicos que menos justicia hacen a los más jóvenes. «Se dice de ellos que son irresponsables y alocados. No es verdad que les dé igual todo. Aquí en Bilbao se preocupan mucho por conocer las consecuencias de tomar drogas. En general, la gente está muy concienciada», admite. Tan satisfechos están con la aceptación que esperan repetir.
La idea de llevar a cabo esta actividad arrancó hace ya tres años, cuando el área de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Bilbao decidió contratar los servicios de estos profesionales que llevan 15 años al pie del cañón. El objetivo estaba claro: que los jóvenes dispongan de toda la información necesaria para luego elegir. «Suelen venir por igual chicas y chicos, y la media de edad es de unos 23 años. Eso sí, ellas preguntan más por alcohol y porros, y ellos, por la cocaína», detalla la coordinadora.
De pronto, una chavala con una papelina de cocaína en la mano se acerca hasta Maite. Quiere saber cuánto tiene que esperar para que le hagan un análisis de sustancia. Y ya que está, cuenta su historia a todo el que la quiera escuchar. «Tengo 26 años, y a los 13 esnifé mi primera raya. Ahora sólo me meto coca, pero he probado de todo. Vengo para saber si esto que me han vendido es bueno y si lo puedo tomar. No me fío», explica.
Medio minuto más tarde, otra chica entra un poco apurada para que le analicen el tabaco que acaban de venderle en la calle. «Se lo he comprado a una tía y me huele raro, como a pescado. Quiero saber si puedo fumarlo», pregunta preocupada.
¿El truco para que les escuchen? Nada de broncas ni decirles que no lo hagan. Ése es el secreto del éxito de este equipo, que trabaja con la mayor de las ilusiones. «Les decimos que no pueden ligar, no sólo que no pueden conducir. Se trata de que cada uno conozca también su cuerpo y sus límites», detalla Maite.
Un anzuelo
Diego Dúo, responsable del área de intervención de Hegoak, es el encargado de hacer los tan solicitados análisis de sustancias. A todo el que quiere, le pasa a una salita, cierra la puerta y se ponen a charlar. Por supuesto, también les hace los tests, que «son una herramienta de relación». «En realidad, no es más que un anzuelo porque en 30 segundos tienes los resultados, pero las visitas duran un cuarto de hora. Ya que están hablan, se expresan, te cuentan...», detalla el profesional. «Identificamos qué sustancias tiene lo que nos traen, los componentes, pero es complicado decir los porcentajes. Y más de uno con el resultado que le ha salido, ha tirado la droga y no lo ha consumido», asegura.
Dúo defiende lo respetuosa y amable que es la gente que va a solicitar sus servicios. Aunque siempre hay excepciones. «Algunos que van muy pasados a veces sí que se ponen a vacilar. Eso sorprende porque pienso: 'Joder, tío, te doy un servicio y no te cobro'. No entiendo esas actitudes. Eso sí, miedo nunca he pasado», confiesa.
'Tú decides' es el lema que este equipo pone en práctica cada vez que alguien lo necesita. «Cada uno tiene que controlarse a sí mismo. Los demás no lo podemos hacer por ellos», defiende el equipo al completo. Al menos, que no sea por falta de información.